ANCIANOS
(PARTE DOS)
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNRTEGUI
Diplomado y
Maestría en Desarrollo Humano FESC- UNAM
Con cada
mirada hacia el cielo azul, nuestra alma puede encontrar consuelo y nueva
confianza. A sucesiones puede ser difícil asimilar la rapidez con la que se
forman las nubes o cómo se disuelven casi en un instante, asi es la vida del
ser humano. En la vida estamos en un área entre el cielo y la tierra, por un
tiempo somos masa y pasamos a partículas de polvo de la tierra. Sin tierra, no
hay nubes, sin ancianos, no hay jóvenes generaciones.
Los
astronautas notan que al salir de la atmosfera pierden las nubes o el cielo
como lo conocieron desde niños, caen en la oscuridad que los rodea. Lo mismo
sucede con los padres cuando pierden un hijo, solo les queda la oscuridad que
los rodea. Desde el punto de vista de los católicos, las nubes son el lugar de
existencia del paraíso con Dios, es su camino hacia su reino y que allí están
los angeles esperándolos para abrazararlos, cuidarlos y llevarlos a la
presencia de Dios.
La misión de
las aves, sobre todo la paloma mensajera es elevar el alma de la persona y
trasportar su espíritu. Al morir el ser humano se le forma una corona brillante
que será la encargada de renacer en el momento adecuado siendo hijo de unas
personas elejidas. Ese es el deseo de volver a vivir. En el futuro, la vida de
la humanidad dependerá de nuestros esfuerzos para transformar la naturaleza en
cultura.
Esto
significa que tenemos que trabajar en nuestra alma, para que ante la naturaleza
y la creación sintamos gratitud y cuidado, mientras que al mismo tiempo debemos
esforzarnos por transformar nuestra actitud hacia los demás seres humanos.
Entonces pueden surgir nuevas constelaciones humanas, que hagan de la tierra un
lugar al que a los espiritus les gustaría ir, atrayendo nuevas almas.
El sistema de
salud, parece tener dos tendencias para atención de los ancianos. La atención
no se tiene en cuenta o se tarda mucho tiempo en darse. No apoyan aquellos en
los cuales su salud en mala. A los que no cuentan con recursos para acudir a un
hospital, no saben manejar las citas por teléfono.
Los ancianos
con familia y capacidad para comprar servicios acuden al mercado privado es
decir son prácticamente obligados a pagar consulta y comprar medicamentos de
patente caros y si no hay dinero no hay consulta ni medicamentos, tampoco nadie
los ayudara.
Por otro lado,
un familiar se esfuerza para trasladar con mayor problema a la persona anciana
conforme los años van pasando hasta que muere, por irse deteriorando su salud.
Para que una persona mayor pueda vivir una vida plena, segura y no solitaria en
su propio hogar, el servicio debe ser integral, pero eso es palabrería en
México. Ese no es el caso hoy.
Tu propio
hogar no es un lugar de felicidad si no puedes moverte correctamente allí, si
no puedes salir, y si estas sucio sin la capacidad física o mental para asearte.
Su propia casa se convierte en prisión. La familia, los parientes y la
comunidad inmediata -principalmente las mujeres- siempre han tenido la
responsabilidad de producir bienestar y cuidado. Esta responsabilidad no ha
desaparecido.
Ahora, sin
embargo, los familiares que cuidaban ante la falta de empleo se ven obligados a
trabajar todo el día, cambiar de ciudad, o trasladarse a lugares muy lejanos
del hogar, y el transporte es lento y caro. A la sazón los ancianos se quedan
solos. Los cuidadores familiares realizan un trabajo valioso a nivel individual
y ahorran millones de pesos a las instituciones de salud. Con el aumento de la
edad, aumenta el riesgo de efectos secundarios de los medicamentos. Tiene
varias razones.
Los cambios
fisiológicos significan que las personas mayores eliminan los medicamentos más
lentamente que las personas más jóvenes, sobre todo debido a la reducción de la
función renal. Los ancianos también tienen una mayor sensibilidad a los efectos
de muchas drogas. Esto puede deberse a cambios a nivel del receptor, pero
también a sistemas reguladores deteriorados.
Las personas
mayores generalmente toman más medicamentos que las personas más jóvenes, y
esto naturalmente aumenta el riesgo de que ocurran efectos secundarios de los
medicamentos. Los mareos y sus caídas son un efecto secundario que puede
ocurrir con una amplia gama de medicamentos (Dio, el viejazo).
Quienes
asumen la mayor responsabilidad son las hijas. Los servicios de salud son una
inversión vital, como lo es que los ancianos cuenten con recursos para
alimentarse de forma sana. Sin ellos, la sociedad no funciona humanamente, pero
tampoco de manera sensata desde un punto de vista económico. No termina de
morir el anciano cuando los familiares andan vendiendo la casa donde vivió,
sacan al muerto junto con sus cosas personales, aunque lo deseable fuera que
dejaran que se enfrié el cuerpo. El cuidado de los ancianos depende de un ritmo
lento y mucho tiempo.
El estrés
acorta tanto la vida como la calidad de vida de todos los afectados. Hay muy
pocos lugares en México para el cuidado de los ancianos y cientos de cárceles.
El ambiente en los asilos para las personas que trabajan con ellos es tenso
puesto que ellos ya no representan negocio. Las ganancias llegan cuando el
anciano cuenta con dinero, bienes y está en la posibilidad de ser encerrado en
una casa para ancianos en donde lo atienden enfermeras, médicos, le dan
alimentos sanos, es decir reciben una buena atención.
Existen
hospitales para niños y ¿Por qué no hay hospitales públicos para ancianos? Que
atiendan las enfermedades geriátricas, que los consuelen en sus últimas horas
de vida, que los ayuden con su higiene, los cuiden. Para garantizar que todas
las personas mayores reciban una atención digna, se necesita más inversión pública.
Pero también que garanticen que el dinero vaya a donde debe y no a los
bolsillos de los millonarios de la salud.
Para que los
ancianos reciban mayor recurso se requiere constitucionalmente quitar el UME
para una jubilación digna y que el político en turno como presidente se
anteponga a los intereses de los empresarios que llevaron al 40% de la
población de ex trabajadores a vivir su vejez en la miseria. En unos años será
aun mayor el numero por el trabajo informal.
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