domingo, 13 de agosto de 2023

 

TRATORNOS PSIQUIATRICOS EN MÉXICO

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 La historia de la psiquiatría alberga más oscuros que claros en su forma de tratar los trastornos mentales. Además de la inexistencia de tratamientos efectivos hasta mediados del siglo XX, la psiquiatría se caracterizó generalmente por marginar y maltratar a sus pacientes. Los argumentos de autoridad, la religión y los prejuicios de las sociedades de la época influían fuertemente en las bases de esta especialidad médica y la ciencia era aún algo que se tenía en cuenta de forma marginal. Uno de los reflejos más fieles de todo lo anterior fueron los manicomios.

 El origen de los manicomios es ciertamente difuso. Inicialmente consistían en templos en la antigua Grecia que reunían y acogían a enfermos mentales, pero quizás esto fuera lo poco que tenían en común con los verdaderos manicomios que aparecerían en torno a la Edad Media. El primer manicomio del mundo, según algunos autores, se creó en Inglaterra en 1247 y se trataba del Bethlem Royal Hospital. Y digo "según algunos autores" porque para muchos, más que un manicomio se trató de un zoológico de humanos. Los enfermos mentales quedaban recluidos en habitaciones similares a cárceles y muchos de ellos quedaban encadenados como muchos padres a la fecha en México lo hacen con un hijo con esquizofrenia.

 No había prácticamente ninguna intención de tratar a los enfermos, sino de esconderlos de la sociedad, como vendría siendo casi la norma durante siglos posteriores. No sólo los pacientes del hospital de Bethlem recibían un trato carcelario e inhumano por parte de sus "cuidadores", con el tiempo el lugar se convirtió en un espectáculo de feria donde los adinerados iban al manicomio a contemplar a los enfermos paseándose por las dependencias como quién va hoy a ver el zoológico.

 El segundo manicomio (o primero, si consideramos al anterior como un zoológico) lo creó un monje en Valencia con el nombre de "Hospital de los locos e inocentes".  El trato con los enfermos era, a diferencia del manicomio anterior, más humano y con cierta intención reintegradora. Los internados gozaban de cierta libertad (se trataba de eliminar el empleo de cadenas) y se intentaba darles trabajo y actividades para ayudarles a desenvolverse en el mundo. Los manicomios, que fueron proliferando a lo largo de Europa entre los siglos XVII y XVIII conforme las ciudades iban creciendo y las sociedades iban desentendiéndose y estigmatizando a los enfermos mentales, trataban a la locura como algo peligroso o inexplicable.

 El primer hospital psiquiátrico en México, fue la Castañeda fue inaugurada en octubre de 1910, por el gobierno de Porfirio Díaz, dos meses antes de la caída del régimen, a causa de los movimientos revolucionarios. Durante la primera mitad del siglo XX, La Castañeda frecuentemente fue mencionada como un lugar de injusticias y malos tratos a los internos. En 1968 se decidió cerrar el lugar y reubicar a los pacientes en diferentes hospitales psiquiátricos de México. En México existen 51 centros integrales de salud mental, 32 hospitales psiquiátricos para atender a cuatro mil pacientes y 54 de transición hospitalaria. México ocupa el segundo sitio en el mundo en discriminación hacia los enfermos mentales. Cobertura universal. Acceso a servicios básicos de salud que les permitan alcanzar la recuperación y el nivel de salud más alto posible sin riesgo de empobrecerse.

 Se les consideraba desde criminales y endemoniados hasta víctimas de un castigo divino. Aquellos con un trastorno mental más grave y un estatus social más bajo eran los principales candidatos a estar encerrados en estas instituciones médico-penitenciarias. No sólo los enfermos no mejoraban en su estancia en los hospitales, sino que su marginación y la restricción de libertades empeoraban, con mucho, su condición mental. Fue lo que se llamó neurosis institucional. Desencadenada por el aislamiento, la falta de libertad, el trato vejatorio y por unos tratamientos más parecidos a una sala de torturas que a un hospital: Sangrías, purgantes, lobotomías, terapia de shock insulinico, eméticos, etc.

 Por suerte, el despropósito de los manicomios fue desapareciendo a partir de mediados del siglo XX. La psiquiatría se replanteó seriamente este sistema de "tratamiento" a los enfermos mentales y se hizo una drástica reforma de estas instituciones. Ya no se trataba de marginar y encerrar a los pacientes, sino tratarlos con el arsenal terapéutico existente siguiendo unos protocolos científicos y reintegrar al máximo al paciente con la sociedad. Tampoco se encerraban ya a los enfermos de por vida, sino que permanecían el mínimo tiempo posible en el hospital para tratar las fases agudas de la enfermedad mental para posteriormente educar y preparar a la persona y reinsertarla en la sociedad rápidamente.

 Con las décadas se fue viendo que conforme más tiempo pasaban los enfermos recluidos en los hospitales, más difícil era después que pudieran hacer una vida normal en la sociedad. Hasta el punto de que algunos, tras mucho tiempo recluidos, tenían miedo de enfrentarse al mundo exterior. Y así, con el paso de los siglos y hasta llegar a casi finales del siglo XX, las personas con trastornos mentales pasaron de ser marginadas y consideradas como criminales o endemoniados a ser tratadas como personas con una enfermedad a las que había que ayudar a reintegrarse. 

 El primer hospital de este tipo en América fue fundado por un fraile llamado Bernardino Álvarez y estuvo en la Ciudad de México, junto al antiguo Templo de San Hipólito. Fue un hospital que vivía de la caridad y tenía poco apoyo económico de los gobiernos, la situación de los enfermos mentales siempre fue precaria. En 1910, se fundó el Manicomio General de México en el barrio de Mixcoac, mejor conocido como La Castañeda. Por desgracia, la Revolución Mexicana, interrumpió los planes acordes a la medicina moderna de la época y por 60 años este hospital tuvo sobrepoblación, pocos médicos especializados, bajos recursos y personal insensible para tratar los diversos padecimientos.

 Los enfermos mentales los clasificaban para acomodarlos por pabellón, por ejemplo: histéricas, seniles, epilépticos, imbéciles, inadaptados, etc. Fue hacía 1968, cuando el gobierno de México en su pretensión de dar una imagen de progreso y modernidad al mundo que cerró el hospital la Castañeda y los enfermos mentales fueron reubicados en nuevos hospitales en todo el país siempre en condición de recluidos. Desgraciadamente la suerte de los enfermos mentales no cae dentro de los temas humanos de la sociedad y las autoridades. Ser enfermo mental es equivalente a desperdicio humano.

 Los hospitales que se dedican a ello se encuentran saturados, sin recursos. Los enfermos mentales se quedan sin familia, son abandonados a su suerte mientras en su hogar sus padres discuten de quien fue la herencia genética. No hay compasión por ellos, los avances en medicina no son capaces en resolver nada, muchos de estos pacientes combinan la pobreza endémica, mala salud física, traumatismos severos, una deteriorada salud mental y nunca llegan a curarse ¿Dónde está derechos humanos? ¿En que bote de basura arrojamos la compasión humana?

 

 

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