LAVIDA CONDUCE NUESTRO CAMINO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Las dificultades de mi vida
son algo similares a las tuyas. Sé que mucha gente piensa que estoy golpeado, o
malcriado por la vida y que me ha sido fácil conllevar una vida tranquila, pero
quiero aclararles que es un error. Lo que sucede, es que no estoy acostumbrado
a quejarme del destino, y lo que otros consiguen fácilmente o con esfuerzo es
el equivalente a mi propia vida. No soy de los gustan andarse comparando con
mis amigos o familiares porque veo que cada quien va recibiendo su justo o
injusto pago por lo hace, y eso es gracias a ese esfuerzo. Mi vida ha sido de
trabajo, y reflexión constante. Incluso no solo llegaron a mis manos los libros
que compre, algunos me los prestaron y los regrese en su momento, otros los leí
en bibliotecas públicas.
De ellos y de mi aprendizaje
extraje lo poco que se me quedo pegado en el teflón de mi cabeza. En muchas
ocasiones extraje de mí mismo ideas que luego encontré en libros o escuché de
otros; Pero al final del día fueron mis ideas las que generaron el complemento.
Quizás al reflexionar podría justificarme o mejor dicho elogiarme en mi vanidad
que todo lo fui obteniendo con dificultad, sobre todo el asimilarlo, pero no
podría llamarle esfuerzo cuando una actividad la haces porque el hecho de que
te guste y produzca placer a tu alma. Desde ese fondo del alma nace el ánimo
que te empuja y le llamamos persistencia de la voluntad que nos da ánimos tanto
en el trabajo para recolectar frutos desde un libro que otro sembró y nosotros
cosechamos.
No niego que es un trabajo
incesante, pero a todo ello le veo mi ventaja sobre los demás, y no en las
capacidades, de las cuales puedo tener menos que muchos otros. Para aquellos
que lo hacen por compromiso o intereses ajenos aprender y gozar de este placer
no niego que su camino es difícil, y lo digo por experiencia por ejemplo cuando
me tocaba aprobar cierta materia que no me gustaba, eso sí que era cansador, y
desgastante. Pero atrás de todo ello en lo interno nos va quedando parte de ese
fruto amargo el cual al combinarse con los frutos dulces se equilibra ese mal
sabor o sabor amargo en la mente. Ese tipo de materias demandan mayor esfuerzo
en su asimilación, y se tarda uno un poco más en comprenderla, pero conforme
vas cometiendo errores y tratando de enmendarlos logras superarla.
No niego que desearía empezar
de nuevo mi vida, pero estoy consciente que es imposible, que el camino se
recorre sin retorno, y que si cometí errores y a pesar de a veces en mis
nostalgias pensar en ellos en lo general mi conciencia sigue tranquila. “Muchas
bocas bese, incontable rostro acaricie con cariño, otros cuerpos los abrace, a
otros les escribe” cuando en mi camino me aleje y los iba perdiendo de vista
para siempre. Hace pocos días rebuscando entre mis cosas “Cachivaches” Encontré
una antigua poesía que escribí en mis años de juventud, no es una perla en
poesía en su rima, pero para mí, es un gran poema que me describe tal cual era
en lo romántico en aquellos lejanos años. Un poema basado en mis profundos
motivos, en lo que sentía en aquel momento, y se lo dirigía a un alma gemela a
la que por lo escrito no podía acércame y la amaba desde lejos.
Hoy, esa alma no la conozco, y se debe a que
no puse su nombre en la poesía, ni se lo que paso entre nosotros, pero la
casualidad me hizo encontrar los versos llevándome de nuevo aquel camino abandonado
del cual en cierto momento me salí tomando el mio. Por los versos veo que esa
alma tenía una gran cercanía con la mía. Son esos escritos los que le devuelven
a la mente y nuestra alma los recuerdos nostálgicos del camino recorrido, que
de nuevo se plantan frente a nuestros ojos como diciéndonos “Me tenías y me
dejaste ir” Puedes sentarte, tomarte una taza de café y tratar de recordar o
mejor dicho comprender ese algo que en aquellos años no entendiste, pero que
fuiste creciendo para que por tu propia naturaleza lo entendieras a toro
Pasado. No es
necesario profundizar demasiado en ello.
Eres joven y sabes que tienes tiempo para esperar
pacientemente en que en el horizonte aparezca tu alma gemela, a la vez, sabes
que si esperas reviras ese algo tan deseado y valioso con el compartirás el
camino por el resto de tu vida. Tambien comprendes que ante cada una de las
almas muy semejantes a la tuya existe el riesgo en equivocarte o que ella
cambie en el camino y te deje caer sin misericordia devaluando tu persona, y el
amor que le entregas.
Son los pesares y riesgo a los que sometemos la conciencia
cuando nos apresuramos en nuestros pasos, es decir corremos antes de aprender
bien a caminar, por creer que no llegara nuestro tiempo, pero todo llega a su
debido tiempo, solo es cuestión de ir mirando la vida y sus dificultades con
calma, para no ir perdiendo el tiempo, sino anticipándonos a los posibles
hechos y consecuencias de nuestros actos “Todo llega a su debido tiempo, ni
antes, ni despues”
Una vez que llega se debe cuidar su bienestar, su integridad
interna, la conexión adecuada. El mayor riesgo de perderlo es que se aburra, se
sienta triste, no amado “Nada bueno saldrá de ello” Un alma que se descuida, es
como un Rosal que no se cuida, y sus flores se marchitan, por ello se debe
llenar el vacío para que el amor no termine por desmoronarse. Son esas pequeñas
cosas que dejamos de hacer y que van secando el alma interior de la persona
amada, y para ello uno es responsable de encontrarse a sí mismo para poder
compartir. En muchas ocasiones necesitas estar a solas y en silencio, con la
mente despejada para comprender el fondo de lo que ha sido tu vida, lo que has
adquirido desde tu niñez.
En lo personal digo que cuando tenía esa edad aproveche cada
minuto de mi vida, desde acarrear todo los dias un tambache de libros a la
escuela. Fui llenado cuadernos, todos los días mis maestros me sometían al
martirio de la calificación, y por las tardes tenía que hacer la tarea. Fue de
esta manera que fui adquiriendo mis primeros conocimientos escolares, y en
cuanto a mis habilidades laborales las iba adquiriendo de la mano de mis
padres.
Solo escuchaba una voz que me ordenaba, y de inmediato la
atendía, no me paraba a juzgar si mis padres estaban equivocados. Mis maestros
fueron importantes en mi infancia y cada vez que los recuerdo me aparecen en la
cabeza con ese algo que me entregaban cada día, y que hoy como la hoja de mis
versos guardo no en un cuaderno sino en mi alma con tinta de oro imborrable.
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