CUENTO ¡OJALÁ Y TE
MUERAS!
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Maestro de
Literatura Inglesa – Universidad Interamericana del Norte.
Desde que tengo memoria, he estado rodeada de muerte. Cuando
tenía tres años, cinco años mis padres murieron en un accidente, y fui adoptado
por parientes lejanos de mi padre. No recuerdo a mis padres, solo he visto sus
fotos. Pero si recuerdo cuando murió la hermana de mi padre mi tía “Chata”
quien murió de un infarto fulminante en plena calle, y recuerdo muy bien cómo
murieron mis primos de tan solo 15 y 17 años que se quemaron en su casa
mientras dormían. Me entere que ellos gritaban, intentando derribar la puerta
atascada, y algunas gentes paradas en la calle se dedicaban a tomar fotos con
su teléfono.
Los vi aferrarse a la vida, pero sus pulmones y sangre
estaban intoxicados. No miento cuando me entere de la noticia y me describieron
los acontecimientos rugía de coraje de solo imaginarme el cómo los vecinos no
los ayudaron tumbando la puerta. Los parientes lejanos de mi padre murieron, y
fui a parar con una tía en segundo grado de mi madre quien era una mujer
madura, soltera, donde viví feliz hasta los 18 años. Durante mi estancia allí
entre mi escuela primaria, y secundaria, murieron cinco niños y empezaron a
circular rumores terribles sobre enfermedades que mataban a los niños. Eso en
mi mente de niña, ocasiono una psicosis pensando que en mi casa vivían
fantasmas, y que mi tía posiblemente era uno de ellos.
Pensaba que los fantasmas andaban sueltos por las calles
durante el día y se refugiaban en mi casa en la noche para descansar. – Me
despertaba con ganas de ir al baño a orinar, pero a veces con el miedo
temblaba. En secundaria comencé a relacionar todo lo que me sucedía con la
muerte, queriendo adivinar el porqué de todas estas ideas. En tercero de
secundaria, un chico de mi salón al salir de la escuela me golpeo fuerte en la
oreja y me amenazo con estrangularme al tomarme del cuello exigiéndome el poco
dinero que traía para tomar el autobús de regreso a mi casa. Creó que nunca el
chico pensó en matarme, sin embargo, le comencé a tener miedo de forma
terrible. De solo verlo cerca temblaba.
Un mes despues nos enteramos que se ahogó en la playa despues
de que le robo su pertenecías a un turista, y para no ser atrapado se metió al
mar perseguido por la policía. Aquel día no sé si me alegre o me acongoje, era
demasiado para asimilar tantas muertes cerca de mí. En primero de preparatoria,
una chica de complexión robusta me pregunto por qué los chicos no se le
acercaban a ella, y cometí el error en señalarle su gordura, meses despues se
ahorcó en su casa. A una chica compañera que me llamó prostituta por mi forma
de vestir, le desee la muerte, y fue atropellada por un auto. Esto ya era muy
extraño y espeluznante.
También estaba un señor vecino que cuando pasaba o me lo
encontraba en la calle me decía groserías intimas y yo, me quedaba callada para
no meterme en problemas con su esposa. El señor fue apuñalado por meterse a
media noche a la casa de otra vecina sin su consentimiento, y abusar de su
esposa. La policía dijo que lo
asesinaron en la puerta de la casa de ella en la banqueta para robarle y que recibió
tres disparos. – No me explico ¿Cómo? A todos los que les deseo que mueran, por
una u otra causa les sucede.
Recordé el fantasma de mi niñez reflexionando que era él
quien me cuidaba. Dejé de dormir, dejé de comer. Tenía miedo de salir de la
habitación. Me parecía que este terrible fantasma, el espíritu de nuestra casa,
me perseguía y mataba a todos los que de alguna manera estaban conectados
conmigo. Tiempo despues decidí mudarme de casa, y comencé a vivir en orgullosa
soledad acompañada de una gata que recogí en la calle. Mantuve fervientemente a
la gente alejada de mí y creí sinceramente que las personas que deseaban
hacerme daño, aunque fuera solo con palabras, morían. ¿Crees que es estúpida mi
forma de pensar?
¿Cuántas veces te han dicho en tono enojado ¡Ojalá y te
mueras! O de broma algo como si sigues así, pronto te alcanzara la muerte”
Puede que parezca estupidez, pero una compañera que me estaba molestando en la
preparatoria se cayó por las escaleras, y duro tres meses enyesada de un pie y
un brazo. Allí fue en donde me volví medio retraída, por lo que intenté
mantener mis relaciones de forma cordial con todos, es decir “Relaciones
mínimas” y no asistí a fiestas. Intenté volverme lo más invisible e inaudible
posible.
Y luego conocí a “Pancho” Bueno, simplemente no había manera
de resistírsele. Me enamoré como una niña de su juguete nuevo, y de repente él
me correspondió. Poco a poco, y con cuidado, comencé a introducirlo en mi vida.
Él pensaba que yo era una chica excéntrica, pero inteligente, dulce y amable,
por lo que me atendía con ternura, me buscaba siempre con la intensión de
hacerme feliz.
Por primera vez en mi vida, me sentí feliz y casi creí que
era posible vivir como todos los demás. Un día él se enojó y me grito que ¡Eres
una tonta! Y entonces sucedió. Tuvimos una pelea por una tontería. No pude
evitarlo y también le dije algo grosero, punzante, algo que no tenía derecho a
decir. Pancho, me miró largo rato con sus grandes ojos serios, en los que ya
empezaban a brotar las lágrimas. Yo, estaba avergonzada de mis palabras
hirientes, pero ya había abierto la boca, y no servían de nada las disculpas.
Se dio la vuelta, diciéndome “eres igual de puta que todas” y
se marchó. Yo enojada le grite ¡Púdrete en el infierno! - Me congelé al reflexionar
que había maldecido a al hombre que amó, y esas palabras daban vuelta en mi
cabeza, tronaban como cañones en medio de una guerra. Le había deseado la
muerte a sabiendas de que siempre a mi lado andaba acompañándome un fantasma
que no se tentaba el corazón para deshacerse de todos los que por mínima razón
me ofendieran.
Media hora despues le llamé para disculparme, le dije que lo
hice al calor del momento, que lo sentía muchísimo. Que todo es culpa mía. –
Pancho, me pregunto qué en donde estaba para irme a buscar a lo que conteste
“Estoy frente a catedral” – Espérame ahí, no te muevas, voy para allá” y
colgamos. Justo frente a mis ojos, lo
atropello un camión auto, ni siquiera tuvo tiempo de darse la vuelta cuando
grité “Cuidado”. El conductor estaba ebrio.
Totalmente desecha renuncie al trabajo, deje de comer por varios dias.
Quería morir, me pasaba por mi mente el tomar muchas pastillas, o inyectarme
algo en las venas, o colgarme de una vida.
Decidida una tarde noche cuando estaba a punto de colgarme
mis planes fueron interrumpidos por una llamada. Hace tiempo que nadie me
llamaba a mi teléfono de casa. Sintiendo un extraño interés, levante el
teléfono. Me llamaba un tal Guillermo diciéndome que estaba muy contento en
poder localizarme, y que me invitaba a cenar a un restaurante. Me quede con la
duda en seguir adelante o abortar mi misión para abordar la nave del olvido.
Bien había decidió ir a cenar, y esperaba no arrepentirme, por lo que me dije
“Siempre hay mejor tiempo para morir” Después de todo, esta puede ser mi última
aventura antes de apretar la soga alrededor de mi cuello. ¿O tal vez meteré la
cabeza en el horno de micro-ondas al regresar?
Esa noche cenamos, tomamos unos tragos. - Me quedé en
silencio, y al notar mi mirada pregunto ¿No te acuerdas de mí en absoluto? –
Yo, soy aquel chiquillo en segundo de secundaria que un día se te declaro, y tú
lo rechazaste (sonrió) Hizo una mueca, se dio cuenta de que empezaba a
escucharlo atentamente y apoyé los codos en la mesa. – Supe que eras huérfana,
que has estado con problemas toda tu vida, y que has sobrevivido. Observe a mi alrededor dándome cuenta que no
estaba en un restaurante con un hombre, sino en un hospital en una cama donde
un hombre vestido de blanco me revisaba. Escuche que dijo “Trae las costillas
rotas, eso aplasta su corazón y válvulas, el trauma de unas costillas rotas le
atrevo prácticamente de lado a lado. Hay que meterla al quirófano de inmediato,
pero es difícil que logre salir de esta.
Antes de ser anestesiada mire en silencio el rostro del
hombre que me operaría y me sentí tranquila al ver que era “Pancho” quien me
sonreía, inclino su cabeza besándome en la boca y me susurro al odio “No tengas
miedo, todo saldrá bien” Pensé que él quizás quería que lo acompañara en su
nueva vida, enseguida me dormí para siempre. A lo lejos escuche la voz del
fantasma ¡Yo cuidare de ti! Salí y vi que mi cuerpo, estaba dentro de una bolsa
negra, mi pecho destrozado por las heridas y la operación.
Dejé el cuerpo y me fui a mi casa la cual estaba en silencio,
solo el ronroneo de mi gata se escuchaba. La soga con la que pensaba ahorcarme
estaba sobre la mesa. Eran las tres de la mañana, me pare frente al espejo y no
vi reflejado mi cuerpo, ya no estaba en esta vida. Mi fantasma protector
también se había marchado. Miré de nuevo el espejo y sonreí, lanzándome mi
propia sentencia ¡Ojalá hayas muerto, y no solo estés dormida soñando!
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