QUE RUEDE EL
MUNDO
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Me senté al
borde la cama frente al espejo mirando las arrugas, tratando en entender el
paso de los años, la vida que he llevado, con lo que estoy ligado
“Amor/Ombligo” La infancia, la vida diaria y lo que me rodea (Ambiente
infantil, mitos y entorno). Un instante para contemplar, describir la sociedad
¿Mis necesidades, carencias, temores, descontroles, contradicciones? El tiempo
pasa de prisa sin avisar marchando como esclavos en su rutina, sumergidos en
los problemas y situaciones triviales que no dejan tiempo para admirar,
recordar, platicar, escuchar ese eco inquieto de los sentimientos profundos que
hacen volar la imaginación. En la vida hay muchas cosas que vale la pena
apreciar pero que por decisión propia guardamos abstrayendo lo bueno.
Todo cuento inicia:
Erase una vez un pueblo llamado San Ignacio, Sinaloa, enclavado en medio de la
sierra. Un pueblo en el cual los sentimientos andaban siempre sueltos (Alegría,
amor) Un día el amor (Hijo), le dijo a sus padres que se marchaba a la ciudad a
estudiar, la tristeza hizo su aparición, pero el “Se marcho” El amor de novia y
padres quedo en el pueblo. Ellos lo amaban y sentían que se hundían ante la
gran tristeza que los embargaba. Ahogaron el dolor y ahora miran el lugar por
donde partió.
Un pueblo en
donde la gente no deja en soñar, le importan los demás, gozan con la alegría,
se enamora, agita, concibe la vida franca sin tantas vueltas. Los moradores
sienten, saben amar, sin egoísmo. No desean escapar, viven felices en el
silencio de la naturaleza. San Ignacio, es el pueblo de la verdad oculta que
hace llorar en recordarlo, duele pensar el vivir lejos, lastima el saberse
olvidado de sus gentes. La vida es sencilla, cargada de nostalgias, vivencias
alegres, eternos recuerdos, pasados cariñosos, amorosos, esperas que hacen
madurar. Un pueblo con cara de amor dispuesto a dar sin esperar.- Difícil en
explicar su ¿Por qué?
La noche con
su hermosa estrella fugaz la cual cruza el firmamento como el beso de la amada
que calma el sueño, la que permite reposar lo que lo hace especial por su
momento y el lugar. A la gente le gusta tal como es, abrazar al verte, sentir
la lluvia sobre el rostro, el sol quemante a mediodía.- Gente con cosas
sencillas que enamoran cuando de vez en cuando las visitas y que con esa confianza
ofrecen paz, tranquilidad al espíritu. Personas sinceras sin límites, sin
quejas ante la vida. Ellos ayudan si alguien está mal, aman la tierra, la risa,
la vida cerca de Dios intentando siempre ir por el camino que da felicidad.
Este es, San
Ignacio: Mi lugar de risas y lamentos, el mundo de silencios, el espacio que
ofrece paz, tranquilidad a los espíritus inquietos, a los que el silencio los
abandono y han dejado en callar. Espíritus que sienten y esperan sin detenerse
como el tiempo y se dan espacio para amar al hijo que se marcho al que dejo y
se fue por el camino con la palabra empeñada en volver.- El hijo del pueblo que
se marcho con sus dudas, temores, preguntas sin respuesta, dejando el amor
pendiente como lo dejo ayer “Recuerdos imborrables” que son parte de su
tristeza, en su sabor de la nostalgia por la que vive cavilando en ¿Cuando
regresar? y, se le hace tarde para volver.
Cuando
comprendas lo que es la vida en San Ignacio, volverás para quedarte en ese
mundo de alegría, silencios, sentidos naturales que se los lleva el viento
hacia la sierra y los regresa como un suspiro de amor. Es el orgullo en ser de
San Ignacio, en su forma de expresar el amor por su tierra, ser agradecido con
la vida al entregar lo que necesitábamos cuando niños. Es ese afecto que
expresamos, que guardamos en nuestro corazón y nos atrevemos a expresar.
Es el amor de
su gente la que nos impulsa a dar lo mejor de sí “Lo aprendido” a la luz de los
brazos que esperan, lo que somos.- Ser mejor cada día. No dejar pasar el tiempo
sin lanzar un suspiro en ese aliento por volver tratando en retornar el tiempo
para recobrar cada minuto perdido el cual se diluyo en aquel acto de amor al
mirar los ojos con ternura de nuestros padres frente a lo que deseaban decirnos
hace mucho tiempo. San Ignacio, es el lugar perfecto para no dudar de nuestros
sentimientos, es el sentir más grande de nuestra realización. Es amar y que el
viento corra llevando el pensamiento sin preocuparse en los motivos que nos
hacen ser el cómo somos y, “Que mundo ruede”.
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