viernes, 30 de junio de 2023

 

DEMONIOS OCULTOS

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Siempre he pensado que atrás de cada uno de nosotros existe algo oculto, algo que nos persigue, nos acosa y que esconde todas aquellas cosas de las cuales nos avergonzamos. Siempre atrás esta el velo de lo oculto sobre esos secretos que deseamos no salgan a la luz y no deseamos que nadie ¡Absolutamente nadie! Ni siquiera la conciencia se atreva a traerlos al presente. Son secretos reprimidos o aplicados en un momento en nuestra vida de esa parte salvaje que no termina por abandonarnos y renegamos creyendo tenerla olvidada para siempre en un rincón del alma. Ahí, está oculto lo negro de la vida, las cosas de las cuales nos avergonzarnos, las que jamás sacaremos o de las cuales nosotros mismos nos escandalizamos.

 Un consciente que lo tratamos como si fuera ajeno Inconsciente solo que está cargado de la parte negativa que es imborrable, la mancha, la que repudiamos y exaltamos en una etapa etílica Adorándola No sabemos hasta dónde puede llegar, exactamente el porqué no se marcha para siempre y nos deja vivir en paz, pero esta presta a recordarnos que es parte de nuestro consciente que escondemos en un inconsciente siempre presente El lado desconocido de las demás personas que se opone a que nos conozcan realmente como somos.


Ahí, en ese rincón metemos todo lo que no deseamos sea de dominio público, y que ahí cabe casi todo lo que queramos meter, y que es el lado desconocido de nosotros que se opone a nuestra integridad moral, que es la parte más salvaje y paridora de las sanas costumbres, que es el instinto animal reprimido que sale en los momentos más inesperados, y renegamos de ella. Muchos espacios para guardar sinvergüenzadas en un solo cerebro y creó que cada espacio está destinado inconscientemente para servir de banco sentimental que oculta lo que quiere y en cada acto acomoda lo que desea en función de que lo va a necesitar con cierta frecuencia. Son sentimientos que pueden ser claros o no tan claros que servirían para conocernos pero los escondemos en busca de no encontrarnos con nuestro verdadero ser humano y esto nos lleva a querer explicar mediante palabras lo que no podemos hacer mediante actos.

En la vida nos enseñan a pensar en blanco y negro, en bueno y malo sin término medio o múltiples resultados existentes por eso siempre andamos buscando según nosotros el término medio que nos sirva de justificante aunque lo veamos distante de los deseos amarrones nunca armoniosos mucho menos morales. Los lados oscuros de la mente, el alma, lo sano o su punto de equilibrio que desconocemos pero creemos interpretar o suponer que así, es. Olvidamos que nada es todo y todo es nada, es decir que la matemáticas nunca es exacta, sino que es un punto de referencia que nos acerca, pero no nos aproxima y la usamos para justificar el suponer nos movemos con soltura en busca de que la justificación sea lo más cercana a la totalidad social
Realidad inexistente, pero justificante, porque es en ese espacio donde uno puede estar bien, y en el que se debe instalarse con moral y cada cachivache criticable en materia de vida moral, para sacar lo que creemos que somos en el lugar y las circunstancias requeridas, si así, es requerido.

No hay acto moral absoluto que valga para cada ser humano y no se requiere conocer el calor para después decir que por culpa del calor se sacaron los instintos, ya que hay que saber que es calor y que es deseo oculto, circunstancia propicia, mezclar lo caliente con lo frio para templar el entendimiento y sus límites permitidos, saber sacar la mezcla entre lo oculto y lo claro. Sabemos que no podemos ser fríos en una relación sentimental muy caliente, muy cercana a los instintos, ni templados a los deseos sin límite dentro del alma, pero si son sacados abruptamente también sabemos que hacemos daño y que por lo tanto los extremos se juntan y ante esto lo mejor es conocernos, aceptarnos para utilizar los controles que sean requeridos desde lo más profundo del ser ¿Tan grave es? Es esa parte que criticamos en los otros y llamamos aberrante, que gritamos sea castigado con todo el peso de la ley, son esos pensamientos que no queremos aceptar como propios y que sin embargo nos acompañan a través de generaciones mediante los genes.

Podría llamar la faceta oculta de la cual partimos, la desconocida molécula que nos nutrió genéticamente y que deseamos ocultarla o negarla como propia de nuestros instintos. En esa está impregnado el odio, el rencor, el deseo insano, impuro que callamos los seres humanos y que lo ocultamos mientras podemos porque son actitudes que desconocemos el hasta donde podría llegar si los saco a la luz pública. Ese lado oscuro del alma nos hace desconfiados, nos nutre de odio reprimido, a todas esas cosas que desconocemos o no queremos averiguar, en contraposición a las que sí mostramos porque sí nos gustan y sí las permitimos que brillen a la luz.

El alma nos enseña a tapar la parte negra de la conciencia pero sabemos que va unida a los deseos y que es inseparable, pero tenemos que negarla, dejarla escondida, que no se asome, que menos salga y que si hay necesidad de sacar una parte de la misma de lo que realmente somos con lo más elevado de nuestras miserias
Justificarla Lo oculto es lo rastrero, lo esperanzador en cambiar, la necesidad insatisfecha, lo dramático en un enfrentamiento entre deseo y la moral social, porque el deseo es deseo y su correspondencia es la satisfacción. Los seres humanos somos la suma de las cosas que llevamos impregnadas en el alma, somos sombra y luz de generaciones anteriores, somos tiranos, charlatanes en deseos, inseguros y demonios rapantes. Todos somos así, y así estamos hechos. Todos tenemos el honorable derecho de ir descubriendo tanto las facetas agradables como aquellas de las que renegamos, aceptando que en este momento están en nosotros y somos nosotros, y aceptando que en este momento somos lo que somos y no lo que nos gustaría ser, gracias a los demonios de los cuales somos parte a través de todas las generaciones a las que pertenecemos.

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