LENGUAJE “VULGAR” EN
PREPARATORIA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Catedrático en la
Universidad de Occidente.
Las palabrotas existen en nuestro idioma desde que los españoles llegaron a la Nueva España. Posiblemente entre los indígenas también pudieron existir, pero las redacciones que dejaron los sacerdotes no las registraron por el sentido de una alta moral en el uso del lenguaje. De las palabrotas como las conocemos al referirnos a ellas tienen infinidad de sentidos. El uso de lenguaje obsceno en los estudiantes de preparatoria convierte el discurso en un torrente de insultos.
No hace muchos años, estas palabras obscenas estaban prohibidas con multa, y despido del locutor o presentador en los medios de comunicación, en el cine, el teatro, solo se escuchaban en las carpas pueblerinas, pero todo el mundo las conoce y sabe lo que significan. Solo es cuestión de que te pares cerca de un estudiante sin importar su sexo para que las oigas. Los abuelos no saben cómo responder y catalogan a quien las dice como majadero, bajo, prosaico.
Pero también existen muchos nuevos insultos que los abuelos no conocen su significado. Los padres dejaron de preocuparse por pensar en qué hacer si su hijo converso con este tipo de palabrotas. Seguramente a muchos les gustaría que sus hijos nunca supieran lo que son las palabrotas, pero hay otros padres cuyo lenguaje no es otro que “De madres para arriba”, y eso es lo que el joven aprende desde niño en su hogar, sus amigos, la calle, y uno que otro profesor.
No es necesario que los padres no las usen en su hogar, pero las aprenderán igualmente, las leerán en los comentarios de internet, las escucharan de quien menos se lo esperen “Las oirá de sus compañeros de clase o de transeúntes” Y, por supuesto, las palabrotas, aunque son en principio desconocidas para un niño, las repetirá. Hoy casi un 70% de los estudiantes de preparatoria sin importar su sexo utiliza lenguaje obsceno a diario. Sin embargo, para alguien que camina por las calles y usa el transporte público todos los días, las escuchara, y ya no le resultara increíble que sean chicas las que lo usen destrozando en idioma español, y su valoración moral ante los ojos de personas que se consideran decentes, educadas.
Incluso algunas obras se han seleccionado como buena literatura por el excesivo uso de este lenguaje llamándole “Popular, y la defienden como forma de nuestra cultura” Comprender esto es lo que hace a una persona culta porque conoce estas palabras, pero no las usa. Al menos, no a menos que sea absolutamente necesario, o esté totalmente molesto. Los extranjeros cuando vienen al país aprender nuestro idioma se encuentran en una situación incómoda: queriendo alardear de su erudición, pronuncian una palabra obscena sin ser conscientes de su verdadero significado.
Si bien esto se perdona a los extranjeros, es inaceptable para los mexicanos. Si el niño comienza a utilizar palabras obscenas, es obligación de sus padres y profesores en asegurarse de que entienda de qué está hablando, ya que, de lo contrario, ni no le explica al niño de forma honesta el significado seguirá repitiéndolas sin comprender el alcance y valor de las mismas en oídos de la otra persona que le escucha. No se trata solo de decirle al niño “No digas esas palabras, o te romperé la boca si vuelves a decirlas” sino enseñarle lo correcto, sus normas de uso. La realidad es que esto tampoco resuelve el problema, sino que aviva más su uso cuando no estén en presencia de sus padres o profesores.
Nadie debería enseñarle a un niño palabrotas, sino lo que se
necesita para apoyarlos en su desarrollo sano mental es enseñarles a expresarse
conscientemente. Se preguntará ¿Por qué resulta atractivo decir palabrotas? Los
niños de primaria no entienden el significado de las palabrotas ni lo groseras
que suenan por eso no les resulta muy interesante el repetirlas. En los jóvenes
de secundaria lo que intentan es llamar la atención, provocar una reacción o simplemente
por diversión, generando así, como mínimo, emociones intensas.
El joven de secundaria las emplea frente a sus padres como una prueba para ver sus límites de autoridad. Ya en primero de preparatoria los estudiantes sin importar el sexo conversan con sus compañeros de tal forma que una persona de la vela perpetua se taparía los odios con ambas manos. Para un adolescente, decir palabrotas es una manifestación de libertad “Puedo hablar como quiera, donde quiera y tan alto como quiera. Y me da igual lo que piensen de mi” Tambien las utilizan para tapar su debilidad en carácter, su inseguridad tras un lenguaje duro.
Pero cuando entran a la universidad retoman las normas de comportamiento generalmente aceptadas, sobre todo si sus maestros actúan con sensatez. No regañe a su hijo en público, la conversación debe tener lugar en privado: las escenas públicas resultan humillantes tanto para usted como para su hijo. Pregúntele con calma por qué habló de esa manera. Intente comprender sus motivos. Probablemente no obtenga una respuesta clara de inmediato, pero escúchele y considera si fue solo un intento de llamar tu atención.
Pídale a su hijo que explique el significado de las palabras que ha dicho. Esto es especialmente importante si es pequeño, ya que otros podrían haberlas malinterpretado intencionadamente. Explícale el significado con paciencia y no dude en usar su significado correcto. Por ejemplo: Esto significa tal parte del cuerpo, pero es un nombre muy vulgar y grosero; no deberías decirlo así. Quizás, después de aprender el significado de las palabras, su hijo ya no quiera repetirlas. Hable con su hijo sobre el significado de las palabrotas y su obscenidad “Es mejor que las aprenda de usted que de cualquier otra persona”
Incluso puede ofrecerle a su adolescente un diccionario de palabrotas; tal vez así satisfaga su curiosidad y le ayude a comprender mejor el uso de groserías. Para una persona normal, decente, educada el hábito de hablar sin pensar puede ser muy desastroso. Por ejemplo, al hablar con un profesor o un futuro jefe, o al conocer a alguien. Decir palabrotas suena agresivo, y quien las usa da la impresión de ser un estúpido, grosero y antipático.
¿Está bien mentarle la madre, llamarle hijo de puta, o insultar a los padres?, o que una chica exprese por su boca “Me vale (órgano viril del hombre)” Los adolescentes para infringir la reglas las expresan en su grupo de amigos la escuela, sus bromas, no admiten prohibiciones. Pero no podemos estar al pendiente para taparles los oídos en cada película, noticiero, comentaristas. Un poco se controla si los adultos cercanos a ese niño, chico, chica use su lenguaje sin palabras groseras y ofensivas
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