domingo, 25 de junio de 2023

 

QUE RUEDE EL MUNDO

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Me senté al borde la cama frente al espejo mirando las arrugas, tratando en entender el paso de los años, la vida que he llevado, con lo que estoy ligado “Amor/Ombligo” La infancia, la vida diaria y lo que me rodea (Ambiente infantil, mitos y entorno). Un instante para contemplar, describir la sociedad ¿Mis necesidades, carencias, temores, descontroles, contradicciones? El tiempo pasa de prisa sin avisar marchando como esclavos en su rutina, sumergidos en los problemas y situaciones triviales que no dejan tiempo para admirar, recordar, platicar, escuchar ese eco inquieto de los sentimientos profundos que hacen volar la imaginación. En la vida hay muchas cosas que vale la pena apreciar pero que por decisión propia guardamos abstrayendo lo bueno.

Todo cuento inicia: Erase una vez un pueblo llamado San Ignacio, Sinaloa, enclavado en medio de la sierra. Un pueblo en el cual los sentimientos andaban siempre sueltos (Alegría, amor) Un día el amor (Hijo), le dijo a sus padres que se marchaba a la ciudad a estudiar, la tristeza hizo su aparición, pero el “Se marcho” El amor de novia y padres quedo en el pueblo. Ellos lo amaban y sentían que se hundían ante la gran tristeza que los embargaba. Ahogaron el dolor y ahora miran el lugar por donde partió.

Un pueblo en donde la gente no deja en soñar, le importan los demás, gozan con la alegría, se enamora, agita, concibe la vida franca sin tantas vueltas. Los moradores sienten, saben amar, sin egoísmo. No desean escapar, viven felices en el silencio de la naturaleza. San Ignacio, es el pueblo de la verdad oculta que hace llorar en recordarlo, duele pensar el vivir lejos, lastima el saberse olvidado de sus gentes. La vida es sencilla, cargada de nostalgias, vivencias alegres, eternos recuerdos, pasados cariñosos, amorosos, esperas que hacen madurar. Un pueblo con cara de amor dispuesto a dar sin esperar.- Difícil en explicar su ¿Por qué?

La noche con su hermosa estrella fugaz la cual cruza el firmamento como el beso de la amada que calma el sueño, la que permite reposar lo que lo hace especial por su momento y el lugar. A la gente le gusta tal como es, abrazar al verte, sentir la lluvia sobre el rostro, el sol quemante a mediodía.- Gente con cosas sencillas que enamoran cuando de vez en cuando las visitas y que con esa confianza ofrecen paz, tranquilidad al espíritu. Personas sinceras sin límites, sin quejas ante la vida. Ellos ayudan si alguien está mal, aman la tierra, la risa, la vida cerca de Dios intentando siempre ir por el camino que da felicidad.

Este es, San Ignacio: Mi lugar de risas y lamentos, el mundo de silencios, el espacio que ofrece paz, tranquilidad a los espíritus inquietos, a los que el silencio los abandono y han dejado en callar. Espíritus que sienten y esperan sin detenerse como el tiempo y se dan espacio para amar al hijo que se marcho al que dejo y se fue por el camino con la palabra empeñada en volver.- El hijo del pueblo que se marcho con sus dudas, temores, preguntas sin respuesta, dejando el amor pendiente como lo dejo ayer “Recuerdos imborrables” que son parte de su tristeza, en su sabor de la nostalgia por la que vive cavilando en ¿Cuando regresar? y, se le hace tarde para volver.

Cuando comprendas lo que es la vida en San Ignacio, volverás para quedarte en ese mundo de alegría, silencios, sentidos naturales que se los lleva el viento hacia la sierra y los regresa como un suspiro de amor. Es el orgullo en ser de San Ignacio, en su forma de expresar el amor por su tierra, ser agradecido con la vida al entregar lo que necesitábamos cuando niños. Es ese afecto que expresamos, que guardamos en nuestro corazón y nos atrevemos a expresar.

Es el amor de su gente la que nos impulsa a dar lo mejor de sí “Lo aprendido” a la luz de los brazos que esperan, lo que somos.- Ser mejor cada día. No dejar pasar el tiempo sin lanzar un suspiro en ese aliento por volver tratando en retornar el tiempo para recobrar cada minuto perdido el cual se diluyo en aquel acto de amor al mirar los ojos con ternura de nuestros padres frente a lo que deseaban decirnos hace mucho tiempo. San Ignacio, es el lugar perfecto para no dudar de nuestros sentimientos, es el sentir más grande de nuestra realización. Es amar y que el viento corra llevando el pensamiento sin preocuparse en los motivos que nos hacen ser el cómo somos y, “Que mundo ruede”.

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