domingo, 19 de abril de 2026

 

CANSADO DE LA MALICIA ABUSIVA, Y LA HIPOCRECÍA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Catedrático en la Universidad Interamericana del Norte.

Todos somos una maraña de seres que nacemos para morir. Somos un reflejo de lo que el mundo no desearía ver. Pensamos que, en algún lugar, en cierto momento dejaremos de ser lo que somos y seremos felices como creemos lo fuimos en el útero de nuestra madre. Al nacer, vemos el mundo con miedo, ya nada será como antes. Frente a nuestros ojos hay ese misterio que nos deglutirá, y que a cada paso iremos sintiendo ese miedo inexplicable. Nacemos con un alma tranquila, y vemos la muerte en principio desconocida y con los años lejana.

La vida nos sonríe, el sol nos alegra la mañana, la lluvia nos llena de esperanza, la primavera exalta los sentimientos. Pero comprendemos que en algún momento nos volveremos a encontrar con la muerte, pero por lo pronto iremos recibiendo perdidas amargas de seres a quienes amamos. Escuchamos de nuestros padres las primeras palabras de amor para enseguida despertar de ese sueño y enfrentarnos a la amargura en las complicaciones de la vida.

Un sueño: Aquella lejana noche disfrutaba de un sueño placentero cuando en medio de esa noche mi mente comenzó a traicionarme despertándome a las tres de mañana perturbado emocionalmente. De inmediato pensé en levantarme y comenzar a escribir todo lo que me había sucedido en ese sueño. Busque una pluma y papel con la intención de iniciar garabateando.

Mi cabeza estaba revolucionada con sus ideas, se contraía, expandía, se elevaba y caía. Mi mano torpe por ese despertar abrupto se negaba a escribir correctamente. En el piso donde estaba mi cama, mi pequeña perra chihuahua dormía plácidamente. Estaba tranquila, a ella nada la perturbaba. Me incorpore y fui hacia la cocina para beberme un poco de agua en un vaso con la esperanza en que eso me ayudara a clarificar mis ideas.

 - Quería agarrar un bolígrafo, encontrar papel, y exigirle a mi mente que reprodujera todo ese sueño para irlo redactando. Le exigiría a mi mente exponer y clavar, cortar hasta el fondo la verdad y sacarla a la luz. La ansiedad del sueño desapareció, me fui tranquilizando, me regresé a la cama y vi que mi perra me observaba. La tomé en mis brazos, la subí a la cama y se acurruco a mi lado bajo mi mal oliente axila. A veces me pregunto ¿Dónde han quedado los sentimientos nobles de las personas, aquellas de alma limpia, sana, abierta que alimentaban a sus hijos con la ilusión en que fueran buenas personas, vivieran con felicidad, construyeran su hogar sin mentiras ni falsas apariencias?

- ¿Dónde quedaron aquellas personas? Que protegían a los niños de la maldad sin necesidad en que estos fueran propios, aquellas personas que apoyaban en la adversidad, que ofrecían agua fresca al sediento, perdonaban a los hijos de sus vecinos o los corregían cuando los veían en malos pasos. En estos años he visto tanta maldad acumulada en las almas. E visto una sociedad insaciable, atrevida, destructora de todo tipo de moral, ética, leyes. Hay tantos por las calles que me tienen cansado, y no veo una regular salida a ellos. Estoy cansado de la malicia abusiva, de la gente depredadora, de la violencia, de la hipocresía ¿Dónde se pueden divertir, hoy los niños?

¿Esquivando balas, tirándose pecho a tierra en sus aulas? ¡No se puede arreglar al desobediente! A veces me siento apretado por los problemas sociales, económicos, políticos, y en medio de la noche se apoderan de mi mente este tipo de sueños que suenan como alarmas internas. En los campos, los arados fueron abandonados por los campesinos, los bosques se van convirtiendo en desiertos ante el saqueo de su madera, agua y minerales.

Por desgracia ya no hay aquellos cuentos hermosos de la infancia de la cenicienta en un bosque, o el lobo feroz, y la abuelita viviendo sola en medio del bosque. La realidad es siniestra, cada día se revelan más secretos de las infamias cometidas, y surgen nuevos políticos que exigen se les rinda tributo y halago. Esta noche me quede mirando a la luna con la esperanza de poder volar hacia ella, y poder dormir tranquilo. De allí volaría a la estrella que en mis años de juventud pensé en regarle aquella chica de quien me sentí enamorado. Hoy, tierra, luna, estrellas se miran amargadas envenenándonos el sueño.

El día se mira gris, las gentes que nos rodeaban se encierran con sus ideas, ya no quieren platicas, como las chicas ya no quieren besos, todos corren sin parar. Solo es mi sueño en esta indiferencia mezquina que no se para, y que nadie tiene esperanzas en que lo haga. Mis viajes al pueblo pararon, ya no puedo regresar a mi viejo nido para encontrarme con la tierra que me vio nacer “Mi madre tierra” Creó que toda esa gente que me asegura que es feliz por dejar correr las aguas turbias “No les creó” El sufrimiento de un alma esta en lo que le aflige, en lo que padece en silencio, en esos sentimientos que le congelaron, y que a nadie le importa

Hoy las personas caminan por las calles con sus esperanzas hechas cenizas, su sonrisa seca, sin risa, y todo lo mira con indiferencia. Gente de mirada vacía, jóvenes tirados muertos por las calles que soñaban con ser reyes, príncipes, señores importantes. Esta es una época de sentimientos decadente. Ya estando a punto de quedarme dormido de nuevo escucho un pequeño golpe en el vidrio. Observo con cuidado y me doy cuenta en que es un murciélago que se ha estrellado contra el vidrio. Miro la luna, me dan de nuevo ganas de ir volando hacia ella, que me salgan las alas en esta oscuridad, pero solo hay silencio. Las sombras de la noche me besan de nuevo con el ruido de balas que se escuchan a lo lejos.

Las sirenas aullando como grito diabólico. Me deslizo de nuevo a la cocina por otro vaso con agua mientras mi mente se pregunta ¿Quién habrá muerto? Es la hora del vacío ciego y victorioso, la hora de los fantasmas, la hora de los que se estremecen al ser despertados. Decido irme de nuevo a dormir con la esperanza en que el sueño me saque de este infierno. Una y otra vez me esfuerzo por alcanzar las nubes, como si esperara ser escuchado en este valle de lágrimas.

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