jueves, 6 de marzo de 2025

 

CUENTO ¡OJALÁ Y TE MUERAS!

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Maestro de Literatura Inglesa – Universidad Interamericana del Norte.

 Desde que tengo memoria, he estado rodeada de muerte. Cuando tenía tres años, cinco años mis padres murieron en un accidente, y fui adoptado por parientes lejanos de mi padre. No recuerdo a mis padres, solo he visto sus fotos. Pero si recuerdo cuando murió la hermana de mi padre mi tía “Chata” quien murió de un infarto fulminante en plena calle, y recuerdo muy bien cómo murieron mis primos de tan solo 15 y 17 años que se quemaron en su casa mientras dormían. Me entere que ellos gritaban, intentando derribar la puerta atascada, y algunas gentes paradas en la calle se dedicaban a tomar fotos con su teléfono.

 Los vi aferrarse a la vida, pero sus pulmones y sangre estaban intoxicados. No miento cuando me entere de la noticia y me describieron los acontecimientos rugía de coraje de solo imaginarme el cómo los vecinos no los ayudaron tumbando la puerta. Los parientes lejanos de mi padre murieron, y fui a parar con una tía en segundo grado de mi madre quien era una mujer madura, soltera, donde viví feliz hasta los 18 años. Durante mi estancia allí entre mi escuela primaria, y secundaria, murieron cinco niños y empezaron a circular rumores terribles sobre enfermedades que mataban a los niños. Eso en mi mente de niña, ocasiono una psicosis pensando que en mi casa vivían fantasmas, y que mi tía posiblemente era uno de ellos.

 Pensaba que los fantasmas andaban sueltos por las calles durante el día y se refugiaban en mi casa en la noche para descansar. – Me despertaba con ganas de ir al baño a orinar, pero a veces con el miedo temblaba. En secundaria comencé a relacionar todo lo que me sucedía con la muerte, queriendo adivinar el porqué de todas estas ideas. En tercero de secundaria, un chico de mi salón al salir de la escuela me golpeo fuerte en la oreja y me amenazo con estrangularme al tomarme del cuello exigiéndome el poco dinero que traía para tomar el autobús de regreso a mi casa. Creó que nunca el chico pensó en matarme, sin embargo, le comencé a tener miedo de forma terrible. De solo verlo cerca temblaba.

 Un mes despues nos enteramos que se ahogó en la playa despues de que le robo su pertenecías a un turista, y para no ser atrapado se metió al mar perseguido por la policía. Aquel día no sé si me alegre o me acongoje, era demasiado para asimilar tantas muertes cerca de mí. En primero de preparatoria, una chica de complexión robusta me pregunto por qué los chicos no se le acercaban a ella, y cometí el error en señalarle su gordura, meses despues se ahorcó en su casa. A una chica compañera que me llamó prostituta por mi forma de vestir, le desee la muerte, y fue atropellada por un auto. Esto ya era muy extraño y espeluznante.

 También estaba un señor vecino que cuando pasaba o me lo encontraba en la calle me decía groserías intimas y yo, me quedaba callada para no meterme en problemas con su esposa. El señor fue apuñalado por meterse a media noche a la casa de otra vecina sin su consentimiento, y abusar de su esposa.  La policía dijo que lo asesinaron en la puerta de la casa de ella en la banqueta para robarle y que recibió tres disparos. – No me explico ¿Cómo? A todos los que les deseo que mueran, por una u otra causa les sucede.

 Recordé el fantasma de mi niñez reflexionando que era él quien me cuidaba. Dejé de dormir, dejé de comer. Tenía miedo de salir de la habitación. Me parecía que este terrible fantasma, el espíritu de nuestra casa, me perseguía y mataba a todos los que de alguna manera estaban conectados conmigo. Tiempo despues decidí mudarme de casa, y comencé a vivir en orgullosa soledad acompañada de una gata que recogí en la calle. Mantuve fervientemente a la gente alejada de mí y creí sinceramente que las personas que deseaban hacerme daño, aunque fuera solo con palabras, morían. ¿Crees que es estúpida mi forma de pensar?

 ¿Cuántas veces te han dicho en tono enojado ¡Ojalá y te mueras! O de broma algo como si sigues así, pronto te alcanzara la muerte” Puede que parezca estupidez, pero una compañera que me estaba molestando en la preparatoria se cayó por las escaleras, y duro tres meses enyesada de un pie y un brazo. Allí fue en donde me volví medio retraída, por lo que intenté mantener mis relaciones de forma cordial con todos, es decir “Relaciones mínimas” y no asistí a fiestas. Intenté volverme lo más invisible e inaudible posible.

 Y luego conocí a “Pancho” Bueno, simplemente no había manera de resistírsele. Me enamoré como una niña de su juguete nuevo, y de repente él me correspondió. Poco a poco, y con cuidado, comencé a introducirlo en mi vida. Él pensaba que yo era una chica excéntrica, pero inteligente, dulce y amable, por lo que me atendía con ternura, me buscaba siempre con la intensión de hacerme feliz.

 Por primera vez en mi vida, me sentí feliz y casi creí que era posible vivir como todos los demás. Un día él se enojó y me grito que ¡Eres una tonta! Y entonces sucedió. Tuvimos una pelea por una tontería. No pude evitarlo y también le dije algo grosero, punzante, algo que no tenía derecho a decir. Pancho, me miró largo rato con sus grandes ojos serios, en los que ya empezaban a brotar las lágrimas. Yo, estaba avergonzada de mis palabras hirientes, pero ya había abierto la boca, y no servían de nada las disculpas.

 Se dio la vuelta, diciéndome “eres igual de puta que todas” y se marchó. Yo enojada le grite ¡Púdrete en el infierno! - Me congelé al reflexionar que había maldecido a al hombre que amó, y esas palabras daban vuelta en mi cabeza, tronaban como cañones en medio de una guerra. Le había deseado la muerte a sabiendas de que siempre a mi lado andaba acompañándome un fantasma que no se tentaba el corazón para deshacerse de todos los que por mínima razón me ofendieran.

 Media hora despues le llamé para disculparme, le dije que lo hice al calor del momento, que lo sentía muchísimo. Que todo es culpa mía. – Pancho, me pregunto qué en donde estaba para irme a buscar a lo que conteste “Estoy frente a catedral” – Espérame ahí, no te muevas, voy para allá” y colgamos.  Justo frente a mis ojos, lo atropello un camión auto, ni siquiera tuvo tiempo de darse la vuelta cuando grité “Cuidado”. El conductor estaba ebrio.  Totalmente desecha renuncie al trabajo, deje de comer por varios dias. Quería morir, me pasaba por mi mente el tomar muchas pastillas, o inyectarme algo en las venas, o colgarme de una vida.

 Decidida una tarde noche cuando estaba a punto de colgarme mis planes fueron interrumpidos por una llamada. Hace tiempo que nadie me llamaba a mi teléfono de casa. Sintiendo un extraño interés, levante el teléfono. Me llamaba un tal Guillermo diciéndome que estaba muy contento en poder localizarme, y que me invitaba a cenar a un restaurante. Me quede con la duda en seguir adelante o abortar mi misión para abordar la nave del olvido. Bien había decidió ir a cenar, y esperaba no arrepentirme, por lo que me dije “Siempre hay mejor tiempo para morir” Después de todo, esta puede ser mi última aventura antes de apretar la soga alrededor de mi cuello. ¿O tal vez meteré la cabeza en el horno de micro-ondas al regresar?  

 Esa noche cenamos, tomamos unos tragos. - Me quedé en silencio, y al notar mi mirada pregunto ¿No te acuerdas de mí en absoluto? – Yo, soy aquel chiquillo en segundo de secundaria que un día se te declaro, y tú lo rechazaste (sonrió) Hizo una mueca, se dio cuenta de que empezaba a escucharlo atentamente y apoyé los codos en la mesa. – Supe que eras huérfana, que has estado con problemas toda tu vida, y que has sobrevivido.  Observe a mi alrededor dándome cuenta que no estaba en un restaurante con un hombre, sino en un hospital en una cama donde un hombre vestido de blanco me revisaba. Escuche que dijo “Trae las costillas rotas, eso aplasta su corazón y válvulas, el trauma de unas costillas rotas le atrevo prácticamente de lado a lado. Hay que meterla al quirófano de inmediato, pero es difícil que logre salir de esta.

 Antes de ser anestesiada mire en silencio el rostro del hombre que me operaría y me sentí tranquila al ver que era “Pancho” quien me sonreía, inclino su cabeza besándome en la boca y me susurro al odio “No tengas miedo, todo saldrá bien” Pensé que él quizás quería que lo acompañara en su nueva vida, enseguida me dormí para siempre. A lo lejos escuche la voz del fantasma ¡Yo cuidare de ti! Salí y vi que mi cuerpo, estaba dentro de una bolsa negra, mi pecho destrozado por las heridas y la operación.

 Dejé el cuerpo y me fui a mi casa la cual estaba en silencio, solo el ronroneo de mi gata se escuchaba. La soga con la que pensaba ahorcarme estaba sobre la mesa. Eran las tres de la mañana, me pare frente al espejo y no vi reflejado mi cuerpo, ya no estaba en esta vida. Mi fantasma protector también se había marchado. Miré de nuevo el espejo y sonreí, lanzándome mi propia sentencia ¡Ojalá hayas muerto, y no solo estés dormida soñando!

 

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