miércoles, 19 de marzo de 2025

 

VENDERLE EL ALMA AL DIABLO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 El hombre hace un trato con Satanás. A cambio de su alma, pide lo que más sueña: curación, eterna juventud, riqueza, poder o fama. Se han realizado muchas películas de ciencia ficción y se han escrito muchos libros sobre este tema. Las historias sobre pactos con Satanás existen desde la Edad Media. Pero aún hoy hay gente que confía en que esta “receta” funciona.

 Los sacerdotes dicen que esta es una técnica favorita de los “atrapa almas”. Los seguidores de sectas satánicas no desdeñan ningún método para desviar a una persona del camino verdadero. El pacto entre el hombre y el diablo es una forma cultural e histórica del hecho de que recurrir a los habitantes del infierno no siempre es una negación de la santidad, sino más bien una especie de “anti-camino” de conocer lo sagrado. Una persona moralmente equivocada o que conscientemente busca el mal, intenta, por una parte, comprender lo sagrado y, por otra, “probar la fuerza” y “comprobar la autenticidad” de los fundamentos religiosos.

 De todas las historias que existen desde tiempos antiguos en los pueblos, se considera que la más antigua es la historia de un herrero que hizo un pacto con el diablo vendiéndole su alma al morir a cambio de fortuna económica. Esta historia a la fecha tiene más de 6 mil años y se sigue repitiendo a la fecha como si fuera moderna. Algunas de ellas las podemos leer en la famosa historia de Teófilo de Adana (Teófilo de Cilicia), o en el Fausto de Goethe y El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. En si plantea un compromiso conspiratorio con Satanás como si fuera un acto de brujería, y se le llama “Maleficio” (crimen, fechoría) proviene de maleficia (encantos, brujería).

 Se creía que el precio por el reconocimiento y la ayuda del diablo era el alma humana. A cambio de un alma, uno puede obtener poder, riqueza, talento e incluso la inmortalidad. Y la evidencia visual de tal acuerdo son marcas diabólicas especiales, sellos inamovibles del mal. Los juicios inquisitoriales de las brujas describen los métodos para exponer a los hechiceros. Así pues, según la creencia, el lugar del cuerpo marcado por Satanás es insensible al dolor. Además de la tortura física, se practicaba la tortura verbal, como por ejemplo la “prueba de la lágrima”. A una mujer sospechosa de brujería se le leía un pasaje de la Biblia y, si no derramaba lágrimas, se consideraba probada su conexión con el diablo. Otra forma verbal de identificar a una bruja fue obligarla a recitar el Padrenuestro de una sola vez y sin dudarlo.

 Las señales ominosas de la colaboración de una persona con el Príncipe de las Tinieblas, conocidas como “firmas del diablo”, se registraban en manuales mágicos y colecciones de hechizos, llamados colectivamente grimorios (gramática). Los más famosos son la Clave de Salomón, el Grimorio de Honorio, el Grimorio Verdadero y el Heptameron o Elementos Mágicos. El grimorio supuestamente tenía las propiedades de un ser vivo que necesitaba ser alimentado con sangre. Sólo el propietario podía leerlo: las páginas no se abrían para nadie más, o el texto en ellas no era visible, o el color carmesí de las hojas quemaba los ojos.

 Las fantasías producto de la ignorancia sobre un pacto con el diablo eran a menudo una manifestación de enfermedad mental. Entre los ejemplos clásicos de la Nueva Era se encuentra la historia del artista austríaco enfermo mental Christoph Haizmann. En 1669 firmó un concordato que decía textualmente lo siguiente: “Yo, Christoph Haizmann, me entrego a Satanás para ser su propio hijo de sangre y pertenecerle en cuerpo y alma durante nueve años”.

 Varios años después, Haizmann ilustró este documento con un tríptico pictórico como regalo votivo (del latín: voto), una dedicatoria especial a su “maestro”. A la izquierda se representa a Satanás bajo la apariencia de un burgués respetable, con quien el artista firma un acto de venta de su alma. A la derecha aparece un diablo con forma de dragón un año después, exigiendo que el contrato se selle con sangre, no con tinta. En el centro, la Virgen María obliga a Satanás, mediante un exorcismo, a devolver la segunda alianza. Los super poderes creativos a menudo se explicaban mediante un pacto con el diablo.

 Esta leyenda fue quizás más persistente entre los músicos. Así, corrieron rumores persistentes de que la maestría virtuosa de Antonio Stradivarius, Giuseppe Tartini y Niccolo Paganini no estuvo exenta de intervención satánica. Una de las obras de cámara de Tartini se llamó “El trino del diablo” o “La sonata del diablo”. Según el propio músico, un día vio en sueños a Satanás, que tocaba esta sonata y le exigía que entregara su alma

.El pacto con el diablo para las personas académicas se valoró como una gran mentira y blasfemia, y que correspondía a gente que creía en los hechizos, y formaciones de santuarios cristianos para protección del diablo y las almas. Y aunque a los jóvenes de hoy, les parezcan hasta cómicos hubo un tiempo en la humanidad en que muchas personas murieron por ello. En los campos santos se comenzó a recitar oraciones de protección, y adornar con figuras de cruz, Jesús Cristo, metal, cemento, las tumbas. Bañaban la tumba con agua bendita (Para sus deudos, eso ayudaba)

 Las personas creían que contrayendo un contrato con el diablo conseguirían lo que anhelaban desde fama, dinero, amores, placeres, solo debían renunciar a su alma al morir. Cualquier persona podía salir de su casa e ir al monte y gritar que renunciaba a Jesús Cristo, a su fe, y al otro día comenzaría a recibir lo solicitado. Se arrancaban la cruz colgada de su pecho, y pronunciaban palabras terribles en contra de Jesús Cristo. En ese momento juraban seguir a satanás, y hacer su voluntad. Enseguida sacaban un papel en blanco y lo escribían con su propia sangre.

 Muchos de estos casos que fueron considerados como brujería se practicaban. El supuesto demonio aparecía, y le pedía que firmara con su sangre en su presencia (Los arrepentidos acudían al sacerdote del pueblo en busca de protección).  A muchos borrachos se les ocurrió en medio de su embriaguez esta idea, pero en la cruda salieron debiendo, y acudían al templo religioso cayendo de rodillas y llorando.

 Antes de cerrar este ariculo, le pregunte a un sacerdote amigo mio que piensa sobre de esto y me dijo: Cuando una persona sirve a Satanás o cae en una secta, o practica magia negra, no recibe ninguna felicidad a cambio. Se trata de personas desfiguradas moral y físicamente. Vienen a la iglesia extremadamente decepcionados por lo que han hecho. Las cosas están empeorando en sus vidas. Satanás es el padre de la mentira y el engaño. “No he visto ni un solo resultado feliz”, y al final remato “Todas estas personas se encuentran al borde de la locura. Están incluso dispuestos a suicidarse”.

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