NADIE ES MEJOR
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
No estoy seguro de si lo que temo es la
soledad o perder a esa persona que después de tanto tiempo no empiezas a ver su
cara y su cuerpo, sino su alma, no se puede explicar. Empiezas a dejar atrás el
egocentrismo que nos caracteriza y recomienzas a ver las cosas como son, sin
mascaras ni disfraces. No entiendes si es la época, la etapa de vida o la vida
en si la que nos hace reflexionar, pero vemos que todo se complica sin tener
ninguna dificultad a primera vista, quizás las cosas no son como la sociedad
quiere aparentar y los estereotipos solo están para serlo, pero no para
seguirlos, llegando el momento que lo que más necesitas es descansar la mente y
mi alma y lo digo por esto:
Mientras las
personas critican los cambios en la juventud y reflexionan en lo pasado
comparando el paso del tiempo, no pueden ver la verdadera esencia del ser
humano, su interior. Mientras que perdure esa estructura sentimental, no debe
de criticarse a un joven por ello. La
superficialidad reina nuestra época y es producto de los adultos, a mí
personalmente, me ocurre que cierro los ojos y consigo transportarme al pasado, donde la alta sociedad admiraba la
Opera, el Ballet y demás géneros intelectuales, mientras que la clase media, soñaba
con poder presenciar algo así. Es como si hubiera una ventana al alma pero
estoy consciente que eso no regresara. Los jóvenes sienten la urgencia de
encontrar la satisfacción de sus necesidades personales mediante una liberación
económica de la tutela paterna, o como aportación necesaria y consciente al
presupuesto familiar.
Esto los lleva a suprimirse o buscar un
trabajo con este fin. Pero encuentran que para ello deben prepararse, deben
aprender, pero este aprendizaje ya no será escolar, sino en la realidad de la
vida y en el lugar del trabajo. Según su ambiente, pueden estar encaminados
hacia una profesión universitaria, para la cual han sido preparados; pero los
propios jóvenes deberán optar por una carrera de acuerdo a sus actitudes e
intereses.
Podrán elegir un oficio, un trabajo mecánico o
artesanal, el comercio o el arte, en la ciudad o en el campo, teniendo en
cuenta las posibilidades y limitaciones que se les presenten. La realidad de la
vida les hace comprender que de este nuevo aprendizaje depende su futuro
económico, pero además, se abre ante ellos un campo de relaciones humanas
nuevas y difíciles.
Aquí empieza, en
este campo de trabajo, más quizás que en ningún otro, su encuentro con
situaciones de justicia e injusticia y de desigualdad social, que les harán
formarse un criterio que puede ser acertado o equivocado, y este criterio
influirá de manera positiva o negativa en su búsqueda del equilibrio posterior.
También pueden tomar una actitud pasiva, de parásitos sociales, cuya inconformidad
ante un estado de cosas que no les pasa inadvertido, se manifiesta por una
indiferencia y conformidad con algo que se les antoja irremediable.
Otra actitud, la
de los jóvenes que imitan costumbres extranjeras y viven en la ociosidad y el
consumo de drogas. Eso, el alcoholismo y la agresividad, mantienen a una parte
de la generación joven marginada de toda labor social, necesaria al cambio
favorable.
Los adultos buscan
un prototipo de mujer, los jóvenes simplemente se encargan de buscar más allá,
en el fondo del alma amada. Es muy sencillo, la búsqueda del adulto es que su
hijo(a) encuentre quien la arrastre en la escala social (Final deseado), no
tiene en mente ese final deseado.
Los adultos van
vistiendo de pétalos de rosa a sus hijos (as) con esos buenos deseos mientras
que el joven busca, una caricia inesperada o simplemente unas palabras que le
recuerden para siempre que ese amor, nunca le abandonara y perdurara. La gente
lo intenta camuflar muy bien, pero al final sale a flote una gran verdad, el corazón
no tiene infinitas fibras de amor y solo pertenece a una persona, esta persona
no se elige, te escoge ella, puede ser por azar o destino, pero te escoge y si
es la deseada, mi mejor consejo es que la alcances y no la pierdas nunca, y con
ella, cuida y vive intensamente todo el tiempo junto a ella, a eso se le llama
una felicidad.
El pensamiento
grava el alma y los adultos se quedan esperando mientras al joven no le hace
falta esa espera porque aun recuerdo esa risa alocada de la tarde anterior,
esos dedos tan delicados que tomaron su mano, esa sonrisa tan hermosa y esa
juventud sinfín que junto a un gran corazón, le enseño el color de la vida
junto a la persona amada, sobre todo, cuando ha escogido a una persona con la
que se identifica, un pajarito hermoso con tantas ganas de volar junto a él. Y,
¿si estas sin pareja sentimental?
Considero, que al
igual que la compañía de la alma gemela nos hace estar eufóricos pero también
sentimos otras emociones, la soledad no tiene porque implicar tristeza, o pesimismo.
Reflexiono que la soledad puede hacernos ver aspectos que siempre hemos tenido
en la sombra del calor humano, la existencia de esas emociones, deben ser
sentidas con intensidad, para así, poder aprender de ellas y superarlas, para
formarse a afrontar cualquier aspecto de la vida misma.
Nadie es mejor o peor persona por encontrarse
solo, ni se merece la compasión de otra persona, ya que hay multitud de
personas que se rodean de gente infeliz
solo por el hecho de estar acompañado y prefieren padecer esa compañía. Siempre
se ha temido la soledad, en cualquier etapa de la vida del ser humano, pero hay
que considerar que muchas personas, mueren en la más absoluta soledad, y este
motivo no implica que mueran tristes.
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