domingo, 20 de agosto de 2023

 

ANCIANOS (PARTE DOS)

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNRTEGUI

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- UNAM

Con cada mirada hacia el cielo azul, nuestra alma puede encontrar consuelo y nueva confianza. A sucesiones puede ser difícil asimilar la rapidez con la que se forman las nubes o cómo se disuelven casi en un instante, asi es la vida del ser humano. En la vida estamos en un área entre el cielo y la tierra, por un tiempo somos masa y pasamos a partículas de polvo de la tierra. Sin tierra, no hay nubes, sin ancianos, no hay jóvenes generaciones.

Los astronautas notan que al salir de la atmosfera pierden las nubes o el cielo como lo conocieron desde niños, caen en la oscuridad que los rodea. Lo mismo sucede con los padres cuando pierden un hijo, solo les queda la oscuridad que los rodea. Desde el punto de vista de los católicos, las nubes son el lugar de existencia del paraíso con Dios, es su camino hacia su reino y que allí están los angeles esperándolos para abrazararlos, cuidarlos y llevarlos a la presencia de Dios.

La misión de las aves, sobre todo la paloma mensajera es elevar el alma de la persona y trasportar su espíritu. Al morir el ser humano se le forma una corona brillante que será la encargada de renacer en el momento adecuado siendo hijo de unas personas elejidas. Ese es el deseo de volver a vivir. En el futuro, la vida de la humanidad dependerá de nuestros esfuerzos para transformar la naturaleza en cultura.

Esto significa que tenemos que trabajar en nuestra alma, para que ante la naturaleza y la creación sintamos gratitud y cuidado, mientras que al mismo tiempo debemos esforzarnos por transformar nuestra actitud hacia los demás seres humanos. Entonces pueden surgir nuevas constelaciones humanas, que hagan de la tierra un lugar al que a los espiritus les gustaría ir, atrayendo nuevas almas.

El sistema de salud, parece tener dos tendencias para atención de los ancianos. La atención no se tiene en cuenta o se tarda mucho tiempo en darse. No apoyan aquellos en los cuales su salud en mala. A los que no cuentan con recursos para acudir a un hospital, no saben manejar las citas por teléfono.

Los ancianos con familia y capacidad para comprar servicios acuden al mercado privado es decir son prácticamente obligados a pagar consulta y comprar medicamentos de patente caros y si no hay dinero no hay consulta ni medicamentos, tampoco nadie los ayudara.

Por otro lado, un familiar se esfuerza para trasladar con mayor problema a la persona anciana conforme los años van pasando hasta que muere, por irse deteriorando su salud. Para que una persona mayor pueda vivir una vida plena, segura y no solitaria en su propio hogar, el servicio debe ser integral, pero eso es palabrería en México. Ese no es el caso hoy.

Tu propio hogar no es un lugar de felicidad si no puedes moverte correctamente allí, si no puedes salir, y si estas sucio sin la capacidad física o mental para asearte. Su propia casa se convierte en prisión. La familia, los parientes y la comunidad inmediata -principalmente las mujeres- siempre han tenido la responsabilidad de producir bienestar y cuidado. Esta responsabilidad no ha desaparecido.

Ahora, sin embargo, los familiares que cuidaban ante la falta de empleo se ven obligados a trabajar todo el día, cambiar de ciudad, o trasladarse a lugares muy lejanos del hogar, y el transporte es lento y caro. A la sazón los ancianos se quedan solos. Los cuidadores familiares realizan un trabajo valioso a nivel individual y ahorran millones de pesos a las instituciones de salud. Con el aumento de la edad, aumenta el riesgo de efectos secundarios de los medicamentos. Tiene varias razones.

Los cambios fisiológicos significan que las personas mayores eliminan los medicamentos más lentamente que las personas más jóvenes, sobre todo debido a la reducción de la función renal. Los ancianos también tienen una mayor sensibilidad a los efectos de muchas drogas. Esto puede deberse a cambios a nivel del receptor, pero también a sistemas reguladores deteriorados.

Las personas mayores generalmente toman más medicamentos que las personas más jóvenes, y esto naturalmente aumenta el riesgo de que ocurran efectos secundarios de los medicamentos. Los mareos y sus caídas son un efecto secundario que puede ocurrir con una amplia gama de medicamentos (Dio, el viejazo).

Quienes asumen la mayor responsabilidad son las hijas. Los servicios de salud son una inversión vital, como lo es que los ancianos cuenten con recursos para alimentarse de forma sana. Sin ellos, la sociedad no funciona humanamente, pero tampoco de manera sensata desde un punto de vista económico. No termina de morir el anciano cuando los familiares andan vendiendo la casa donde vivió, sacan al muerto junto con sus cosas personales, aunque lo deseable fuera que dejaran que se enfrié el cuerpo. El cuidado de los ancianos depende de un ritmo lento y mucho tiempo.

El estrés acorta tanto la vida como la calidad de vida de todos los afectados. Hay muy pocos lugares en México para el cuidado de los ancianos y cientos de cárceles. El ambiente en los asilos para las personas que trabajan con ellos es tenso puesto que ellos ya no representan negocio. Las ganancias llegan cuando el anciano cuenta con dinero, bienes y está en la posibilidad de ser encerrado en una casa para ancianos en donde lo atienden enfermeras, médicos, le dan alimentos sanos, es decir reciben una buena atención.

Existen hospitales para niños y ¿Por qué no hay hospitales públicos para ancianos? Que atiendan las enfermedades geriátricas, que los consuelen en sus últimas horas de vida, que los ayuden con su higiene, los cuiden. Para garantizar que todas las personas mayores reciban una atención digna, se necesita más inversión pública. Pero también que garanticen que el dinero vaya a donde debe y no a los bolsillos de los millonarios de la salud.

Para que los ancianos reciban mayor recurso se requiere constitucionalmente quitar el UME para una jubilación digna y que el político en turno como presidente se anteponga a los intereses de los empresarios que llevaron al 40% de la población de ex trabajadores a vivir su vejez en la miseria. En unos años será aun mayor el numero por el trabajo informal.

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