EL NIÑO Y EL
JAGUAR (CUENTO)
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado y
Maestría en Desarrollo Humano FESC- UNAM
El niño
campesino se quedó paralizado, al ver al jaguar con la cola levantada y
observándolo de frente. Abrió sus fauces mostrando sus blancos colmillos. Movía
sus bigotes olfateando con cuidado el aire y paraba sus orejas en el silencio
del bosque. Un espíritu indomable, feroz y a la vez atractivo. El animal podía
oler al pequeño jabalí que el niño había rescatado de una barranca. El niño
olía a jabalí por todo su cuerpo y ese olor se esparcía en ese ambiente, por lo
que el jaguar podía reconocerlo fácilmente.
En ese
instante el olor era lo que menos le preocupaba al niño, pensó en bajar de sus
brazos al pequeño jabalí, y echarse a correr, pero estaba al borde la barranca
y la única salida era el lugar por donde apareció el Jaguar. El Jaguar movía
sus fosas nasales de nuevo, eso inquietaba y le daba pavor al niño. El jaguar
dio unos cuantos pasos al frente para bloquear cualquier escape. Olisqueo la
tierra seca y espero un rato a cualquier movimiento de ataque o de huida. El
niño se tocó el machete que llevaba cargado en su hombro derecho pensando en
que vendería cara su derrota. Veía al jaguar en términos de peso, altura,
fuerza muy superior a él.
Pero el niño
había aprendido de su padre que la debilidad a los ojos del Jaguar se paga
cara, sin importar ser inferior o superior. Siempre había evitado los lugares
por donde su padre le decía que existían jaguares, y que era peligroso
enfrentarlos sobre todo cuando traían hambre. Por supuesto que la época de
secas del crudo verano es cuando andan más hambrientos. El Jaguar quería la
presa pequeña para no atacar al niño ya que siempre el jaguar muestra un cierto
respeto por los humanos, pero con el hambre se pierde.
El niño
reflexionaba en entregarle el jabalí para que se contentara con esa presa y
evitarse el verse él también sacrificado. El Jaguar mostro sus grandes y
blancos colmillos. El niño camino un poco de lado con la intención de alcanzar
un pedazo de roca que sobresalía en la ladera y ver si desde allí existía la
posibilidad de deslizarse ladera abajo. El Jaguar lo observaba y se subió a un
montículo de tierra para mirarlo mejor. Las victimas temblaban de miedo. El
niño camino por el barranco con el pequeño jabalí en brazos, atravesó unas
rocas, miraba atrás inquieto pero el silencio se hacía presente por todas
partes.
Luego se
subió a un árbol y al ver que el jaguar había desaparecido se tendió en el
suelo a descansar, quedándose dormido con el pequeño jabalí en sus brazos.
Despertó hambriento cuando unos rayos del sol pegaron en su cara, se estiro sin
dejar de pensar en las garras afiladas y los colmillos de Jaguar. Al ver que el
jaguar no aparecía se incorporó para bajar al rio. En el agua vio a dos garzas
grandes que pescaban. Se le congelo la sangre al ver que el jaguar las
acechaba.
El animal
necesitaba alimentarse y caminaba en cuclillas acercándose al borde del rio
(Gateaba en silencio, con las piernas dobladas cerca del suelo, pero no tocaba
el suelo en su estómago) se deslizándose suave, uniforme y silenciosamente
hacia el objetivo. El Jaguar salto sobre una de las garzas, ellas con un
movimiento rápido trataron de escapar, pero una de ellas quedo atrapada por lo
rápido del lanzamiento del jaguar sobre su cuerpo, la otra se marchó sin
voltear atrás para ver la suerte de su compañera.
El jaguar saco
la presa del agua caminando y en la arena y se dispuso a comerla. En ello
estaba cuando una vaca se arrojó sobre el jaguar. Rápidamente el jaguar
reacciono listo para una batalla que lucía mortal. La vaca miraba al jaguar
como el enemigo que se comería a su becerrito sino lo vencía en esa batalla, y
antes de que eso sucediera lo defendía. El jaguar hábilmente doblo su cuerpo
para esquivar los cuernos y al pasar cerca de su cuerpo lo aprovecho para
lanzarse sobre su parte trasera. Un dolor intenso en las corvas sintió la vaca
al clavarse los colmillos del jaguar en ellas.
El niño
permanecía escondido detrás de un matorral observando la batalla. La vaca se
inclinó a un lado aferrando sus patas delanteras para no caer que esa era la
intención del jaguar para ahogarla en la garganta. Parecía que la vaca
comprendía que era su única esperanza ganar esa batalla para que su hijo
sobreviviera, luchar a muerte con ese enemigo poderoso. Trataba de defenderse
con ambos cuernos, pero el jaguar insistía sobre su lomo clavándole los
colmillos. La vaca cayó al suelo, tal parecía que ya no había ninguna
salvación.
Apareció un
toro quien con una gran carrera se acercó auxiliarla. El jaguar rodo ante el
fuerte impacto recibido en su cuerpo y fue a caer lejos de la vaca. La vaca
entendió que existía una pequeña esperanza en su salvación y la de su hijo que
la observaba de cerca. Los cuernos tanto de la vaca como del toro estaban
listos casi al ras del suelo para hundirlos en el jaguar. Tanto el toro como la
vaca mugían fuerte y el jaguar con el dolor lo hacia guturalmente.
El jaguar
levanto la cabeza y en sus ojos se reflejaba la derrota. No había miedo en su
rostro. Se escuchó un disparo a lo lejos apareciendo un hombre con un rifle en
mano, era el padre del niño que había salido a buscarlo ante su tardanza. El
hombre apunto al cuerpo del jaguar y este al ver al hombre y su rifle sintió la
amenaza que ya conocía puesto que no era la primera vez que lo herían. Se quedó
quieto como si esperara su muerte. El jaguar al ver que no le tiraban volteo a
ver su primera presa muerta cerca de donde se encontraba.
Tomo a la
garza en su hocico con la esperanza en que lo dejaran escapar. Tanto el hombre
como el jaguar en ese instante ya no tenían ganas de pelear, pero el jaguar en
su hambre y dolores de cuerpo no quería dejar el cadáver que ese día le
serviría de alimento para mitigar su hambre. El jaguar se marchó pasando cerca
de donde el niño se escondía con el pequeño jabalí, al mirarlo emitió su ultimo
rugido de impotencia, luego se le vio perderse su cola entre las hojas secas.
Una hora despues se escuchó en lo alto del monte al jaguar rugir como si en su
llanto emitiera una amenaza diciéndoles “Pronto regresare”
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