DEMONIOS OCULTOS
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Un consciente que lo tratamos como si fuera ajeno “Inconsciente” solo que está cargado de la parte negativa que es imborrable, la mancha, la que repudiamos y exaltamos en una etapa etílica “Adorándola” No sabemos hasta dónde puede llegar, exactamente el porqué no se marcha para siempre y nos deja vivir en paz, pero esta presta a recordarnos que es parte de nuestro consciente que escondemos en un inconsciente siempre presente “El lado desconocido de las demás personas que se opone a que nos conozcan realmente como somos”.
Ahí, en ese rincón metemos todo lo que no
deseamos sea de dominio público, y que ahí cabe casi todo lo que queramos
meter, y que es el lado desconocido de nosotros que se opone a nuestra
integridad moral, que es la parte más salvaje y paridora de las sanas
costumbres, que es el instinto animal reprimido que sale en los momentos más
inesperados, y renegamos de ella. Muchos espacios para guardar sinvergüenzadas
en un solo cerebro y creó que cada espacio está destinado inconscientemente
para servir de banco sentimental que oculta lo que quiere y en cada acto
acomoda lo que desea en función de que lo va a necesitar con cierta frecuencia.
Son sentimientos que pueden ser claros o no tan claros que servirían para
conocernos pero los escondemos en busca de no encontrarnos con nuestro
verdadero ser humano y esto nos lleva a querer explicar mediante palabras lo
que no podemos hacer mediante actos.
En la vida nos enseñan a pensar en blanco y
negro, en bueno y malo sin término medio o múltiples resultados existentes por
eso siempre andamos buscando según nosotros el término medio que nos sirva de
justificante aunque lo veamos distante de los deseos amarrones nunca armoniosos
mucho menos morales. Los lados oscuros de la mente, el alma, lo sano o su punto
de equilibrio que desconocemos pero creemos interpretar o suponer que así, es.
Olvidamos que nada es todo y todo es nada, es decir que la matemáticas nunca es
exacta, sino que es un punto de referencia que nos acerca, pero no nos aproxima
y la usamos para justificar el suponer nos movemos con soltura en busca de que
la justificación sea lo más cercana a la totalidad social “Realidad inexistente,
pero justificante”, porque es en ese espacio donde uno puede estar bien, y en
el que se debe instalarse con moral y cada cachivache criticable en materia de
vida moral, para sacar lo que creemos que somos en el lugar y las
circunstancias requeridas, si así, es requerido.
No hay acto moral absoluto que valga para cada
ser humano y no se requiere conocer el calor para después decir que por culpa
del calor se sacaron los instintos, ya que hay que saber que es calor y que es
deseo oculto, circunstancia propicia, mezclar lo caliente con lo frio para
templar el entendimiento y sus límites permitidos, saber sacar la mezcla entre
lo oculto y lo claro. Sabemos que no podemos ser fríos en una relación
sentimental muy caliente, muy cercana a los instintos, ni templados a los
deseos sin límite dentro del alma, pero si son sacados abruptamente también
sabemos que hacemos daño y que por lo tanto los extremos se juntan y ante esto
lo mejor es conocernos, aceptarnos para utilizar los controles que sean
requeridos desde lo más profundo del ser ¿Tan grave es? Es esa parte que
criticamos en los otros y llamamos aberrante, que gritamos sea castigado con
todo el peso de la ley, son esos pensamientos que no queremos aceptar como
propios y que sin embargo nos acompañan a través de generaciones mediante los
genes.
Podría llamar la faceta oculta de la cual
partimos, la desconocida molécula que nos nutrió genéticamente y que deseamos
ocultarla o negarla como propia de nuestros instintos. En esa está impregnado
el odio, el rencor, el deseo insano, impuro que callamos los seres humanos y
que lo ocultamos mientras podemos porque son actitudes que desconocemos el
hasta donde podría llegar si los saco a la luz pública. Ese lado oscuro del
alma nos hace desconfiados, nos nutre de odio reprimido, a todas esas cosas que
desconocemos o no queremos averiguar, en contraposición a las que sí mostramos
porque sí nos gustan y sí las permitimos que brillen a la luz.
El alma nos enseña a tapar la parte negra de la
conciencia pero sabemos que va unida a los deseos y que es inseparable, pero
tenemos que negarla, dejarla escondida, que no se asome, que menos salga y que
si hay necesidad de sacar una parte de la misma de lo que realmente somos con
lo más elevado de nuestras miserias “Justificarla” Lo oculto es lo
rastrero, lo esperanzador en cambiar, la necesidad insatisfecha, lo dramático
en un enfrentamiento entre deseo y la moral social, porque el deseo es deseo y
su correspondencia es la satisfacción. Los seres humanos somos la suma de las
cosas que llevamos impregnadas en el alma, somos sombra y luz de generaciones
anteriores, somos tiranos, charlatanes en deseos, inseguros y demonios
rapantes. Todos somos así, y así estamos hechos. Todos tenemos el honorable
derecho de ir descubriendo tanto las facetas agradables como aquellas de las
que renegamos, aceptando que en este momento están en nosotros y somos
nosotros, y aceptando que en este momento somos lo que somos y no lo que nos
gustaría ser, gracias a los demonios de los cuales somos parte a través de
todas las generaciones a las que pertenecemos.
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