EL ENCANTADOR DE CHICAS
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo
Humano – FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Si
crees que no puedes ser manipulado, estás dos veces equivocado. En primer
lugar, cualquiera puede ser manipulado. En segundo lugar, esto significa que no
sabes nada sobre técnicas de manipulación, no sabes reconocerlas y, por lo
tanto, probablemente te manipulen muy a menudo. A menos, por supuesto, que
usted mismo sea un “mago psicológico” por naturaleza. La
manipulación es un tipo de interacción social que implica el deseo de cambiar
las percepciones y el comportamiento de los demás mediante tácticas
encubiertas, engañosas y coercitivas.
Aunque
la manipulación puede ser útil, sólo lo es si se ha acordado previamente con la
persona sobre este tipo de comunicación (por ejemplo, en psicoterapia). En
rigor, este tipo de relación no se puede llamar manipulación, ya que beneficia
al otro. La verdadera manipulación implica daño: cuando te quitan algún recurso
sin dar nada o casi nada a cambio, esto siempre es un impacto, no una
interacción.
Las
manipulaciones pueden ser cotidianas o por profesionales, enviadas desde el
ámbito social y político. Comencemos con los “pequeños” manipuladores: nuestros
amigos y familiares. Por desgracia, este tipo de relaciones entre seres
queridos no son nada infrecuentes. Y muchas veces incluso llegan a formar parte
de la cultura como una forma “normal” de interactuar. La manipulación es
especialmente común entre las relaciones entre padres e hijos, y sexuales y En
general, todas las personas, de una forma u otra, en ocasiones manipulan a los
demás, la única cuestión es el grado de daño que causan, así como la frecuencia
con la que utilizan dichas técnicas.
El
programa para reconocer la manipulación es inherente a cada persona por
naturaleza; no solo nuestra psique, sino también nuestro cuerpo reacciona a la
manipulación. Pero no todo el mundo sabe cómo comprender correctamente estas
señales. Esto es lo que aprenderemos. Un manipulador se esconde tras una
máscara para engañar, y el día que una persona se la quita enloquece de odio
hacia esa persona. Todos nos vamos esforzando por dar una buena cara o
impresión con las personas que vamos socializando, especialmente si nos atraen
físicamente, o necesitamos de ellos. Esto no es realmente una máscara: solo
intentamos destacar lo bueno que realmente hay en nosotros.
Un
manipulador, por el contrario, desde el primer instante valora lo que puede
sacar de provecho, sea en información, cambiar el criterio de razonamiento, y
deja ver lo qu8e esa persona desea ver en él, aunque sea todo lo contrario.
Cuando detectamos una persona de este tipo nuestra mente envía un mensaje
inmediato a la producción de adrenalina avisándonos del peligro. En lo
inmediato comienza aumentar el volumen de azúcar en la sangre, nos ponemos
inquietos, algunos sudan de las manos, otros les da dolor de cabeza, su ritmo
cardiaco aumenta.
Nuestro
sentido de intuición nos avisa por el simple hecho de sus gestos, palabras, y
otras reacciones que detectamos que esa persona representa un mal para nosotros.
En los jóvenes es común confundirse y crear en ellos un odio sin comprender el porqué
de ello, a lo que el manipulador aprovecha para justificarlo con “Del amor al
odio, un paso”
El
amor son cualidades positivas que uno va viendo y sintiendo por esa persona,
pero aquí se desarrolla una relación negativa que es posible termine en una
pasión mal sana en un futuro inmediato. El manipulador utilizara toda su inteligencia,
talento, técnicas para que la persona que desea termine hablando siempre de él idealizándolo
por su supuesto encanto. Queda convencida que es el amor, y esto sucede con
personas que no están seguras de sí mismas.
El
manipulador no cesara en dar halagos, elogios, atenciones, verborrea durante el
tiempo que dure el convencerla y despues de ello se detendrá por completo, se
esfumaran los elogios y surgirán los descalificativos y molestias. ¿Se
esfumaron lo lindos ojos, los bellos labios? La técnica de manipulación
empleada es sencilla de entender, se inicia aumentando la autoestima de la
víctima y luego reducirla gradualmente, haciéndola dependiente de la opinión
del manipulador, enganchándola en un gancho psicológico. Lo mismo ocurre con el
buen trato a la víctima en general.
Al
principio la llevan en brazos y luego poco a poco van bajando el grado de
pasión. Y no sólo lo bajan, sino que lo cambian, al contrario. Por ejemplo,
pueden irse sin dar explicaciones durante bastante tiempo, sin contestar
llamadas telefónicas. Y luego regresar como si nada hubiera pasado. Por lo
general son las chicas quienes sufren mayormente este tipo de manipulación, y
son llevadas al borde de una reconciliación para obtener relaciones íntimas. Si,
la chica reclama posteriormente sobre las promesas hechas, el manipulador le
contestara molesto ¡Tu, me provocaste, no quieras manipularme con lágrimas de
cocodrilo!
Es
equivalente al estúpido hombre o mujer que al enterarse de una violación de una
chica que no es su hija o hermana exclama ¡Ella se lo busco, por llevar una
falda corta! A partir de que el manipulador obtiene lo que desea, la chica al
verse despreciada caerá en un estado negativo psicológico auto preguntándose ¿Qué
hice mal? Desgastándose emocionalmente. Ahora a la chica le resulta difícil
abandonar al manipulador. Y se trata de convencer a si misma que lo amó como
locura, eso es todo lo que necesita.
Es
ahí en donde el manipulador comienza a jugar con los sentimientos de la chica. Ella
sufre un sentimiento de culpa por lo hecho, llora en silencio, siente
resentimiento, y como pago recibe insultos verbales, arrebatos de ira, amenazas.
Le grita y se aleja por un tiempo, y cuando sus necesidades fisiológicas le
exigen desahogarse vuelve a ella para de nuevo utilizarla fingiendo ternura,
amor, y justificándose en que se fue porque estaba muy enojado con ella, y que
para no hacerle daño físico prefiero alejarse. (Nuevamente la chica cae en la
trampa al hacerla culpable)
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