martes, 25 de marzo de 2025

 

LAVIDA CONDUCE NUESTRO CAMINO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Las dificultades de mi vida son algo similares a las tuyas. Sé que mucha gente piensa que estoy golpeado, o malcriado por la vida y que me ha sido fácil conllevar una vida tranquila, pero quiero aclararles que es un error. Lo que sucede, es que no estoy acostumbrado a quejarme del destino, y lo que otros consiguen fácilmente o con esfuerzo es el equivalente a mi propia vida. No soy de los gustan andarse comparando con mis amigos o familiares porque veo que cada quien va recibiendo su justo o injusto pago por lo hace, y eso es gracias a ese esfuerzo. Mi vida ha sido de trabajo, y reflexión constante. Incluso no solo llegaron a mis manos los libros que compre, algunos me los prestaron y los regrese en su momento, otros los leí en bibliotecas públicas.

 De ellos y de mi aprendizaje extraje lo poco que se me quedo pegado en el teflón de mi cabeza. En muchas ocasiones extraje de mí mismo ideas que luego encontré en libros o escuché de otros; Pero al final del día fueron mis ideas las que generaron el complemento. Quizás al reflexionar podría justificarme o mejor dicho elogiarme en mi vanidad que todo lo fui obteniendo con dificultad, sobre todo el asimilarlo, pero no podría llamarle esfuerzo cuando una actividad la haces porque el hecho de que te guste y produzca placer a tu alma. Desde ese fondo del alma nace el ánimo que te empuja y le llamamos persistencia de la voluntad que nos da ánimos tanto en el trabajo para recolectar frutos desde un libro que otro sembró y nosotros cosechamos.

 No niego que es un trabajo incesante, pero a todo ello le veo mi ventaja sobre los demás, y no en las capacidades, de las cuales puedo tener menos que muchos otros. Para aquellos que lo hacen por compromiso o intereses ajenos aprender y gozar de este placer no niego que su camino es difícil, y lo digo por experiencia por ejemplo cuando me tocaba aprobar cierta materia que no me gustaba, eso sí que era cansador, y desgastante. Pero atrás de todo ello en lo interno nos va quedando parte de ese fruto amargo el cual al combinarse con los frutos dulces se equilibra ese mal sabor o sabor amargo en la mente. Ese tipo de materias demandan mayor esfuerzo en su asimilación, y se tarda uno un poco más en comprenderla, pero conforme vas cometiendo errores y tratando de enmendarlos logras superarla.

 No niego que desearía empezar de nuevo mi vida, pero estoy consciente que es imposible, que el camino se recorre sin retorno, y que si cometí errores y a pesar de a veces en mis nostalgias pensar en ellos en lo general mi conciencia sigue tranquila. “Muchas bocas bese, incontable rostro acaricie con cariño, otros cuerpos los abrace, a otros les escribe” cuando en mi camino me aleje y los iba perdiendo de vista para siempre. Hace pocos días rebuscando entre mis cosas “Cachivaches” Encontré una antigua poesía que escribí en mis años de juventud, no es una perla en poesía en su rima, pero para mí, es un gran poema que me describe tal cual era en lo romántico en aquellos lejanos años. Un poema basado en mis profundos motivos, en lo que sentía en aquel momento, y se lo dirigía a un alma gemela a la que por lo escrito no podía acércame y la amaba desde lejos.

 Hoy, esa alma no la conozco, y se debe a que no puse su nombre en la poesía, ni se lo que paso entre nosotros, pero la casualidad me hizo encontrar los versos llevándome de nuevo aquel camino abandonado del cual en cierto momento me salí tomando el mio. Por los versos veo que esa alma tenía una gran cercanía con la mía. Son esos escritos los que le devuelven a la mente y nuestra alma los recuerdos nostálgicos del camino recorrido, que de nuevo se plantan frente a nuestros ojos como diciéndonos “Me tenías y me dejaste ir” Puedes sentarte, tomarte una taza de café y tratar de recordar o mejor dicho comprender ese algo que en aquellos años no entendiste, pero que fuiste creciendo para que por tu propia naturaleza lo entendieras a toro Pasado. No es necesario profundizar demasiado en ello.

 Eres joven y sabes que tienes tiempo para esperar pacientemente en que en el horizonte aparezca tu alma gemela, a la vez, sabes que si esperas reviras ese algo tan deseado y valioso con el compartirás el camino por el resto de tu vida. Tambien comprendes que ante cada una de las almas muy semejantes a la tuya existe el riesgo en equivocarte o que ella cambie en el camino y te deje caer sin misericordia devaluando tu persona, y el amor que le entregas.

 Son los pesares y riesgo a los que sometemos la conciencia cuando nos apresuramos en nuestros pasos, es decir corremos antes de aprender bien a caminar, por creer que no llegara nuestro tiempo, pero todo llega a su debido tiempo, solo es cuestión de ir mirando la vida y sus dificultades con calma, para no ir perdiendo el tiempo, sino anticipándonos a los posibles hechos y consecuencias de nuestros actos “Todo llega a su debido tiempo, ni antes, ni despues”

 Una vez que llega se debe cuidar su bienestar, su integridad interna, la conexión adecuada. El mayor riesgo de perderlo es que se aburra, se sienta triste, no amado “Nada bueno saldrá de ello” Un alma que se descuida, es como un Rosal que no se cuida, y sus flores se marchitan, por ello se debe llenar el vacío para que el amor no termine por desmoronarse. Son esas pequeñas cosas que dejamos de hacer y que van secando el alma interior de la persona amada, y para ello uno es responsable de encontrarse a sí mismo para poder compartir. En muchas ocasiones necesitas estar a solas y en silencio, con la mente despejada para comprender el fondo de lo que ha sido tu vida, lo que has adquirido desde tu niñez.

 En lo personal digo que cuando tenía esa edad aproveche cada minuto de mi vida, desde acarrear todo los dias un tambache de libros a la escuela. Fui llenado cuadernos, todos los días mis maestros me sometían al martirio de la calificación, y por las tardes tenía que hacer la tarea. Fue de esta manera que fui adquiriendo mis primeros conocimientos escolares, y en cuanto a mis habilidades laborales las iba adquiriendo de la mano de mis padres.

 Solo escuchaba una voz que me ordenaba, y de inmediato la atendía, no me paraba a juzgar si mis padres estaban equivocados. Mis maestros fueron importantes en mi infancia y cada vez que los recuerdo me aparecen en la cabeza con ese algo que me entregaban cada día, y que hoy como la hoja de mis versos guardo no en un cuaderno sino en mi alma con tinta de oro imborrable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario