SOBERBIA
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
No termina la canción, nadie la quiere
escuchar, no genera eco, está vacía, pobre y miserable.-Su nombre peor que la
tristeza peor que la misma soledad. Su nombre: Soberbia, y nada más.
No
olvides jamás que la vida es un sinfín en verbos de los cuales uno se
arrepiente o no de todos, los buenos abonan al espíritu hacia su realización
pletóricos en “Fe” Esos se gritan a los cuatro vientos por ser venturosos y
cuentan con el don de la palabra.- Amor al prójimo. Todo lo bueno está bien
hecho y, no cabe duda en ser persona íntegra. Hablar mal, son espíritus
divagantes que viven entre sus especulaciones, malos entendidos, certidumbres
inconclusas, amores fallidos.
Vivir
con “Fe” es caminar con un espíritu tranquilo. Hay dos certezas inmutables.-
Envejecer dignamente y morir en paz.- Tanto una como la otra va acompañada de
tiempo en reflexión, obras, actos. Son los alientos de esa sombra que amina a
la reflexión. Lo bruto festeja la acumulación en años y va quitando hojas al
calendario, lo bello añade “Fe” amor al prójimo. Para el rústico su mejor
señal, es el día que festeja un año más de vida. Para el ser espiritual es tiempo
en el que ha visto pasar una a una las lecciones, acciones, actos, purificación
en su alma contemplando las estaciones con su lluvia, brote de flores, caída de
hojas o su invierno abrigado.- Ambos llevan certezas grabadas con fuego en el
alma comprendiendo que un instante vivido, jamás regresa, y con ello se
presenta la incapacidad para hacer todo aquello que anteriormente no le
prestaban atención o lo consideraban muy sencillo pero que ahora no es tan
fácil.- Se hace presente a cobrar factura.
La
existencia es simple, ruidosa, callada, va erosionando lo físico, psíquico sin
que exista forma en sostenerla. Es presente y futuro.- Inevitable.- Nos deja
huella imborrable en la mente al recordar los tiempos idos, el recuerdo marcado
de un sufrimiento y ese pañuelo para llenarlo en lagrimas: La esperanza es
cumplir y que el espejo personal sea benévolo ante nuestra imagen la cual al
mirarla desde el alma misma, nos guste o no, no deja duda en que han pasado los
años puliendo el alma con actos en amor al prójimo.
Recuerdos
inolvidables.- Un pasado al que no siempre se atreve uno a mirar con la frente en alto y responderle con
sinceridad ante el vacío existencial que
atrapa el alma, sujeta el espíritu y lo hace que vague en los recuerdos. El
espíritu no sabe de tiempos y reta en dar sentido a lo que fuimos o calla
atrapado por el miedo a ser expuesto. En el vientre escuchas voces que
acompañan a tu madre. Llega el nacimiento y con este la vida plagada en amores,
besos, tormentos, desilusión,
desengaño, traiciones, hechizos, hijos,
todos jugando en una mente esquiva que lucha por dejar salir lo que considera
es comentable y guarda bajo triple llave lo oscuro en ciertos actos.- Llega el
amor acompañado de motivos para prolongar la vida en hijos en ese silencio cómplice
que solo conocen los enamorados.
Hay
miedo a un pasado, dan ganas de huir.- Un amor quema las fibras, que lo mismo
hiere que sana pero que al final merece bien vivirse al abrir al gozo los
sentimientos profundos que llevan volando por las nubes sin conocer el piso
ingrato del que engaña “Hermoso amanecer/ precioso atardecer” Un alma que
camina por el sendero en donde no existe el dolor solo la belleza, no existe la
tormenta sino la brisa del amor. La vejez no estanca al espíritu solo
imposibilita el cuerpo físico.- No, es rebeldía en un espíritu, es la vida
misma que no se detiene, que jamás oculta su ultima y primera intención en el
tormento por llegar pleno, lucido mirando el pasado sin olvidos, con sus claras
evidencias del camino recorrido.- Sin ser cadena de nudos georgianos o rezago
en revivir lo expuesto.
Nacer
para morir: Es la lógica, la verdad, la certeza alcanzar la eternidad en la
escalera que construimos con amor al prójimo. El alma espiritual lo comprende,
lo vive y lo sufre mientras pasea lo oculto del deseo por sus rincones
sacándolo en instantes de miedo por un recuerdo de un ser querido que murió. La
muerte es hija del miedo a vivir, es saeta afilada en medio del alma impregnada
en la memoria que se levanta cuando menos lo pensamos y nos hace medir el
tiempo que nos resta.
El
miedo a morir toca la campaña cada cumpleaños envolviendo el rostro de angustia
al mencionarlo. A la vida, buen rostro producto de esos años vividos, rostro
sereno “Belleza en el alma” que cobra significado ante el espejo alertando que
nadie es eterno, que la vida es un soplo construido sobre ladrillos huecos que
se rellenan con actos de buena fe, se
bañan en recuerdos los cuales con el mismo tiempo prevalecen. Vivir,
dignamente para que el tiempo se vuelva relevante, cobre significado, sea justo
y nos gratifique al final con la sonrisa de la dignidad impregnada en ese
espíritu.
La
vida nos va llevando por senderos placenteros y dolorosos a la vez. Obsequia
momentos de amor y de odio. Situaciones fáciles en resolver y las que no tienen
remedio, todo va sucediendo nos guste o no. Da la oportunidad en ayudar y en
otras en no ser tan correcto, te sube y baja el nivel del ego, soberbia, y hace
que recapacites con humildad. Aprendes a considerar lo bueno, malo y que atrás
del mismo existe un sendero, un camino en enseñanza, un todo en el ¿Cómo?
mirarla.
Percibe que lo que está en sus manos no lo
está en el cómo lo piensa y más tarde
que temprano se cae cambiando el sendero. La capacidad para que unas cosas
sucedan están en nuestro poder pero existen otras que salen del mismo sin
conseguir controlarlas y ello en la mayoría de las ocasiones sucede por ser
dados a mirar a los demás y no hacia dentro por miedo a percibirnos mejor. En
la tranquilidad se deja de lado lo agitado de las aguas dándose cuenta que el
tiempo cuenta y le ha alcanzado para preocuparle. Especula que la vida no se
iba acabar, que era para siempre, que había que sorberla a tragos sin angustias
o necesidades en la falsa idea en que si no tiene, el dinero no es feliz, no ha
alcanzado el éxito. Ante ello ahoga decepciones, estrés por alcanzar el diseño
planteado por una sociedad que sofoca en pena el deseo y lo va acompañando para
que no lo olvide jamás que el apostar por ser feliz es tener, ganar sin perder
o arrebatar sin importar.
La
joven llora por cualquier pena, se siente atrapado en la sensación en que los
problemas que enfrenta no son nada a los que se presentaran cuando sea adulto.
Contrariedades que le afectan pero no se avergüenza ni necesitas ayuda para
enfrentarlo en una juventud donde todo es fácil, y existen mil salidas. Se
puede resolver y si no hay solución se abandona, se olvida para sentirse bien.
Una decepción se cura con dos palabras ¡Te quiero! No importa la falsedad en
ellas, ni que no resuelve nada, o se
haga para quedar bien. Es la vida diaria de la juventud que hace las cosas sin
obligación, alimenta el alma en lo simple y el corazón se llena con un ¡Te
quiero! para ser utilizado a la vuelta de la esquina con otro regalando un beso
no pedido en su momento agradable, sin dañar para seguir.
En
la maduración se comprende que el tiempo se va rápidamente y mucho del mismo se
invirtió inútilmente repitiendo a diario lo mismo, sin cambios aparentes.
Examina a las personas cercanas y nota sus cambios físicos eso hace que se pare
frente al espejo para mirar su rostro y darse cuenta que el tiempo le ha
modificado el semblante de tal forma que la alegría de los rasgos se ha
marchado para siempre. Lo ve y no lo puedes creer pero por supuesto se ha marchado
y lo único que queda es el rostro frente al espejo que no miente y, refleja los estragos físicos. La persona
madura, ansía ver en las ideas, la forma en observar la vida, los puntos buenos
que deberían ser observables al momento de calificar el devenir de esa vida.
Se
da cuenta de todo, menos de lo que no apetece enterarse arrinconando lo que
aferra en un rincón del alma y lo cual no ansías deshacerse. Llega esa madurez
y se da cuenta que tuvo la oportunidad en ir decidiendo y es, lo que pensaba ser.
Las personas elegidas se quedaron, las de su presente y en las de su pasado,
aquellas que te importaban y por diferentes circunstancias se marcharon.- No es
fácil abrir las páginas guardadas, las que llevan años latiendo en los
sentimientos y buscan brotar, esas que no se apetece compartir con nadie y son
solo suyas de nadie más.
Puede
ver esas páginas cuando quiera y recordar ese pasado sin que nadie le haga
sombra al rondar en su cabeza. Sus ideas confrontadas en aquel tiempo y
recapacitadas en este con ideas nuevas. Comprende que detrás de cada recuerdo
existe un tiempo y forma de valorar el comportamiento, llenar los vacíos,
asimilar la nada y dejar que lo menos importante se quede en ese olvido
mientras lo bueno reaparece desde lo profundo del ser, del espíritu o el alma
sentimental.
El
espejo del alma refleja una realidad, unos ojos, un cuerpo, un vacío en
recuerdos que a vamos arrinconando en ese espacio de silencio cuyo atributo nos
refiere el ¿hasta dónde? estamos dispuestos a volver al mismo. Nos muestra las
arrugas oscuras con sus surcos, que en un pasado fueron hechas por risas de
alegría y damos las gracias a la vida por ser honesta al mostrar lo que se te
es y hacer conciencia en que no se puede liberar de ellas. Escarbar en el ser,
produce miedo, y cuanto más escarbas más
miedo se tiene.- El construido y el oculto.
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