QUIERE
A TU PERRO, COMO A TI MISMO
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Nuestra
ideología antropocéntrica nos coloca en el mundo como dueños y señores de todo
cuanto nos rodea, un sistema de valores que ve a los animales como simples
objetos a nuestra disposición, pasando por alto la evidencia de que nosotros
también somos animales. Porque sí, tú que lees estás primeras líneas, mujer u
hombre, blanca o negro, creyente o ateo, tú también eres un animal.
Como
ya apuntó Gandhi el trato que reciben los animales en una sociedad dada es un
buen indicador de su madurez moral y de su desarrollo ético. “¡Ah!…” –dirán
algunos de los lectores– “pero un perro no es un ser humano…” ¿Y qué? Lo
verdaderamente esencial es que se trata de un ser sensible, con sentimientos, y
según los expertos en la materia con la inteligencia de un niño de dos años.
Además, la violencia es siempre violencia, y aquel que se ensaña con el más
débil es un ser despreciable. Doy por hecho que una persona que es capaz de
matar a un perro a golpes pegará a su mujer y a sus hijos e insultará a sus vecinas
en cualquier reyerta de encuentro. Quien no demuestra empatía por la vida en
ninguna de sus manifestaciones sin duda no la valora ni la defiende. Pero la
sociedad que está cambiando, y que por fortuna es hoy mucho más sensible hacia
el sufrimiento de los animales de lo que lo era hace apenas diez años.
Muchos
pensarán que para no maltratar a un animal es suficiente con dejarlo arriba de
un techo y hacerle una casita en donde duerma, o con darles de comer de vez en
cuando. Pero los animales, en particular los llamados domésticos, son una
responsabilidad y son el reflejo de la crueldad que llevamos dentro. Los padres
somos muy dados a regalar un perrito u otro animalito para que el hijo se
divierta y dejamos de pensar en lo irracional que somos ya que el animalito
termina mutilado o muerto a manos del hijo pequeño.
Cuando la perra tiene hijos y no tenemos quien
se quede con ellos, terminamos subiéndolos al carro y los abandonamos en la
primer carretera que este cerca de donde vivimos pensando que total esos
animalitos no razonan y nos son molestos en casa “ No entienden, no sienten…
son animales” Es triste la decadencia en la que cayó el ser humano, las leyes
que los protegen no dejan de ser solo leyes en papel bien redactadas y terminan
por ser advertencias sin que se llegue a ningún castigo con los seres humanos
que se pasan de crueles con ellos. Los perritos van a parar a los lotes
baldíos, basureros o están encerrados y encadenados sin agua, comida, llenos de
sarna, pulgas, garrapatas, sin asistencia alguna, los animales están expuestos
a toda especie de agresión y violencia, como envenenamientos, golpes y muerte.
“Los envenenan con vidrios en un pedazo de carne” o les ponen raticidas. La ley
sigue siendo la ley pero no hay quien la cumpla.
Las
mascotas son adquiridas para que vivan con nosotros y sin embargo podemos
observar en muchas ocasiones la crueldad que sus dueños hacen sobre ellas. La
sola presencia de un perro, un gato, pericos, guacamayas son capaces de
espantar el silencio y soledad de la intimidad. Esos seres viven con nosotros y
c0omparten momentos importantes, su sola presencia nos cambia el semblante.
Ellos
están presentes a cada momento en la casa y no tratan de juzgarnos sino que nos
hacen que soltemos el sentimiento de compasión, ternura. Los animales caseros
son un reflejo de ese gran amor del que estamos dotados los seres humanos y nos
retrata de cuerpo entero lo viles que podemos llegar a ser al darles un trato
dañino. Para mí en lo personal que soy un amante de los perros durante toda mi
vida siempre he contado con uno en casa, esa cercanía me da confianza, ternura,
intimidad y en solo acariciarlo me tranquiliza el espíritu al volverse mi
inseparable compañero.
En
las noches espera pacientemente a que me duerma y en el mayor sigilo se sube a
la cama para dormir a mis pies “Acurrucado, arrepechado” inocente queriendo
cuidarme mientras duermo. Lo importante es estar consientes de lo grande que es
su compañía, sus momentos de compartimiento, hasta en los álbum familiar los
tenemos retratados como algo estético, como parte de la familia. “La razón por
la cual los perros tienen tantos amigos es porque mueven sus colas en lugar de
sus lenguas”
Un
perro es una anónima criatura que sufre cuando nos ve sufrir, en la que a pesar
de que lo tratemos mal nos sigue moviendo la cola y se siente agradecido cuando
le sobamos la cabeza, siempre fiel y atento a los deseos de su dueño y nos mira
con gran devoción demostrando su amor, su lealtad, su camarería familiar que
proyecta hacia lo que sentimos como sus amigos indispensables un ser que nos
conoce más de lo que podríamos asimilar, que nos presiente y cuida, es un
homenaje a la sencillez y la vida doméstica, sin más pretensiones que hacer de
ese día un episodio armonioso. La familiaridad de compartir con nuestros
animales los sentimientos nos hace libres, nos relaja, nos ofrece placer
lúdico.
Mayor
placer se genera cuando lo tomamos entre los brazos para acariciarlo viéndonos
con una ternura que sería la envidia de un amante despechado. Una inocente escena
que se presenta a cada mañana con sus juegos matutinos, que salta de alegría
cuando nos levantamos, que comparte ese momento maravilloso, en el que nos
idealiza en su vida, en la intimidad de sus sentimientos, un ser que nos conoce
más de lo que podríamos asimilar, que nos presiente y cuida.
Nadie
te seguirá incondicionalmente a donde vayas y sin saber a dónde te diriges, al
perro no importa si eres rico o pobre, lindo o feo, corajudo o pasivo,
igualmente nunca te guardara rencor a pesar de que lo trates mal, siempre se
presentara con una cara de felicidad por el hecho en solo verte, saber que
llegas a casa, ni te pedirá que lo acaricies, “Sabrá esperar lo hagas”, si te
ve llorar se acercara preocupado, si enfermas no se moverá de tu lado, se conformara
con la comida que le des “Buena o mala” te será fiel hasta la muerte, te hará
reír, y no le importa el nombre que le pongas solo con una mirada sabrá cuando
lo quieres cerca, y el resto lo
entenderás cuando este animalito muera.
Cuando niños nos
inculcan la sumisión y el reverenciar. Y para una persona formada en forma
íntegra, es una obediencia dura como el mismo acto de morir. Es difícil la
sumisión y reverenciar a los padres, conyugue, al jefe de trabajo y mucho más
todavía reverenciar a alguien que nos parece menos que nosotros. A pesar de que
haya sido mi error, es realmente difícil reconocer mi error delante de otra
persona.
Hay que entender que cuando obedecemos a las
instituciones y órdenes establecidas, independiente de lo justo o no, los demás
nos reconocen como alguien en lugar de despreciarnos, ven la falta de carácter
de ellos. En realidad, aunque entendamos
esto, igualmente es difícil pedir una disculpa, aún después de haber pensado
decir un “discúlpame” Todo esto es por nuestro complejo de inferioridad y para
poder enaltecer al otro hay más un problema que superar. Es la conciencia de
comparación.
Podríamos decir
que tanto la conciencia de comparación como el complejo de inferioridad
provienen de una auto-imagen negativa. Porque uno niega lo que “Es” y reniega
lo que le concierne, se compara a sí mismo con otros y; se arroga o se
envilece.
Esta conciencia de comparación destruye
nuestra conciencia de espiritualidad. La conciencia de comparación produce
frustración y no nos permite aceptarnos tal como somos. Por eso mismo, no nos
deja reconocer al otro. “Soy un convencido de que el reconocer los errores
enaltece al ser humano. No tengo problema en pedir disculpas y, si tengo que
hacerlo mil veces, lo haría sin temor” Preguntémonos: ¿Soy un ejemplo de
respeto en mi hogar en la forma en la que trato a las personas a quienes más
quiero? ¿Cómo me comporto durante los eventos? Si mi hijo tiene un desacuerdo
con un maestro, o amigo, ¿escucho ambas versiones de la situación? ¿Muestro
respeto por la propiedad de los demás y cuido también de la mía? ¿Cómo les
respondo a las personas con las que estoy en desacuerdo?
No trabajes para destacarte en la vida,
trabaja para que brille en tu corazón los que buscan un ser humano. Tu sueño no
morirá, tus planes no fallarán, tu destino no será abortado, y el deseo de tu
corazón será concedido en la tranquilidad del alma. Al levantarte esta mañana,
que tu vida sea limpia, calmada y clara, como el agua fresca de la mañana, que
debe brillar dentro de ti y que se debe avivar cada día.
Dicen que
Jesús fue invitado a casa de un fariseo para comer. Observando el
comportamiento de los comensales, apreció que procuraban escoger los puestos
principales, lo cual le dio pie para proponer una enseñanza, que va más allá de
lo que en principio parece. “Cuando seas convidado por alguien a una boda”, no
te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más
distinguido que tú, y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: “Deja el
sitio a éste”, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto.
Al contrario,
cuando seas convidado, vete a sentar en el último puesto, de manera que, cuando
venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba.” Y esto será un
honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. En la vida todo
aquel que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.
Más allá de lo que
parece una mera norma de cortesía, o de mostrarse humilde ante los demás, creo
que se puede extraer de aquí una enseñanza más profunda. Aquellos que se
abalanzan sobre los mejores puestos, son aquellos que se consideran importantes
por lo que han hecho, y por tanto, merecedores de un lugar preferente. En la
vida, son aquellos que se creen muy buenos y que se consideran hacen cosas buenas, en base a sus propios méritos.
En el fondo, sólo se ven a sí mismos, y en la mayoría de las ocasiones son los
que quieren hacer las cosas sólo donde y cuando puedan ser aplaudidas por los
demás. En definitiva, dicha actitud es la actitud de los fariseos.
Los que se quedan
en cambio en último lugar, son aquellos que habiendo sido invitados, consideran
incluso que no son merecedores de compartir la mesa con los otros, en
apariencia más importantes. No se atribuyen nada a sí mismos. En la vida, son
aquellos que saben que todo lo que poseen les ha sido concedido gratuitamente,
que no pueden esgrimir mérito alguno para exigir un premio a cambio. El
principio básico de comportamiento es no
atribuirnos nada bueno a nosotros mismos, pues todo lo que tenemos lo hemos
recibido en préstamo, y no considerarnos mejores que los demás, hagamos lo que
hagamos, pues nuestras acciones por sí solas, sin el amor al prójimo y a
nosotros mismos, no valemos nada.
Siempre he visto
como en las iglesias muchas personas asisten con la finalidad en ser
reconocidos como personas buenas, pero es poco lo que hacen en su vida profana
“No, hacen por su ser lo que deberían” Cualquier templo debería servir para
mejorarnos y no solo para sentirnos cómodos pensando que cumplimos sino
trabajar en lo más oscuro del corazón. La actitud hipócrita no enaltece a
ninguna persona del culto que practique si no lo hace de todo corazón y lleno
de fe, esperanza y caridad.
Los que han puesto
en práctica el ojo por ojo y el diente por diente, dicen que se siente rico, en
ese sentido es posible que estén enalteciendo su yo inferior, porque en sí, al
estar rumiando un acto de venganza, solo muestran las limitaciones de su
espíritu, la venganza no enaltece, sino que satisface el deseo nacido desde la
ignorancia y a la vez provoca mayor angustia al vengativo. No es malo vengarse
una primera vez, debido a que puede ser de utilidad por la experimentación que
es lo que conlleva al conocimiento, y si lo comprende entonces modificará sus
deseos, lo triste es no reflexionar lo suficiente el resultado de la acción
vengativa y por ello no comprender su consecuencia y reincidir, ya que
producirá cada vez mayor angustia en el vengador.
No sirve de nada
guardar rencor, pero menos aún accionar en detrimento de otro, por más que ese
otro nos haya dañado, sabiendo perdonar el camino se torna más ligero y
agradable, la venganza es negativa para todos, pero más aún para quien la
ejecuta, la planea o desea porque lo anula, lo limita y le saca valor, por eso
es autodestructiva.
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