EXPULSAR A “LOS
ALUMNOS VAGOS”
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Catedrático de la
Universidad de Occidente.
Los maestros de preparatoria desde hace décadas promueven expulsar a los alumnos problemáticos por sus problemas de conducta ¿Qué ha ocasionado esto, porque los alumnos no cambian, y que pasa con los más peligrosos, y porque no pueden ser expulsados? Los profesores se continúan quejando, y en algunas preparatorias los alumnos a matado a profesores dentro de la escuela, o en el aula. La escuela no tiene autoridad para expulsar a los estudiantes que perturban el proceso educativo y se resisten a la rehabilitación, y no existen instituciones especiales para enviarlos, como tampoco se atiende con profesionalismo el sistema de apoyo psicológico por lo que los maestros continúan expuestos y sujetos a ese tipo de alumnos.
Tras las muertes de maestros a manos de estudiantes en últimas fechas nuevamente cobra impulso la exigencia que se legisle en materia educativa para abordar el problema del comportamiento agresivo en las escuelas preparatorias. Los maestros estan cansados ante la incapacidad de abordar el comportamiento inapropiado en el aula. Lamentablemente, los informes frecuentes de insultos, vandalismo durante las clases y los recreos, e incluso ataques a otros estudiantes, y profesores, se han convertido en noticia habitual.
Las encuestas muestran que casi el 75% de los estudiantes, y los profesores han sufrido incidentes similares en la escuela, y que el centro educativo no ha tenido forma de detener el acoso. Este es un desafío para el sistema educativo: una educación masiva de alta calidad es imposible en un entorno de caos, permisividad y falta de respeto hacia los maestros. Actualmente, los escolares con conductas problemáticas que requieren un enfoque pedagógico especial son enviados fuera del aula o de la escuela, pero eso no soluciona el problema de la desadaptación social, sino que en la calle infringe la ley.
Muy pocas preparatorias atienden a este tipo de estudiantes, y los maestros los castigan en su evaluación académica, y deja de lado la evaluación psicológica. El problema no es menor cuando observamos que a partir de tercero de secundaria se acentúa la desadaptación en conducta, sin que exista una gestión escolar. Cada vez las preparatorias y los maestros son más flexibles debido a las prohibiciones que las autoridades educativas imponen. No existe claridad sobre lo que es permisible y el consentimiento de los padres por hijos que no cumplan como estudiantes. No solo se trata de implementar un programa educativo especial.
En la actualidad cualquier padre puede apelar la decisión de la preparatoria si la dirección de la escuela decide expulsar a un alumno, aunque los maestros no estén de acuerdo con ello por la conducta del estudiante. No hace mucho tiempo se expulsaba al estudiante o se le sacaba del aula como medida disciplinaria, y se les avisaba a sus padres, pero hoy no es tan sencillo. Hoy los acosadores, insolentes, malcriados, abusivos tienen protección legal para seguir haciéndolo. Para poder expulsar a un mal estudiante que este contaminado el buen desarrollo de las actividades académicas es necesario preparar una gran cantidad de documentos que demuestren que la fuerza y las capacidades de la escuela para el trabajo educativo y preventivo con ese estudiante están completamente agotadas.
Los maestros no son abogados, por lo que no estan preparados para redactar este tipo de documentos que serán revisados por algún abogado contratado por los padres, y en la mayoría de los casos es el maestro quien termina perjudicado. Un estudiante vago, problemático en la preparatoria se convierte en un serio problema para la educación de calidad por lo que se encuentra en el lugar equivocado, y las medidas que actualmente se toman son insuficientes. Es por ello que los maestros prefieren hablarles bonito para que al menos se comporten un poco de forma decente, pero la realidad es que son incompatibles con la educación.
Hay caso en que jóvenes patean a sus compañeras, o se pelean entre compañeras causándose lesiones en sus senos, cabeza, o costillas. Debemos reconocer que existen límites razonables a la capacidad de una escuela preparatoria convencional para influir en la crianza de un joven. Si estos límites se agotan, el joven debe recibir un trato diferente. No solo se trata de que los maestros reciban instrucciones sobre resolución de conflictos y recomendaciones para trabajar con alumnos agresivos. Según estudios de seguimiento, en todas las escuelas donde resultaron heridos estudiantes, y profesores, la administración no siguió las recomendaciones para el trabajo educativo ni para la identificación de conductas desviadas.
Se ha visto que corregir la conducta disciplinaria mediante calificaciones negativas no da ningún resultado, y expone a los maestros a venganzas. Las tragedias nos confirman, que el problema sigue sin resolverse. Creó que la secretaria de educación pública debe otorgar a las escuelas la facultad de expulsar a los alumnos que perturban el proceso educativo y se resisten a la rehabilitación, y enviarlos a centros especiales educativos, donde estarían sujetos a una supervisión más estricta. Es tiempo de que se aborde con seriedad el problema de la conducta agresiva en las escuelas. Los maestros estan cansados ante la incapacidad de abordar el comportamiento problemático en las aulas.
Lamentablemente, los informes frecuentes de insultos, vandalismo durante las clases y los recreos, e incluso agresiones a estudiantes, y profesores, se han convertido en noticia habitual. Actualmente, un estudiante no puede ser expulsado de la escuela como medida disciplinaria, pero en la práctica, la situación es más compleja. En todas las escuelas preparatorias se trabaja con estudiantes agresivos, y son se siguen las recomendaciones para la labor educativa ni para la identificación de conductas inapropiadas.
¿Por qué los docentes no creen que las calificaciones de conducta ayuden a eliminar la agresividad? 1. No todos están satisfechos con los criterios para asignar calificaciones.
Los organismos pertinentes consideran que las calificaciones
de conducta son principalmente una forma de proteger el honor y la dignidad de
los maestros mediante el registro sistemático de casos específicos de
estudiantes que no cumplen con los requisitos escolares y la reducción del
número de acusaciones infundadas contra los profesores.
Que se exige al estudiante: Disciplina en clase: no llegar tarde, no tener conversaciones fuera de tema ni usar el teléfono celular en clase, capacidad para trabajar en equipo, resolver conflictos y mostrar empatía. En cuanto a Cualidades personales: responsabilidad, cuidado de la propiedad escolar, participación en el servicio comunitario. Actividad académica: preparación de clases, realización de tareas, aportación de comentarios constructivos al profesor y a los compañeros, participación activa en eventos y proyectos escolares: Conversaciones sobre temas importantes. Las calificaciones de comportamiento no tienen impacto.
Las faltas menores no deben afectar el futuro universitario del estudiante para entrar a una carrera por el promedio. Las calificaciones negativas por comportamiento desmotivan. El comportamiento de los estudiantes agresivos no se puede corregir con calificaciones. En mi opinión, esta medida no sirve para corregir a los acosadores y escolares agresivos que ejercen violencia contra estudiantes y profesores. Proteger a los maestros de las groserías aún no se ha resuelto, ni sus problemas fundamentales.
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