ASI, ES MI VIDA, Y
MIS RECUERDOS
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
En esencia, un recordatorio es una especie de diálogo conmigo
mismo, estructurado y franco. El recordar me permite ver mis propias reacciones
y comportamientos destructivos y activar mi parte saludable en controlarlos. Es
abrirme a mis sentimientos con mayor precisión, sensaciones, y reflexionar lo
que sucedió con mis sentimientos, emociones tanto positivas como negativas y el
hecho que me hizo reaccionara en cierta forma (miedo, resentimiento,
irritación, abandono, traición, ira, rabia, vergüenza, etc.) “me sentí
abandonado/traicionado/engañado, agredido en mi dignidad, etc.”
¿Por qué lo interprete así? Es ese instante que debo recordar
con detalles para ver exactamente el cómo reaccione, que sentí, que me dijo
para que estallara, como cerró la puerta de golpe, como me grito, porque salió
corriendo despues de su ofensa, porque fingió no molestarle, porque me hizo
creer que estaba de acuerdo, etc. ¿Estoy
exagerando? En realidad ¿puedo confiar en esa persona, soy capaz de apreciarla,
necesito su apoyo, ayuda?, ¿Estoy listo para vivir sin su presencia? ¿Valgo
realmente la pena para esa persona? ¿No quiere escucharme, no me ama?
Permítanme comenzar diciendo que mis ilusiones, esperanzas, sueños, uno a uno
fueron quedando en un rincón oscuro de mi mente.
Los fui pisoteando y borrando de mi mente y no es que haya
fracasado en ellos, sino que mi felicidad y estado de ánimo se encargaban de
empujarme por otros caminos, y por supuesto caía con entusiasmo en ellos, y hoy
solo me queda recordarlos. Un ejemplo: Mi manilla de béisbol. – En cierta etapa
de mi vida contaba hasta con cinco manillas, una bolsa llena de pelotas nuevas,
dos o tres bates, y hoy solo me queda una vieja manilla guardada en una mochila
que utilizaba para ir a jugar. Tenía una bolsa grande llena con los uniformes
de béisbol de los diferentes equipos con los que jugué y un día fui regalarlos
al cerezo. Contaba con unos diez trofeos y los saque al camión de la basura.
Solo quede rodeado con mis libros, los cuales he ido sacando
poco a poco. Por lo tanto, puedo decir “Erase una vez, un amante del béisbol
cuya edad lo retiro de la práctica. En aquellos momentos, sentí que deseaba
abandonarme, quedarme solo con mis sentimientos, que ya había invertido
demasiado tiempo de mi vida ello. Puedo observar que el tiempo se lo lleva
todo, y nos acerca lo poco que somos capaces en disfrutar. Ya no había tiempo
para mí, creo que mi brazo de pitcher y Bat habían hablado demasiado en el
campo de juego y entrenamientos, ahora le tocaba a mi mente recordar y redactar
artículos de mis experiencias, vivencias, estudios antes de que mi reloj
biológico mental se parara.
Me replegué un poco para tomar aire y regresé sentado en una
computadora comenzando a resolver lo más frio posible el razonamiento de mis
ideas. Fue ahí en donde pude darme cuenta que muchas de mis aspiraciones en la
vida las había abandonado en el camino, eso me llevó al instante en que cada
tarde me paraba en la esquina cerca de la casa de una niña con la cual
compartía una o dos miradas cuando salía con su madre a sentarse en la banqueta
a disfrutar la caída de la tarde noche. Este comportamiento me dicta que a
pesar de estar solo parado en la esquina “No, estaba solo” y que eran esos
sentimientos tiernos los que importaban en ese instante de mi infancia.
En realidad, pienso que en toda mi vida me he tratado bien,
que me importo a mí mismo, que en su momento estuve dispuesto a cerrar ciclos,
a replegarme en los malos momentos sentimentales, y regresé como los borregos
con mayor fuerza en mi estado de ánimo. Fue para mí calmarme antes de regresar
a cualquier situación desgastante, entender por qué reaccionaba de esa forma,
evaluar la situación del conflicto, y de forma tranquila y sobria actuar. Hoy
cuando veo a alguien observando su reloj puedo saber que esta intranquilo, que
su tiempo le está midiendo su vida, y que no le queda mucho para completar esa
tarea programada ¿Cuánto tiempo me queda? “No, es importante para mí” ¡Nunca lo
fue!
Desde que comprendí que lo único que tengo seguro en esta
vida, es mi muerte, y la estirare hasta donde la liga se rompa, caminare para
donde el huarache apunte. Me fijé metas, escribí lo que la mente me dio, fui
aumentando mi ritmo de vida conforme el cuerpo me lo permitió, pero soy un
insatisfecho conmigo mismo debido a que nunca logré hacer todo lo que había
planeado. En ciertos momentos de mi vida pensé que era perezoso, que no le
dedicaba bastante tiempo a estudiar o entrenar, y que me estaba auto saboteando
por darle preferencia a las fiestas o andar detrás de una chica. Esta situación
me recordó algunas actitudes de mi infancia: para ser bueno hay que trabajar
duro; lo bueno no es bueno si se puede hacer mejor. Debería ser menos
enamorado, y más responsable que los demás para estar por encima de su nivel.
Mi estado siempre insatisfecho me hacía pensar que todo lo
que lograba y otros me elogiaban no eran más que pequeños triunfos
intrascendentes, que no había dado realmente lo que tenía, así que estaba
obligado a dar mucho más si me interesaba lograr ese nivel. Así, que estuve
dispuesto a renunciar a muchas de las cosas que deseaba, y dejar atrás
conflictos que no tenía la capacidad en resolver, mucho menos afrontarlos. Hoy
cuando veo hacia atrás y observo todo lo que deje tirado en mi camino me da
nostalgia al no poder borrar de mi mente algunas personas que fueron
importantes en mi vida, y cuando escribo se abren de nuevo esas heridas que
tienden a repetirse sin querer marcharse.
Recuerdo algunas situaciones en las que me enoje y tire todo
a la basura en las que también ofendí y salí corriendo. Nada de esto es
agradable el recordarlo, pero son esos sentimientos que se quedan para siempre
dentro de nosotros y el escribirlos es como si volviera a vivirlos con un poco
menos de emoción, pero con esa experiencia vivida que nos va quedando detrás y
no hay posibilidad de corregirlas. Por eso deseo sinceramente que todos se
conozcan mejor a sí mismos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario