SER NEGATIVO
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Las decepciones, los desengaños, los errores
propios o ajenos, nos llevan a un estado de ira interior, desaliento o dolor
emocional. Afortunadamente no es más que una mala reacción, un mecanismo
inconsciente equivocado que se puede cambiar, ¡te lo aseguro! El pensamiento
positivo sin duda viene con ventajas por animarnos a tomar los riesgos
necesarios y ampliar nuestros horizontes. Son cada día más los estudios que demuestran
que las personas optimistas tienden a ser físicamente más saludables por estar
presentes, concentrados y con alta dosis de energía. Sin embargo tengo mis
serias dudas que a los pesimistas les funcionen las afirmaciones positivas.
Tengo la sensación
de que llevan años preparándose mentalmente para las consecuencias
desagradables que puedan ocurrir. Así cuando les honras con un reconocimiento
personal generalmente lo rechazan, recordándose que no han estado a la altura
de los objetivos de su vida.
Tampoco creo para
nada en el optimista por naturaleza porque no se adapta a las amenazas
potenciales al hacer caso omiso. Por tanto y para evitar más lesiones lo mejor
es estar inspirado haciendo lo que te gusta por pequeño que sea el sitio, lugar
o cosa ¿Qué te gusta hacer y no haces?, ¿Quien será el siguiente en contribuir
a la tendencia del cambio, tú u otro?, ¿Eres de los que dejas de hacer algo que
te gusta por estar enfadado o negativo?
Te hablo de crear experiencias positivas que queden en tu registro
emocional y con otros (estrechar lazos afectivos) y no de ser sólo optimista
pasivo a la espera de que sucedan las cosas. No es un sinónimo, es una actitud
de vida.
Aprende a decir
elogios sinceros y también a recibirlos desde la mejor energía porque quizá
sepas que siempre existe una transferencia de energía cuando nos cruzamos las
miradas, lo sabrás especialmente cuando hay complicidad con alguien que te
gusta porque sube tu autoestima y tienes más disposición a contribuir, ¿verdad?
De ti, de mi y nosotros con los pies en el suelo depende que podamos inundar
positivamente a los que están en versión monos cabreados “Australopitecos”.
¿Cómo crees tú que puedes contribuir a ser positivista?, ¿Qué imaginas que
pasará si lo consigues?, ¿Cómo puedes hacer este sueño real? ¿Qué estamos
haciendo para conseguirlo?, ¿Cuál es tu responsabilidad para ser tu primero en
ser feliz?, ¿Qué más podemos hacer por salir de nuestra zona de confort?
A veces nos vemos
envueltos en situaciones que se nos salen de control. Pensamos que pueden
terminar de una forma y cuando nos damos cuenta es de otra, se pierde la razón,
la paz, una cosa se transforma en mil y luego diez mil, los días se vuelven
batallas interminables y nace algo que se parece al odio aunque no queramos
llamarlo así, pero es odio, contra la familia, hermanos, hijos, jefes de
trabajo, amigos, empleados, odio, odio constante y sonante que no, nos
atrevemos a llamarlo por su nombre y apellido pero que ahí está presente y nos
acompaña a donde quiera que vayamos.
Es resentimiento,
furia, golpes, pleitos, gritos, palabras de un lado para otro que van y vienen
y en ningún lugar se halla sentido. Las soluciones racional y pacifica no es
viable al estar bloqueados. Se llega a tener un grado de tensión que la salud
flaquea, la paciencia es mínima, hasta con aquellos que no tienen nada que ver
en el asunto. Sencillamente nos dejamos llevar y perdemos la cabeza; el hígado
es el que manda, el deseo de herir, de retribuciones tardías e innecesarias.
No se trata de
justificar lo hecho, porque hecho esta y ni un terremoto lograra borrarlo. Se
trata de afrontar con madurez los problemas y errores que cometimos,
corregirlos o aceptar que estos son más grandes que nosotros mismos y nuestra
capacidad de resolverlos se vuelve polvo.
Y aunque este no
es un buen medio para dar consejos, ni me siento cura detrás de un
confesionario como tampoco busco que salgan corriendo en busca de exoneraciones
ni el pase para la salvación eterna, aprovecho el espacio para mencionar que
ustedes no tienen por qué verse arrodillados o rasgándose las vestiduras para
entender que la mayor sabiduría esta atrás del error cometido y que uno aprende
de los errores, de las decisiones mal tomadas y a la ligera.
Pero, ¿Es
necesario revivir una y otra vez una situación del pasado que nos hizo mal?
hasta donde nos hace bien quedarnos reviviendo ese momento en el que se nos
rompió la tranquilidad? ¿No es la vida lo suficientemente grande y hermosa como
para seguir adelante y hallar lugares, personas y recuerdos que sanen cualquier
herida? ¿Vale la pena dejar de vivir por un momento amargo o es que toda la
cosecha debe de ser quemada hasta las raíces sequen y nazca un fruto nuevo?
Nuestra obligación
como seres pensantes es volvernos tolerantes sin andar por la vida buscando
pleitos de cantina, mucho menos olvidar el código de honor que, los que lo
conocemos, estamos orgullosos de rendirle culto, existe solidaridad,
compañerismo, respeto y aunque no conozcamos a la otra persona la apoyamos como
se apoya al amigo que está al lado. Cada persona es lo que piensa de sí misma,
siendo su personalidad la suma de todos sus pensamientos.
Las acciones y
comportamientos de las personas son el reflejo de su manera de pensar. La manera como pensamos nos moldea lo que
somos. Si piensas que eres una persona con poco valor o una persona
maravillosa, esa es tu realidad, y eso se va a reflejar en tus acciones.
Nosotros elegimos si cuidamos nuestra manera de pensar, limpiándola de
pensamientos negativos y dañinos hasta lograr tener lo que deseamos, una manera
de pensar positiva y optimista, y que ésta se refleje en nuestras acciones.
Está demostrado que el cerebro de las personas (sin importar la edad), es
flexible y modificable; es decir, se puede cambiar intencionalmente, si así la
persona lo desea.
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