viernes, 7 de marzo de 2025

 

LA MUJER EN LA POLITICA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano – FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 De acuerdo con los estereotipos tradicionales de dominación masculina, las mujeres están excluidas de la esfera del poder y de la política, ya que se cree que estas son demasiado emocionales, dependientes de las opiniones de los demás e incapaces de tomar decisiones rápidas en situaciones difíciles. Con el cambio del sistema económico y político en el país a principios de los años 90. También se hicieron evidentes algunas transformaciones en la composición de género de las estructuras de poder. En este sentido, es importante entender si el aumento del número de mujeres en el poder es una consecuencia natural del cambio de los estereotipos de género o, por el contrario, si las nuevas prácticas han llevado a un cambio en los estereotipos, o si se trata simplemente de intentos esporádicos y no sistemáticos de imitar la igualdad de género.

 La pregunta es ¿La participación de las mujeres en la política ha beneficiado al país? Creó que sí, y son ya muchos los hombres que las apoyan, aunque un gran número de ellos creen que la gran mayoría de las mujeres que han alcanzado puestos públicos han seguido la tradición de los hombres en materia de corrupción, tráfico de influencias, y además muchas no están preparadas, por lo que las personas consideran que la selección de mujeres no ha servido de mucho, y muchas de sus propuestas no han beneficiado en lo mínimo a las familias y la sociedad.

 La sociedad se entusiasmó cuando en las boletas electorales aparecían dos mujeres con posibilidades de dirigir al país, y al final una de ellas lo logro.  Con el paso de los primeros meses muchos de los que aprobaban a una mujer al frente del país se han ido desilusionando al ver que no responde positivamente a las diversas opciones en beneficio de la sociedad, sino que responde más bien a los intereses de un grupo como anteriormente gobernaban los hombres. El grupo dominante de la presidenta deja claro que la política la hacen ellos, y que ella les sirve de acompañante. 

 Tradicionalmente, en México, la política siempre se ha considerado un asunto “de hombres” y el número de mujeres “en el poder” era pequeño, especialmente en el poder ejecutivo, y legislativo. Sin embargo, en los años posteriores a la presidencia de Enrique Peña Nieto la representación de las mujeres, incluso dentro del poder legislativo, tanto a nivel federal como local, ha aumentado drásticamente. Las razones de ello no fueron sólo el cambio en la ley, ni la marginación oculta de las mujeres por parte de las autoridades, sino también el hecho de que las orientaciones de valores de las mujeres en aquella época no contribuían a su participación activa en la política, o lo hacian en calidad de segunda pareja intima de un político. El número de mujeres activas ha ido aumentando, pero sus decisiones las muestran negativas.

 Han generado desconfianza en las propias mujeres que las eligieron, y las que han llegado se muestran sin las suficientes habilidades para imponer sus criterios que los hombres les van imponiendo en ese camino por lo que crece la desconfianza en ellas. Hay que reconocer que no es la misma sociedad que gobernaron los hombres. Hoy la sociedad está más informada, es mucho más abierta a la crítica, es receptiva a las influencias que recibe por las redes sociales, y todo apunta a que en la mayoría de los casos por las mujeres que votaron les han fallado al no resolver los problemas sino acrecentarlos cobijando con su sombra a los hombres políticos que las guían.

 Hoy hay igualdad de derechos políticos, y la sociedad exige respuestas superiores a sus temas más sentidos. Pero la mujer ha tomado el rol tradicional, y peor aún codependiente de los hombres de la política. Existe una nueva tendencia en el ámbito de las relaciones entre los políticos y las mujeres políticas.  Por otro lado, el número de mujeres que anhelan verse en puestos públicos gracias a la política va en aumento, ellas participan mucho más abiertamente, y solo les basta con ser líder de una cuadra por la calle de su casa, o gritar majaderías en contra de otra persona para sentirse con derecho a ser elegida para un puesto público.

 Lo mismo sucede con mujeres de asociaciones de profesionistas, o empresarias, aunque la restricción sigue siendo la misma “Pertenecer a la cuadra de yeguas del caporal de la hacienda, y estar domestica a la rienda” La proporción de mujeres en las estructuras de gobierno federal y local es 50/50%. Al mismo tiempo, en los niveles inferiores de poder, en particular en el nivel municipal, las mujeres están representadas con mayor frecuencia que en el nivel de poder en las entidades estatales.

 En general, el discurso de género que se ha estado gestando en los últimos años, especialmente en la esfera política, es muy contradictorio y ambiguo. Es evidente, que, sin embargo, se han producido algunos cambios en el sistema de género, tanto en el nivel de las prácticas sociales de la población como en sus sistemas de valores. En esencia, estos dos procesos están estrechamente relacionados entre sí. A menudo, son los cambios en las prácticas sociales los que inevitablemente implican cambios en las actitudes; por otra parte, la transformación de las ideas estereotipadas afectará inevitablemente a la realidad social, modificándola.

 En este caso, según me parece, los cambios primarios siguen siendo los cambios en las prácticas sociales, que son causados ​​por la influencia de una serie de factores externos. Por ejemplo, la razón para atraer a las mujeres a los escalones más altos del poder ejecutivo, y legislativo no es en absoluto un cambio en el orden de género, sino que es un homenaje a la tradición: “la decencia exige que una serie de rostros masculinos ásperos se interrumpan con una o dos delicadas flores”. “Esto es una señal de respetabilidad ¡No de eficiencia!” Un papel importante lo desempeña la presión de la comunidad internacional, que considera el respeto obligatorio de la paridad de género, incluso en las estructuras gubernamentales, como uno de los signos de la democratización de la sociedad.

 Tal vez fue la necesidad de mantener la imagen de un país democrático lo que llevó a la introducción de un sistema electoral proporcional para las elecciones, que resultó ser más favorable para la entrada de las mujeres en todos los puestos políticos. Muchos critican el arribo de la mujer por no ver sus acciones como integradora sino como “imitadora” de lo que los hombres han hecho de la vida pública. La gran mayoría de estas mujeres no han sido capaces de la trasformación de las antiguas formas culturales, y otras asumen posturas folclóricas en sus comportamientos. La idea de legisladora no se identifica con sus acciones. Las mujeres antes de llegar a esos puestos estaban convencidas de su discriminación de género, y deseaban la igualdad con los hombres “Hoy desde la tribuna proclaman odio a los hombres”.

 Hoy son las propias mujeres ciudadanas las que no están conformes con las actuaciones de las mujeres en las legislaturas, poder ejecutivo, y las consideran que no representan sus intereses. Se luchó contra un gobierno de baja representación de las mujeres en los poderes legislativo y ejecutivo. Pero fueron seleccionadas por los dirigentes de partidos políticos a mujeres que no comprenden aun la suficiente necesidad de proteger y garantizar la igualdad de hombres y mujeres. Aunque hoy el poder legislativo y el ejecutivo cuenta con la presencia de 50% de mujeres en las estructuras de poder es sólo una imitación de la paridad de género, no influye en la práctica social y, por tanto, no puede “impulsar” un cambio en las ideas estereotipadas sobre el lugar de las mujeres en la política.

 

 

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