lunes, 24 de marzo de 2025

 

EXPERIENCIAS EN MI INFANCIA EN EL PUEBLO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Agradezco a todos mis benefectadores que me alimentaron con el alimento espiritual, a las personas amables que creyeron en mi y me dieron fuerzas para seguir adelante en la vida. La vida se va componiendo de acontecimientos grandes y pequeños, en esos encuentros que nos van marcando, y nos mueven sobre todo en los sentimientos de gratitud hacia las personas. Sin embargo, no somos capaces en mostrarlos o reconocerlos, sino que los conservamos en la mente. Mirando hacia atrás, reviso cada uno de esos detalles, y me doy cuenta que hay un gran numero de personas maravillosas que endulzaron y amargaron mi vida.

 Aprendi de ellos el amor, la traición, las costumbres, sus actitudes, acciones, el quedarme en silencio y no preguntar nada. Aprendi que solo el hecho de estar cerca de una persona justa es una gran bendición, y al recordar a estas personas doy gracias a la vida por estar cerca.

 En secundaria mi contacto con el pueblo siguió siendo frecuente, hasta que llegue a primero de preparatoria cuando mi madre se vino a vivir a la ciudad, y quede sin un lugar en el pueblo en donde llegar. Pero mantuve ese contacto menos, aunque menos frecuente debido a que mi Tia Emilia Benítez esposa de mi tío Fernando Larrañaga me invito a que llegara a su casa. Con el pasó de los años, los amigos y familiares se fueron marchando al grado de preguntarme ¿Todavía hay alguien ahí, a quien visitar? Mi madre dejo de visitar el pueblo, o lo hacía dos veces por año. Era problemático ahora el hacerlo ya que la Tia Emilia se cambió para vivir en la ciudad de Culiacán, y cuando deseaba viajar, no sabía si estaba en su casa del pueblo lo que no me permitía tener un lugar en donde llegar.

 Mis amigos muchos de ellos emigraron a las diferentes ciudades, y mi regreso a pueblo no siempre coincidía con ellos por lo que no podíamos charlar un poco sobre nuestras vidas. Fueron las fiestas de semana las que nos daban cada verano la oportunidad de reunirnos en pandilla de adolescentes. Era un par de días (jueves, viernes y sábado) Poco a poco muchos de ellos también fueron abandonando estas fiestas por lo que fue mucho más difícil encontrarnos. No tuvimos la fortuna en que se inventara el watt, ni el face como hoy se disfruta de modo que muchos de mis amigos no les llegó la tecnología a tiempo, y para algunos no es fácil manejarla.

 Además de que la red de internet en el pueblo es muy mala su señal con cortes e interferencias frecuentes. Hace poco tiempo regresé al pueblo para presentar uno de mis libros, y pude darme cuenta que ha cambiado mucho en los últimos años, el pueblo está evolucionando, está mejorando, y desarrollándose bastante. Hace unos años se construyó un puente para cruzar el rio, se adoquinaron las calles dándole un toque colonial que lo hace verse muy hermoso. Viste la casa de la cultura, que en mi infancia era la escuela primaria Josefa Ortiz, y en donde curse mi tercer grado de primaria con la profesora Rosaura Maldonado. La plazuela principal y la de la nanchi se muestran totalmente renovadas con hermosos árboles y flores, lo mismo sucedió con el parque Juárez.

 En las calles la gente muestra alegría, son rostros agradables que me recordaron cuando era solo un niño, y todas las personas se saludaban dándose los buenos días. Aquí en mi infancia la dinámica matutina giraba en torno al mercado, el cual el día de hoy es un museo. Las personas llegaban en la madrugada envueltas en una cobija cubriéndose del frio para disfrutar una taza de atole de pinole con un pedazo de calabaza enmelada. En vacaciones de verano se llenaba de todos los jóvenes estudiantes del pueblo que estaban estudiando en la ciudad. La plazuela principal se llenaba en sus bancas por la tarde noche sin que quedara un solo lugar en donde sentarse, y platicar tranquilamente. En mi infancia se celebran festividades religiosas como el día de San Ignacio de Loyola paseando al santo y quemando cuetes, las misas de gallos, el día de san Juan, la semana santa, etc.

 Los jóvenes disfrutábamos las tardes noches en grupos cantando con una guitarra en un rincón de cualquier parte del pueblo. En una palabra, un movimiento realmente genial. Hoy en día esto es prácticamente inexistente, porque muchos de los que organizaban los eventos se han ido. Pero por lo demás es una pequeña población muy agradable. Está claro que mi conexión con el hogar infantil, no es sólo un concepto metafísico, o de añoranza por los años idos, sino que se refiere a ese todo, en comunicación y socialización con tantos seres queridos que el tiempo se encargó en poner distancia entre nosotros, y creó que ese es el sentido verdadero en extrañarlo. Al menos nos veíamos en semana santa, asistíamos a reuniones, nos comunicábamos frente a frente, nos mirábamos, recordábamos historias de la escuela.

 Y, esto era realmente genial. No llegaba señal alguna de radio al pueblo, y en aquella época mi padre compro un radio blanco grande de bulbos de banda ancha, pero para que escuchara tuve que hacer una serie de maniobras subiéndome al techo de la casa de dos pisos. Fue muy difícil debido a que el techo era de tejas y estaban viejas así que debía ser muy hábil para no quebrarlas todas. Al final pude escuchar la radio de Cuba con los discursos de Fidel Castro, pero varias veces tuve que subirme al techo a moverla para que captara la señal. A la fecha me sigo preguntando ¿Por qué es importante recordar tus raíces y regresar a tu tierra natal?

 ¿Cómo ayuda esto en la vida? - Me parece que cualquier persona volverá a los lugares de su infancia. Recordará los lugares en donde jugo, corrió, y que mientras vivas, tus raíces siempre estarán contigo. Es simplemente necesario mantener el equilibrio mental sumergiéndote de nuevo en ese ambiente, ese entorno en el que creciste, sin el cual no hubieras madurado como persona. El pueblo y la gente de mi infancia eran de palabra, no había hipocresía, todas las personas eran iguales, sencillas y sinceras. De hecho, para mí fue lo mejor que pudo sucederme en el mejor sentido de la palabra. Hoy, no parece un pueblo, pero tampoco llega a ser ciudad, es en sí un pueblo con su encanto especial, una calle principal que lleva el nombre de Gabriel Leyva Solano, paralelamente la acompañan la calle libertad, y la calle Juárez, y hoy cuenta con varios barrios.

 Es especialmente agradable allí en verano por su rio de aguas frescas, su aire fresco. La atmósfera que se vive es como la de los viejos cuentos de hadas sobre un pueblo colonial. Despues de mudarme a la ciudad extrañe por años ese ambiente, ese encanto modesto. En la adolescencia la ciudad me cautivo por su múltiples alborotos y fiestas, me encantaba ir a fiestas llenas de chicas de mi edad, pero me canse de todo de todos esos alborotos. Experimenté una especie de agotamiento, quería volver con mis padres, ver caras conocidas, y volví con tanto placer varias veces en mi vida “Vivo aun este tipo de nostalgia”.

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