LA MUJER EN LA
POLITICA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano – FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
De acuerdo con los estereotipos tradicionales de dominación
masculina, las mujeres están excluidas de la esfera del poder y de la política,
ya que se cree que estas son demasiado emocionales, dependientes de las
opiniones de los demás e incapaces de tomar decisiones rápidas en situaciones
difíciles. Con el cambio del sistema económico y político en el país a
principios de los años 90. También se hicieron evidentes algunas
transformaciones en la composición de género de las estructuras de poder. En
este sentido, es importante entender si el aumento del número de mujeres en el
poder es una consecuencia natural del cambio de los estereotipos de género o,
por el contrario, si las nuevas prácticas han llevado a un cambio en los
estereotipos, o si se trata simplemente de intentos esporádicos y no
sistemáticos de imitar la igualdad de género.
La pregunta es ¿La participación de las mujeres en la
política ha beneficiado al país? Creó que sí, y son ya muchos los hombres que
las apoyan, aunque un gran número de ellos creen que la gran mayoría de las
mujeres que han alcanzado puestos públicos han seguido la tradición de los
hombres en materia de corrupción, tráfico de influencias, y además muchas no
están preparadas, por lo que las personas consideran que la selección de
mujeres no ha servido de mucho, y muchas de sus propuestas no han beneficiado en
lo mínimo a las familias y la sociedad.
La sociedad se entusiasmó cuando en las boletas electorales
aparecían dos mujeres con posibilidades de dirigir al país, y al final una de
ellas lo logro. Con el paso de los
primeros meses muchos de los que aprobaban a una mujer al frente del país se
han ido desilusionando al ver que no responde positivamente a las diversas
opciones en beneficio de la sociedad, sino que responde más bien a los
intereses de un grupo como anteriormente gobernaban los hombres. El grupo
dominante de la presidenta deja claro que la política la hacen ellos, y que
ella les sirve de acompañante.
Tradicionalmente, en México, la política siempre se ha
considerado un asunto “de hombres” y el número de mujeres “en el poder” era
pequeño, especialmente en el poder ejecutivo, y legislativo. Sin embargo, en
los años posteriores a la presidencia de Enrique Peña Nieto la representación
de las mujeres, incluso dentro del poder legislativo, tanto a nivel federal
como local, ha aumentado drásticamente. Las razones de ello no fueron sólo el
cambio en la ley, ni la marginación oculta de las mujeres por parte de las
autoridades, sino también el hecho de que las orientaciones de valores de las
mujeres en aquella época no contribuían a su participación activa en la
política, o lo hacian en calidad de segunda pareja intima de un político. El
número de mujeres activas ha ido aumentando, pero sus decisiones las muestran
negativas.
Han generado desconfianza en las propias mujeres que las
eligieron, y las que han llegado se muestran sin las suficientes habilidades
para imponer sus criterios que los hombres les van imponiendo en ese camino por
lo que crece la desconfianza en ellas. Hay que reconocer que no es la misma
sociedad que gobernaron los hombres. Hoy la sociedad está más informada, es
mucho más abierta a la crítica, es receptiva a las influencias que recibe por
las redes sociales, y todo apunta a que en la mayoría de los casos por las
mujeres que votaron les han fallado al no resolver los problemas sino acrecentarlos
cobijando con su sombra a los hombres políticos que las guían.
Hoy hay igualdad de derechos políticos, y la sociedad exige
respuestas superiores a sus temas más sentidos. Pero la mujer ha tomado el rol
tradicional, y peor aún codependiente de los hombres de la política. Existe una
nueva tendencia en el ámbito de las relaciones entre los políticos y las
mujeres políticas. Por otro lado, el
número de mujeres que anhelan verse en puestos públicos gracias a la política
va en aumento, ellas participan mucho más abiertamente, y solo les basta con
ser líder de una cuadra por la calle de su casa, o gritar majaderías en contra
de otra persona para sentirse con derecho a ser elegida para un puesto público.
Lo mismo sucede con mujeres de asociaciones de
profesionistas, o empresarias, aunque la restricción sigue siendo la misma
“Pertenecer a la cuadra de yeguas del caporal de la hacienda, y estar domestica
a la rienda” La proporción de mujeres en las estructuras de gobierno federal y
local es 50/50%. Al mismo tiempo, en los niveles inferiores de poder, en
particular en el nivel municipal, las mujeres están representadas con mayor
frecuencia que en el nivel de poder en las entidades estatales.
En general, el discurso de género que se ha estado gestando
en los últimos años, especialmente en la esfera política, es muy contradictorio
y ambiguo. Es evidente, que, sin embargo, se han producido algunos cambios en
el sistema de género, tanto en el nivel de las prácticas sociales de la
población como en sus sistemas de valores. En esencia, estos dos procesos están
estrechamente relacionados entre sí. A menudo, son los cambios en las prácticas
sociales los que inevitablemente implican cambios en las actitudes; por otra
parte, la transformación de las ideas estereotipadas afectará inevitablemente a
la realidad social, modificándola.
En este caso, según me parece, los cambios primarios siguen
siendo los cambios en las prácticas sociales, que son causados por la
influencia de una serie de factores externos. Por ejemplo, la razón para atraer
a las mujeres a los escalones más altos del poder ejecutivo, y legislativo no
es en absoluto un cambio en el orden de género, sino que es un homenaje a la
tradición: “la decencia exige que una serie de rostros masculinos ásperos se
interrumpan con una o dos delicadas flores”. “Esto es una señal de
respetabilidad ¡No de eficiencia!” Un papel importante lo desempeña la presión
de la comunidad internacional, que considera el respeto obligatorio de la
paridad de género, incluso en las estructuras gubernamentales, como uno de los
signos de la democratización de la sociedad.
Tal vez fue la necesidad de mantener la imagen de un país
democrático lo que llevó a la introducción de un sistema electoral proporcional
para las elecciones, que resultó ser más favorable para la entrada de las
mujeres en todos los puestos políticos. Muchos critican el arribo de la mujer
por no ver sus acciones como integradora sino como “imitadora” de lo que los
hombres han hecho de la vida pública. La gran mayoría de estas mujeres no han
sido capaces de la trasformación de las antiguas formas culturales, y otras
asumen posturas folclóricas en sus comportamientos. La idea de legisladora no
se identifica con sus acciones. Las mujeres antes de llegar a esos puestos estaban
convencidas de su discriminación de género, y deseaban la igualdad con los
hombres “Hoy desde la tribuna proclaman odio a los hombres”.
Hoy son las propias mujeres ciudadanas las que no están
conformes con las actuaciones de las mujeres en las legislaturas, poder
ejecutivo, y las consideran que no representan sus intereses. Se luchó contra
un gobierno de baja representación de las mujeres en los poderes legislativo y
ejecutivo. Pero fueron seleccionadas por los dirigentes de partidos políticos a
mujeres que no comprenden aun la suficiente necesidad de proteger y garantizar
la igualdad de hombres y mujeres. Aunque hoy el poder legislativo y el
ejecutivo cuenta con la presencia de 50% de mujeres en las estructuras de poder
es sólo una imitación de la paridad de género, no influye en la práctica social
y, por tanto, no puede “impulsar” un cambio en las ideas estereotipadas sobre
el lugar de las mujeres en la política.
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