PERSONA DECENTE
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La decencia es el
valor que nos hace conscientes de la propia dignidad humana, por él se guardan
los sentidos, la imaginación y el propio cuerpo, de exponerlos a la morbosidad
y al uso promiscuo e indebido de la sexualidad. Cuando una persona deja de vivir
este valor, su personalidad sufre una transformación poco agradable: muchas de
sus conversaciones hacen referencia al tema sexual; continuamente busca algo
que estimule su imaginación y sentidos (revistas, películas, internet, etc.);
la mirada se vuelve inquieta, buscando enfocarse en personas físicamente
atractivas; asiste a espectáculos y lugares donde la sexualidad humana es sólo
una forma de tener placer.
Una vez que se
entra en este sucio círculo todo cambia de dimensión, en vez de considerar como
importantes los aspectos más humanos de las persona (inteligencia, cualidades,
sentimientos), ahora es la presencia y atracción física lo que cuenta por el
placer que pueda obtenerse, debido a que los afectos ya no importan. Faltar a
la decencia hace que las relaciones con personas (Sexo), sean inestables y poco
duraderas, fundamentadas en la búsqueda de placer, con una evidente falta de
compromiso y obligaciones. Por eso no debe sorprendernos el aumento de
infidelidades y divorcios; jóvenes que cambian de pareja con mucha facilidad,
madres solteras, orfandad, abortos.
Lamentablemente,
parece ser que en determinadas empresas el poseer un buen físico y poca calidad
moral son los requisitos para obtener un empleo, debido a ello, muchas son las
mujeres que pierden “estupendas” oportunidades de trabajo, por vivir la
decencia, por no permitir que se abuse de su condición. ¿Políticas
empresariales? Seguramente son las personas al frente de los recursos humanos,
quienes abusando de su posición pretenden aprovecharse de la necesidad que los
demás tienen. Así es, una sola persona es capaz de destruir la imagen de una
empresa.
Al vivir este
valor se garantiza la unión y estabilidad familiar, los hijos pueden contar con
la presencia y ayuda de ambos padres; los jóvenes descubren que la verdadera
realización personal no se alcanza con la satisfacción de los placeres, sino a
través de el desarrollo profesional, el trabajo y la formación intelectual; y
socialmente las personas no tendrían que preocuparse de la calidad moral de los
ambientes que le rodean.
En medio de un
ambiente que parece rechazar las buenas costumbres y se empeña en cerrar los
oídos a toda norma moral, emerge la personalidad de quien vive el valor de la
decencia: una forma de vestir discreta, con buen gusto, elegante si lo amerita
la ocasión; sus conversaciones no tienen como tema principal el sexo; en su
compañía no existe la incomodidad de encontrar miradas obscenas; su amistad e
interés son genuinos, sin intenciones ocultas y poco correctas.
Esta personalidad
en ningún momento se asusta ante la sexualidad humana, se puede afirmar que la
conoce y entiende con mucho más perfección que el común de las personas.
Conocedor de su propia naturaleza, evita los espectáculos, imágenes,
conversaciones y compañías que puedan despertar su sensualidad.
No es su propósito
fingir que no tiene esas inclinaciones, les da su lugar, su importancia; ha
decidido que lo más valioso del hombre se alcanza a través del entendimiento,
el autodominio, el trabajo y la sana convivencia con sus semejantes. La persona
decente hace valer la integridad de su comportamiento, cuida de que no existan
interpretaciones equivocadas sobre su conducta: evita trasnochar sin necesidad;
se informa con anterioridad sobre los espectáculos y lugares a los que desea
asistir y no conoce; aunque trata a todo las personas con respeto y cortesía,
evita las compañías cuya conducta es incompatible con su formación. Para vivir
la decencia debes evitar el ocio y la soledad.
En estas
circunstancias, la sensualidad se despierta fácilmente. Manifiesta respeto por
los demás. Cuida que tu mirada no ofenda o incomode a las personas del sexo
opuesto. Evita que tus conversaciones y bromas hagan alusiones a la sexualidad.
Ten especial cuidado con tu forma de vestir.
Los atuendos demasiado cortos o ligeros,
efectivamente hacen que te conviertas en centro de atención, pero no te hace
lucir con formalidad, además, puedes llevarte una sorpresa al descubrir las
intenciones que despiertas en los demás. No vivas con ingenuidad pensando que
tu educación y principios bastan para vivir decentemente. Evita las ocasiones y
los medios que pongan en peligro tu integridad: revistas, espectáculos,
películas e incluso compañías. Al cuidar tu mirada formas un carácter recio:
Evita observar con insistencia a las personas, esto siempre demuestra
intenciones poco honestas.
No basta ser decente, es necesario actuar como
tal: sin cometer falta alguna, se pone en entredicho la honorabilidad de una
jovencita que llega a su casa en la madrugada, sobre todo si salió con el novio
y en automóvil; lo mismo ocurre con la mujer casada que viste con prendas
demasiado cortas; quien adquiere revistas con publicidad demasiado sugestiva,
aunque el contenido haya sido el propósito.
La persona que se
preocupa por vivir el valor de la decencia en los detalles más mínimos,
paralelamente despierta confianza en los demás por la integridad de su
conducta; sus relaciones son estables porque se basan en el respeto y el
interés auténtico que tiene por colaborar con los demás.
Tal vez por eso la
decencia es motivo de burla, porque no es un valor para tímidos y cobardes que
se dejan llevar por lo que la comodidad y el placer dictan, es un valor que
templa el carácter, lo fortifica y ennoblece. El peor mentiroso al que deberás
enfrentarte en tu vida es el que ves en el espejo del baño cada mañana. Te doy
todos estos consejos, total no los estoy usando. No le temo a la muerte,
solamente no quisiera estar ahí cuando suceda.
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