TRAVESURAS DE AMOR
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en Desarrollo humano
FESC- Universidad Nacional Autónoma de México
El juego del amor es largo, se juega a ganar y se sale
trasquilado como en ningún otro juego. Ya en posición de persona madura nos
damos cuenta de este juego, la crianza de los hijos, lo que queríamos y el
mundo que construimos. El antiguo juego lo convertimos en realidad, lo
diseñamos a nuestro entender y arrastramos las ideas escondiendo en lo profundo
el recuerdo aquel para que nadie logre asomarse. Este es nuestro mundo, en lo
que nos convertimos, la manera en la que teníamos pensando, los sentimientos
que comprometimos y el lienzo que terminamos en pintar para que la vida, el
amor nos siga importando.
> Todos tenemos un ayer que callamos, una caja de
resonancia interior que guarda los recibos no pagados o pendientes por abonar. Atrás
existe un nombre oculto, una persona dejada en el camino que en su momento
significo mucho y hasta necesaria pero que por alguna razón nos despojamos de
su presencia y aún mantenemos los fragmentos incrustados en la esencia del
alma.- Todos, he dicho, no solamente yo ¿Quién lo niegue? ¡Miente!
La lujuria es desliz y el amor no es lujuria, aunque ambos
nos lleven a cometer locuras, incluso jurar que amamos como si la lujuria fuera
absoluta o compatible con el amor. Por supuesto que se relacionan y en su
momento de apremio se confunden, pero en realidad son dos acciones distintas,
enredadas entre enamoramiento, lujuria pasional y amor. Al estar revueltas o juntas nos vuelven locos,
inestables, celosos.
La persona se casa y oficialmente encierra con doble llave su
pasado, ¡Ya no puede tocarse abiertamente! sin el riesgo de molestar a la
pareja con la que se contrae el compromiso. No se puede callar que todos nos
enamoramos de la niña (o) en primaria, la joven en secundaria, la muchacha en
bachillerato o profesional y de cada una nos queda marcado un recuerdo, un
aprendizaje. Hay que reconocer que con ¿Ellas? vamos de la gloria al infierno,
de la lujuria al respeto, del fuego a las cenizas, del amor sencillo al
verdadero, del agarrarle la mano con ese miedo de principiante al compromiso de
la relación.
El fuego, sus dramas, molestias, agarres son parte de esa
ecuación cuya matriz no quiere aterrizar en las emociones que bajan y se
apoderan de los instintos generadores de intranquilidad. Al paso de los años el
recuerdo vuelve (Situaciones, instantes vividos), nos lleva a razonar en
silencio lo que dejamos atrás, ¿Si es conveniente el mencionarlo? e incluso
valorar si existió amor, deseo carnal o atracción amorosa. Ese encanto se
guarda en el silencio del alma y obliga a callar, aunque pensemos en
situaciones anteriores. ¿Podríamos estar recordando con lujuria, al no lograr
el cometido? O estábamos enredados en el amor, pero éramos inestables,
inmaduros, locos, celosos. ¡Quién no mira atrás, no ha vivido! El mirar
intimida, sonroja, sella la boca para callar esos instantes, amores o lujurias.
Cuando joven vemos a la primera, segunda, tercera novia (o)
hermosa de pies a cabeza, sin defectos, nos quedamos con la boca abierta en
solo verla sonreír saboreando que esté con nosotros, nos toque, platique, bese,
nos cante por la noche (Si, le llevabas serenata, hasta los sapos se veían
divinos). - Fantasía, ilusión, enamoramiento. Se buscaba las similitudes,
pensábamos en el futuro a su lado y asegurábamos que era lo que más queríamos
en el mundo mientras la (o) besábamos "Nadie nos querría como ella"
Eran ilusiones, fantasías que volaban sin freno y que al paso de los años
terminamos en realidad.
Ella nos quería, nosotros más que ella, lo único que nos
hacía felices estaba en estar cerca, agarrados de mano (Mano sudada), el sexo
no estaba permitido, solo hablar, charlar, pasar el rato, ir a misa
acompañándola, ir al cine y en la oscuridad darle besos. - Si, el galán de la
película besaba a la artista nosotros como badajo de campana lo repetíamos (Con
chicle, lengua).
Llegaba el final de la película y cada quien, para su casa,
eso significaba que la relación se mantenía en la oscuridad del cine sobre todo
cuando se tenía poco tiempo de noviazgo pero la verdad el amor y la lujuria se
hacían presentes haciéndonos volver al cine en busca de una intimidad
silenciosa. Le tomabas la mano y el cuerpo se reconfortaba de placer. Se
terminaban las vacaciones y ambos tenían que marcharse al lugar en donde
estudiaban, se desmoronaba ese mundo de encanto ya no estaba en las calles,
solo cartas, era agotador el saber que se podía perder cuando ella encontrara
otra persona en ese otro lugar.
A todos nos ha pasado y hemos sido testigos de que el amor si
bien es cierto está lleno de gratificaciones también lo está en desesperación,
preocupaciones que no deja dormir a gusto. Es una punzada que acompaña el no
ver a la persona que se ama, que se marcha porque es lo correcto para ambos
pero que patea el estómago, se maldice en silencio y se extrañan los instantes
en aquel cine con sus películas en vacaciones.
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