jueves, 6 de marzo de 2025

 

EL SOL, Y LOS HUMANOS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

La estrella que se encuentra en el centro de nuestro sistema solar, nos proporciona la vida en nuestro planeta, no sólo la humana, sino que gracias a los efectos benéficos de su energía la naturaleza subsiste, crece, se desarrolla. La Tierra es el único planeta privilegiado de nuestro universo que recibe el calor suficiente para que se obre este proceso existencial. Sin embargo, hay que saber beneficiarse de sus efectos adecuadamente. El Sol es el cuerpo central del sistema solar y la estrella más cercana a la Tierra (la distancia media es de 149,6 millones de Km), su diámetro es de 1,4 millones de Km (108,5 el diámetro ecuatorial de la Tierra), su masa es 33.270 veces la de dicho planeta. Está compuesto básicamente por hidrógeno (aprox. 70 por ciento), con la presencia de un 1 % de metales pesados.

Egipcios, aztecas, Incas, y la mayoría de las culturas antiguas adoraban al Sol como dador de vida y benefactor de sus cosechas. El Sol era aquella inmensa luz suspendida en el cielo que, aunque inalcanzable, regía la vida de las personas, como lo sigue haciendo ahora. Por ello no podía por menos que ser un dios y concederle sus atributos. Por ejemplo, en Egipto encontramos la estatua de Hathor, en el museo de Luxor, portando el disco solar, el culto al Sol prevaleció durante siglos y se asoció su poder a muchos dioses, como Horus, Ra, Uadyet, Sejmet, Hathor, Nut, Bast, Bat, y Menhit. A partir de la quinta dinastía los dioses locales se funden con Ra para crear divinidades sincréticas: Atum-Ra, Min-Ra o Amón-Ra.

Durante la dinastía XVIII, el faraón Akenatón cambió, temporalmente, el politeísmo que se practicaba en Egipto, proclamando un monoteísmo en torno a Atón, representado por el disco solar, posiblemente para contrarrestar la gran influencia de clero de Amón. -En la antigua Grecia se consideraba que era el dios Helios. En el panteón religioso mexica, el Sol era considerado una deidad muy importante y debido a sus creencias, se solían hacer sacrificios humanos, para entregar su “soplo divino” al sol Tonatiuh y mantenerlo vivo.

La cultura inca, asentada en lo que hoy es el Perú, Bolivia, parte de Chile, Argentina y Ecuador tenía como deidad al Dios Sol llamado “Inti”. El Inca o emperador, era considerado hijo de Inti. Con la llegada de los españoles, y la religión católica en el siglo XVI, los súbditos del imperio Inca dejaron de adorarle. En el Perú, se les llamaba Dios del Sol a los jefes de los Incas que, según ellos, eran el Sol y se dice en la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo que ellos fueron enviados por su padre el Sol.

El Sol y la Luna simbolizan el oro y la plata, rey y reina, alma y cuerpo. El Sol y la Luna en la crucifixión simbolizan las dos naturalezas de Cristo. El Sol es la morada del arcángel Miguel. La luna es la morada del arcángel Gabriel. El Sol es el Padre Universal. La Tierra simboliza la Madre Naturaleza y la fecundidad. El sol a dejado de ser un misterio y se sabe que es bueno y malo para la salud. Los efectos nocivos del sol cubren un amplio abanico desde el envejecimiento de la piel hasta las lesiones malignas como el melanoma.

-Las radiaciones solares que llegan a la tierra comprenden, además de la luz visible, los rayos ultravioletas (UV) y los infrarrojos. Si bien los ultravioletas son los de mayor poder energético y, por lo tanto, los más nocivos, la luz visible y los infrarrojos pueden acelerar los efectos dañinos de la luz ultravioleta sobre la piel. Además, los rayos infrarrojos, por ser calóricos, son los responsables de los síntomas desagradables del golpe de calor.

La luz visible, junto con los rayos ultravioletas (UV), al integrarse con la piel favorece la síntesis de vitamina D. Los UV son de tres tipos: A, B y C. Afortunadamente los C y parte de los B no llegan a la superficie terrestre gracias a la acción protectora atmosférica, sin embargo, la pérdida del ozono nos llevara a ellos. Pero la mayoría de los A llega hasta la piel y produce un bronceado inmediato que, con los años, lleva a foto envejecimiento. Tanto los UVA como los UVB provocan reacciones en todas las capas de la piel, estimulan la producción de nuevo pigmento, forman radicales libres, provocan muerte celular y, sobre todo, mutaciones en el ADN, llegando a producir esterilidad.

Ante la agresión solar todos los componentes de la piel reaccionan defensivamente. La epidermis se torna más gruesa, los vasos de la dermis se dilatan, dando un color rojizo. Después de haber expuesto la piel al sol, se produce edema y supresión del sistema inmune local. También se forman radicales libres, que son moléculas capaces de iniciar reacciones químicas y causar deterioro celular. Normalmente, ciertos procesos enzimáticos los mantienen en concentraciones compatibles con el buen funcionamiento celular. Pero el mecanismo defensivo más importante y efectivo es la melanogénesis. Este es el proceso por el cual las células que producen el pigmento melanina -melanocitos- lo sintetizan en mayor cantidad y lo distribuyen a las células de la piel, depositándolo a manera de capuchón sobre el núcleo celular protegiendo al ADN.

Por lo tanto, el tan codiciado bronceado, lejos de ser un signo de salud, representa una respuesta de la piel ante la agresión de los rayos ultravioleta. Todos los mecanismos de defensa disminuyen con la edad y con las exposiciones repetidas a las radiaciones solares. Las quemaduras por radiación solar ultravioleta eran, hasta hace 10 o 15 años, simples eritemas solares, es decir, la piel enrojecida, irritada, con intenso dolor al contacto mínimo.

Hoy en día se ven cada vez más lesiones ampollares, y esto se debe a que la radiación es cada vez más peligrosa por lo que hay que tener mayor cuidado con los niños. Ante una piel ardiente y dolorosa, se recomienda lavar la zona quemada con agua y jabón neutro de glicerina y luego agregar compresas de agua fría, no necesariamente hielo, para aliviar el dolor. ¡Nunca! deben aplicarse recetas caseras como manteca, yogurt, o rodajas de tomate porque pueden contaminar la lesión.

 

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