ESTRELLAS EN El CERRO DE LA MESA
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Es una noche tranquila, las estrellas brillan en el firmamento, la suave brisa refresca mi rostro mientras me encuentro tendido sobre el pasto. Observo la inmensidad de esa bóveda celeste y la pequeñez del ser humano. Las estrellas se miran quietas, cada una con su brillo especial. La noche es serena en una noche tranquila. ¿Cuántos me envidiarían? Si estuvieran en este instante recostados en medio de la mesa a un lado de la estatua a Jesús Cristo.
¿Cuántos celos desatados en las luces de las casas loma abajo? A veces me pregunto ¿Por qué las personas, nos parecemos tanto y a la vez somos tan distintas? Unas tranquilas y su contra parte arrebatadas, otras celosas, con envidias, egoísmos, soberbia. Personas que son pacientes y entregan lo que necesitan a los que consideran lo ocupan.- ¿Por qué somos iguales en apariencia y no en sentimientos?
- Si, cada alma fuera una estrella, si cada persona que muere se convirtiera en estrella, tampoco podríamos ser idénticos ¿Quién decide la trayectoria de una estrella, quien la del humano? Mi pensamiento aunque es poético, no deja en tener razón con nuestros sueños, ilusiones en la cabeza.
Divago mirando las estrellas y a la vez envió la mente a las calles del pueblo, para observar los rostros caminando sin mirar el cielo y sus estrellas ¿Por qué han dejado de admirar esta belleza? Los seres humanos muy ¿Tan semejantes y distintos? cargados de envidias, enojos y rencores. Esas son nuestras emociones que se escapan y dejamos en gritar con alegría.
Sacar los suspiros que con nostalgia soltaban los enamorados cuando prometían bajarle una estrella a su amada y gracias a que jamás lo pudo hacer, ahora yo disfruto en el firmamento de ellas. Desde hace dos noches, mientras estoy a punto de dormir en mi casa por la calle libertad he estado queriendo escribir unas cuantas líneas para expresar la felicidad que siento cuando vengo a esta mundo lleno de sabiduría y en el silencio lo disfruto mientras la población duerme.
En la mañana recorrí un camino de árboles frondosos quienes me daban el aliento de sus vientos con el canto de los pájaros. La idea de escribir vagaba por mi mente. Al principio me dije, se me pasara cuando me encuentre a solas en la casa y el encierro me empujara al sueño. Luego la quietud de la noche me ha hecho pensar dándome la orden de “Hazlo, no te vas arrepentir” Ese hazlo venía desde muy dentro del alma y era difícil el negarse.
Al inicio todo era confuso ya estando frente a la libreta y la verdad es que de tanto escribir en computadora me di cuenta que con la pluma en mano me cansaba los dedos pero debía aguantar y tolerar lo que había dejado en el pasado. Por principio me dije-, escribiré la historia de las que recuerdo con cariño y fueron mis amigas en estas calles del pueblo, luego dije-, ¡No!
Entierra esos recuerdos, porque en verdad, ni sus nombres puedes escribir al tener a otra persona a su lado, eso sería una ofensa, por lo que es mejor que bloques tu mente y no menciones sus nombres. Hasta me rio en imaginar lo que era en un principio de los años idos, de aquella hermosa juventud que todos adorábamos, pero es verdad, aquí estoy recostado sobre el pasto mirando las mismas estrellas que en aquellos años admiraba.
Es extraño, ellas no se han ido, permanecen en el mismo horizonte. A la misma distancia, nosotros por las circunstancias alejados.- Nos separamos y ya nada nos podrá juntar. Por eso es sano poner los pies sobre la tierra a pesar de que aquellas amigas eran especiales y no hay duda en que su belleza juvenil las hacia brillar como estrellas. No estoy seguro y es una lástima que cualquiera de ellas no tuviera hijas o nietas que las sustituyeran.
Al caminar por las calles del pueblo pude darme cuenta que hay una larga fila de chiquillas llamadas a ser las futuras estrellas y por mi parte me he dedicado a mirar la bóveda celeste, tenía rato que no me daba un tiempo igual. Por hoy fue la mejor opción, pude cambiar de aires y sin presiones me he dado la oportunidad en observar el cielo y recordar los antiguos sueños.
- Acordarme es hermoso, no lo niego, me hacen sentir como el primer día que tuve la necesidad de mirar una mujer y en esa curiosidad broto de pronto el miedo por acercarme-, eran nervios en ser rechazado y si bien a lo lejano puedo pensar que es exagerado, pero así era mi malestar y la necesidad de hablarle.
Miro el cielo y sus estrellas acostado en mi tierra prometida ¡El inmenso cielo estrellado, es lo mejor que el pueblo puede regalarte! Después de mucho escribir, llego al mismo punto de partida: No logro aterrizar mi idea. Por un lado está el deseo de arriesgarme a ir contra lo tradicional y ver que contesta una estrella, aunque cada vez me convenzo más de que sólo se quedara mirando divertida la pequeñez del humano y diciendo: ¿En serio creíste que era eso? Tal vez no con esa forma, pero si con ese fondo.
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