SURGUIMIENTO
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en Desarrollo humano
FESC- Universidad Nacional Autónoma de México
Crecí al igual que muchos creyendo que decir “Si” a todo era
lo mejor y con el paso del tiempo aún me cuesta decir “No” a sabiendas que él
no poner límite a esto me ocasiona problemas. Ayudar a otros en forma
desinteresada es muy placentero, nos llena en felicidad, pero cuando sabes que
no es lo correcto, nos causa molestia, estrés, nos enfrenta contra la enseñanza
familiar en hacer el bien sin mirar a quien.
El decir “No” no significa que nos comportemos egoístas sino
usar el razonamiento en forma prudente para marcar límites entre lo bueno y lo
correcto, lo ético y lo moral y sobre todo aceptar que no somos perfectos para
que todo se resuelva a favor de quien lo solicita. A todo mundo nos gusta
viajar, tener instantes en soledad, socializar en busca de nuestra perspectiva
de vida. Cada ser, tenemos momentos de mal humor, de alegría, de que nos puede
valer un sorbete lo que esté pasando a nuestro alrededor o en echar en saco
roto las recomendaciones que otra persona nos hace sobre la forma en la cual actuamos.
Vivimos en el presente con la sombra del pasado, con la carga
que aprendimos y continuamos discutiendo sin lograr estabilizar las emociones
encontradas. Prestamos mucha atención a los comentarios mal intencionados
pensando que las palabras de los demás terminan por acabar con nuestra auto
estima, dignidad, honestidad sin pensar que solo tienen el valor que deseamos
darles. La murmuración sobre nuestra persona siempre va existir a donde quiera
que vayamos, pero al final son solo palabras mal intencionadas con un sesgo de
envidia o frustración de quien la emite mediante su juicio sumario. Gozar de
una vida plena es dejar correr el agua sucia y visualizar los pequeños detalles
que nos lleven a ser grandes de espíritu, vivir el momento, el lugar, el entorno,
las personas y nuestras acciones justas, es decir estar bien contigo mismo.
Para muchos la vida es una carga; para otros es instantes en
ternura y unos más la consideran una cruz difícil en llevar, pero la vida es
eso y más. Existe el que reniega de ella, el que la agotado antes de que llegue
su muerte, son como los arboles que se van secando porque se marcaron
expectativas muy altas y ven como algo inalcanzable, irrealizable. La vida vale
la pena vivirla como “Es” con alegrías y tristezas, con necesidades y
satisfacciones, siempre volar bajito esperando el instante en que la oportunidad
esperada se presente y agarrarla de cola sin dejar que se marche sola, sino que
nos arrastre con ella.
La vida es enamorarse de la vida misma, de otras personas, de
lo que hacemos a diario, es encontrar un equilibrio en nuestras emociones
sentimentales y vivir en armonía cediendo en donde y cuando se tenga que hacer.
Amar la vida es sorprendernos a cada rato con lo que va cambiando en nuestros
planes, es asegúranos en estar conscientes que siempre existe un instante de
alegría que nos lleve a la plenitud del alma.
Es saber que existes, que amas, que vives mejor que miles,
que sabes quién eres y de que estas hecho, es curar ofensas sin rencor,
resignarse a los hechos consumados. Es ser feliz con tu pareja, con la familia
tuya de otro y de otros, es alejarte de las personas que viven en forma
equivocada, que son negativas, que tratan en anularte, destruirte con sus bajas
pasiones y malas intenciones. Es ser uno mismo y a la vez el otro sin
intoxicación afectiva.
Amar la vida sin confusiones o justificaciones de
sufrimiento, dejando los arrebatos con las personas que convivimos sabiendo que
son toxicas. La mejor manera en vivirla es estar lejos de los enredados, los
incompatibles, negativos con los que no se puede estar cerca. La vida tiene
sentido práctico, sentimental, divino si estas consciente de lo que haces, si
tus respuestas tienen sentido, si tus emociones no se encaminan por el sendero
de los ciegos en entendimiento, si no te dejas arrastrar por los torbellinos de
pasiones insanas, si la inercia no rompe su dique en cordura. La vida y su
felicidad esta dentro de nosotros, “Jamás en otra persona” Aún con todos los
defectos que arrastramos o que vamos acumulando al paso de los años hasta
llegar a no reconocernos por nosotros mismos.
No intentemos que otro sea nuestra alegría o, felicidad, esa
esta en nosotros, emerge desde el alma y permea el espíritu solo es cuestión de
encontrarnos en la tranquilidad que el espíritu demanda para que sea el alma la
que nos proteja y nos guie en el camino donde las pasiones hacen que se pierda
la cordura. La vida nos llena de miedos, pero por increíble que parezca es el
alma, la que hace que los superemos mediante el instinto.
Piensa en lo que actualmente tienes y sabrás que lo que andas
buscando desaforadamente es muy posible que ya este contigo y, solo sea
cuestión en que lo dejes emerger desde tus entrañas. Deja que el espíritu
amasado sea el encargado en reconocer y proteger lo que tienes, lo que eres y
lo que anhelas. Recuerda: No hay una sola receta para ser feliz; cada quien
intenta serlo a su modo y según su buen entender. Amar es el fruto que brota
del alma y cada uno es fuente para que germine.
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