CONVENENCIERO
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La relación sentimental la encerramos en un lugar sin valor, de mirada extraviada donde se conceden caricias a cambio de algo burdo. Nada se guarda para mañana, se consume al instante, se arregla la caricia convenenciera en un instante de empatía y poca sensatez. Los filósofos la llaman frivolidad, lo cotidiano se expresa en me siento solo. La relación es bullicio, ruido exterior donde nadie escucha a nadie en lo interior, se corre sin parar, se va a la cama con desconocidos y tras el final de lo placentero, regresa el silencio sin culpa, ese que no escucha el sentimiento al que llaman felicidad fugaz.
> Cala a quien es romántico, lo acompleja al no encontrarse a tono con la
nueva circunstancia insulsa que considera un instante placentero confundido con
enamoramiento. Los demonios se soltaron, el amor dejo de ser en serio, se
volvió egoísta con la esperanza que no tenga repercusión alguna después del
acto físico. El romántico aburre, se mira como juguete fuera de época. El sentimiento
se niega por el obsesivo placer de aquel que no quiere otra cosa que pasar el
rato, entre copas, camas, polvos blancos, yerba verde. Se sufre ante la
incertidumbre de sentirse solo sin amor y con placeres que no llenan, se camina
a ninguna parte, se regresa por la misma vereda en ese viaje que no conduce a
nada.
Al amor le falta delicadeza de quien lo siente. El ser humano sufre su
propia soledad más de lo que se lo imagina y no quiere reconocer, porque no
entiende lo que le sucede, no ama a quien lo ama y al final corre a recluirse
en su caparazón para vivir su soledad. La humanidad ha perdido su integridad en
dar amor, su solvencia moral está en quiebra y en el fondo de su alma sabe que
la relación frívola no vale un cacahuate o nada.
El auto engaño para comprender la felicidad persiguiéndola mediante la
acumulación de bienes o subir en la jerarquía del trabajo, no es más que claro
ejemplo del nivel de insatisfacción que se padece. Un ser humano que dejo de
seguir los dictados morales respaldando su culpa con ironía de que es mucho más
feliz que los acumuladores de riqueza a quienes cataloga como pobres en
sentimientos y miserables en dar amor ¿Tiene sentido, está en lo cierto? Queda
una amplia brecha sobre moral, egoísmo, interpretación.
Perseguir la riqueza a costa de la propia salud mental es inmoral al corromper
la mente pero esto es lo que actualmente se aplaude, del sistema mental que se
depende ¿Tiene sentido, el amor comercial? Se mutilo lo romántico llegando al
mal del consumo donde enamorarse es indiferente ¿Se obtiene lo que la persona
desea o es la falsa moda? El viento sopla fuerte para tumbar toda barrera
sentimental y se preparan las generaciones venideras a sufrir su esencia sin
dignidad ya que los vientos van eliminado todo para suplir amor por riqueza
material, justificar la corrupción del acto sexual, comprometer una expectativa
de logro sin importar los medios. Pobreza extrema en amor, valor moral
modificado.
A la persona digna, virtuosa, desarrollada moralmente no le importaría la
pobreza en su opinión buscaría la felicidad a través de la empatía en
sentimientos lo que implicaría auto descubrirse. El amor, no es ambicioso, se
dedica a observar, admirar, fantasear con la persona que ama. Hace lo que puede
con sus propios recursos sin comprometer su dignidad, se siente tranquilo
consigo mismo porque nada lo limita a disfrutar la fantasía de su vida al lado
de la persona que ama, su riqueza es compartir sentimientos. El placer comprado
se confunde con amor y termina frustrando, fatiga, enferma. El ambicioso compra
cuerpo para llenar su fantasía lujuriosa pero al volver a la realidad se
frustra al darse cuenta que no es lo que aspiraba, sus expectativas se ven
vacías.
La comodidad la ofrece la tranquilidad, se sufre cuando se ambiciona con falta
de méritos. El que compra amor, lo ambiciona, se odia, se desprecia y obsequia
lo que no ocupa, sacrifica sus sentimientos y toma lo que este a su alcance. El
amor no se basa en la vanidad, en el intento de asegurar bienes futuros sino en
la riqueza espiritual la que surge del esfuerzo mutuo, la que significa empatía
sentimental al costo del problema que se presente. El amor se edifica, protege,
no se compra.
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