ANÉCDOTA
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Por casualidades de la vida y por las
impertinencias que causan las burbujas de la cerveza en la cabeza, me encontré
alegremente conversando con los novios, explicándoles que estar enamorados no
era suficiente razón o motivo como para querer casarse, el enamoramiento es muy
bueno para las hormonas, dije, pero desastroso en nuestras neuronas; las
primeras controlan nuestro cuerpo de la cintura hacia abajo; las segundas,
controlan nuestro cerebro, haciendo casi imposible que una relación tan bien
intencionada como lo es el matrimonio, tenga una mínima posibilidad de éxito.
Saludable
sería el entender antes de casarnos que el enamoramiento es hormonal, variable
y pasajero. Sólo el amor es real y para que éste ocurra hay que trabajar duro
como pareja, que hay que trabajar, y este trabajo es y puede ser la experiencia
más horrible que exista en la vida de una mujer o la aventura más grande y
profunda que exista en la vida de un hombre y viceversa. Los padres del novio
comenzaron a mirarme mal, con la misma mirada que le dieron a los troyanos,
Priamo y Eneas.
Amenazaron
con cortarme todo suministro de cerveza si no dejaba de hablar. Entrando en mesura
y recordando refranes opte "Es de bien nacido ser agradecido"
"No hay luna más clara que la de enero, ni amor que quieras tanto como el
primero" "El que con sus propias manos se capa, buenos cojones se
deja" "Espera lo mejor, pero prepárate para lo peor".
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