CICERON, Y EL ARTE
DE LA ORATORIA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Marco Tulio Cicerón (106 – 43 a. C.) Provenía de una clase de
gentes que no estaban dotados de poder desde su nacimiento. Para entrar en el
Senado, Cicerón utilizó su única arma, que en el mundo antiguo a veces superaba
la riqueza y las conexiones personales: la oratoria. Estudió en Grecia y en las
escuelas retóricas de Asia Menor, estudió a Demóstenes, Platón y veneró a
Pericles y Aristóteles, los mejores retóricos de la Antigüedad. En Roma, observó
el trabajo de los actores de teatro y comprendió cómo excitar los sentimientos
del público.
A la edad de 35 años, maestro de la elocuencia política y
judicial, Cicerón se había convertido en el primer orador de Roma. Su arte le
abrió el camino a la política. Ocupó el cargo de cuestor, luego de edil y
pretor. Después de esto, Cicerón ascendió a la cima de la jerarquía republicana
formal: el pueblo lo eligió cónsul. En esta función actuó el elocuente Cicerón
en el año 63 a. C. el principal asunto político de su vida. Cuando se descubrió
la conspiración de Catilina (los aristócratas querían tomar el poder por la
fuerza de las armas), Cicerón evitó el golpe con palabras: leyó cuatro
discursos en el Senado contra el conspirador y convenció a la asamblea no solo
de derrocar a Catilina, sino también de ejecutarlo sin el debido proceso.
Sin embargo, la estrella política de Cicerón se desvaneció
rápidamente. No sólo no logró permanecer en el Senado y en Roma en general (por
culpa de César), sino que además tuvo que abandonar la arena política durante
mucho tiempo. La república que él defendía cayó. Su programa político -la
unidad de las clases- fracasó completamente. Cuando la voz de Cicerón volvió a
sonar con fuerza, esta vez contra el déspota Marco Antonio (contra quien el
orador leyó unos 20 discursos poderosos), lo eliminó de la forma más brutal:
envió asesinos. Un anciano republicano y filósofo fue decapitado.
Según la leyenda, la esposa de Antonio, Fulvia, clavó
alfileres en la lengua de la cabeza cortada de Cicerón, y luego la cabeza fue
colgada en los Rostra del Foro. Es cierto que los asesinatos políticos no
salvaron a Antonio de un final triste: una derrota política y militar y luego
el suicidio. Y si él permaneció en la historia sólo como el amante de
Cleopatra, un político desagradable y oponente de Octavio, entonces Cicerón
ocupó un lugar mucho más grande en ella. El orador es una parte importante del
patrimonio de la cultura romana antigua. Sus discursos son los mejores ejemplos
del latín del siglo I. Es decir, sus tratados son un reflejo de la filosofía
política y jurídica de la antigua Roma.
Algunas de las obras de Cicerón son una especie de manual de
oratoria. Las más importantes de ellas, “De oratore” (“Sobre el orador”) y
“Orator” (“Orador”), las escribió en sus años de ocaso y en ellas plasmó todos
sus conocimientos. Las principales enseñanzas y razonamientos de Cicerón se
pueden resumir en 10 puntos. 1. El orador debe tener una formación filosófica.
Para influir con palabras en el alma de una persona es necesario conocerla, y
para ello se necesita la filosofía. Cicerón: “Todo el poder y el arte de la
elocuencia deben manifestarse para calmar o excitar las almas de los oyentes”.
El orador deberá tener formación científica: La ciencia es
necesaria porque sin conocimiento “la fluidez en las palabras carece de sentido
y es ridícula”. Un orador debe conocer la historia para “sacar ejemplos de
ella”, y también conocer las leyes, pues “la ignorancia de la ley es una
desvergüenza”. Si el tema del discurso está relacionado con otras ciencias, el
orador debe consultar con los mejores en ese campo y estudiar el tema de tal
manera que parezca que lo entiende mejor que los especialistas.
Memoria: El orador debe perfeccionar el “tesoro de todo
conocimiento”. - El orador debe dominar los tres estilos de discurso: La
elocuencia antigua conocía tres estilos: simple (sirve sólo para persuadir),
medio (también para el deleite del oyente) y alto (con su ayuda el orador
emociona y cautiva al público). Tener un Plan: Según Cicerón, “uno no puede
limitarse a un solo estilo”. Un verdadero orador actúa con flexibilidad y
siempre elabora un plan: sabe “qué decir, dónde decirlo y cómo decirlo”; Sabe
elegir un estilo para cada situación, seleccionar palabras bonitas y disponerlas
correctamente en el discurso (por ejemplo, poner los argumentos más fuertes al
principio y al final para que se recuerden mejor).
Técnica retórica: Sólo
quien puede calcular la reacción del público a las palabras y su orden puede
pronunciar un buen discurso. Incluso el silencio es un recurso compositivo. El
orador debe involucrar rápidamente al oyente en la introducción del discurso,
presentar todo de forma clara y concisa, argumentar su punto de vista y refutar
el contrario, y luego terminar todo con una conclusión emocional. – Actuación:
No en vano Cicerón admiraba a Roscio y a otros actores. La verdadera elocuencia
también requiere acción, ya que los sentimientos convencen a la gente incluso
mejor que los argumentos racionales. Cicerón era muy bueno evocando compasión e
ira, pasión y deleite, disgusto y miedo... Era consciente de los gestos, del
sonido y el tono de su voz, de la expresión de su rostro.
Ritmo: El habla es una obra de arte. La innovación de Cicerón
fue que introdujo el arte poético en el lenguaje. “Lo agradable de los ritmos”,
creía, era tan importante como lo agradable de las palabras. Por ejemplo,
puedes repetir una palabra o una construcción sintáctica en una determinada
parte del discurso, o mantener un cierto ritmo, o enumerar objetos de forma
abrupta, sin conjunciones. De la misma manera, puedes dar ritmo a las “figuras
de pensamiento”: pistas, transiciones, ilustraciones, contrastes.
Risa: Una regla obvia. Un chiste hace que un discurso sea más
interesante y convincente. Cicerón sabía cómo hacer reír a la gente hasta
llorar. Pero también advirtió que el orador debería usar el humor con
moderación y “evitar el humor bufonesco en todas las formas posibles” – Regalo:
Sin talento natural no se puede ser orador. Cicerón creía que a aquellos que
eran incapaces de elocuencia se les debía decir eso directamente. No hay que
interferir en el resto, pero hay que apoyar con todas nuestras fuerzas los
talentos especiales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario