miércoles, 9 de agosto de 2023

 

EL INFIERNO DE LA SECUNDARIA PARA ALGUNOS

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Casi todos los niños experimentan acoso escolar de una forma u otra. Apodos ofensivos, boicots y hasta palizas. Y luego la vida escolar se convierte en un infierno, los niños se escapan de las clases, engañan a sus padres e incluso se van de casa. Hace muchos años tuvimos un chico en primero de secundaria que llego de un rancho. No recuerdo su nombre. Se diferenciaba de nosotros por su forma de hablar, su apariencia física (Yo, venia de pueblo y, ya usaba tenis). En varias ocasiones lo vi por las calles en las tardes fuera de la escuela. Al chico le gustaba usar sombrero y huaraches.

 Eso no solo para mí, sino para todos los compañeros nos hizo especular en que le sería difícil adaptarse para ser como nosotros. En realidad, yo, lo veía con cierta indiferencia debido a que hablaba muy mal el español, incluso en la clase de inglés se veía pésimo. En el aula había varios que les gustaba estarse burlando del chico, intentaban hacerle la vida insoportable. Y lo hicieron. Recuerdo que hubo un escándalo en toda la escuela el día que se agarró a golpes en el baño. Todo el salón fuimos a parar a la dirección y a uno por uno nos fue confesando el director para que habláramos sobre los acontecimientos. Yo, en lo personal, no tenía nada que ocultar, honestamente no estaba en ese momento en el baño, ni me entere que se habían retado a golpes en el salón, por lo que desconocía la causa.

 Dos o tres meses despues sus padres lo sacaron de la secundaria, se lo llevaron. ni siquiera sé, si estudió en algún lado, o tal vez se puso a trabajar con su padre en el rancho de donde era. El recodar esa situación despues de tantos años aun me resulta desagradable. Creó que aquella situación se pudo arreglar de diferente forma. Recuerdo que un maestro lo ridiculizo pasándola al frente y lo hizo que repitiera varias veces una palabra que el chico era incapaz en pronunciar por las “eses” y la palabra misma. En otra ocasión supuestamente con el pretexto de revisarle el corte de pelo lo jalo de las patillas hasta casi hacerlo llorar. El salón entero comenzó a burlarse del chico. 

 En aquellos prehistóricos tiempos los maestros eran muy respetados por su gran bagaje en sabiduría y conocimientos, además se les permitía hacer de todo en cuestión de castigo a los alumnos. Ahora la situación está a la inversa, los estudiantes son los que abusan de ellos. Llegan a dar su clase y nadie los obedece, les hacen ruido, interrumpen su clase, se burlan de ellos, los someten a una presión estresante, los acusan con sus padres, los padres exigen a la dirección sea retirado de su trabajo.

 Es de preocuparse por lo que sucede en la mayoría de las escuelas de secundaria y bachillerato. Muchos de esos maestros no se dan por vencidos ante la falta de entrada de dinero para vivir. Como también hay maestros cuya conducta es toxica y no hay forma de cambiar su actitud, siendo la única opción de los estudiantes ignorarlos para no verse castigados con una baja calificación. En una secundaria y bachillerato mientras aguantes como bulto los malos tratos de unos y otros tendrás la oportunidad de ir a la Universidad.

 Allí, no es el lugar ideal para adquirir saberes, sino tener paciencia con todo tipo de personas toxicas, que ofenden verbalmente, a las que nada les gusta de tus acciones y en todo quieren corregirte. Ahí es esperar a que el tiempo sigue pasando.

Al principio cuando llegue al grupo recuerdo que uno de mis compañeros no me trato con respeto, y en uno o dos días lo puse en paz con un estate quieto a la salida de la secundaria. Ese hecho me pudo afectar, pero fui lo suficiente precavido para esperarlo en uno de los callejones por los que él caminaba de regreso a su casa. Me alegro en haberlo hecho puesto que, a partir de allí, dejo de molestarme y para el segundo grado de secundaria ya era mi amigo. Tambien en segundo de secundaria, teníamos de co0mpañera una chiquilla que no era como las demás.

 Se comportaba inadecuadamente, era floja y malcriada, con cualquier cosa se ponía histérica y nos acusaba con la prefecta. Sus padres frecuentemente acudían a la secundaria a poner quejas que la chiquilla les hacía saber. Era su estilo de vida y a esa edad no la comprendía, todos éramos culpables, y hacíamos cola para ser llevados a la dirección en calidad de acusados. En realidad, era ella la que ridiculizaba a los compañeros. Me mantuve apartado para no ofenderla nunca ni con la mínima palabra o gesto que la molestara. Lo único bueno de aquella época es que no te acusaban de acoso sexual como hoy.

 Con el tiempo en tercero de secundaria apareció una chiquilla muy diferente a todas las compañeras. Ella fue aceptada por todos de inmediato. Vivía cerca de la secundaria. Supe por ella que su padre la cintareaba frecuentemente acusándola de andar de coqueta a esa edad. En varias ocasiones platicamos sentados por atrás de la secundaria. Comprendía lo difícil que era para ella lo que le sucedía, pero no estaba en mis manos corregirlo. Solo trataba de ayudarla con mi amistad, buscando suavizar sus problemas familiares. Cuando estaba en segundo de secundaria se formó un grupo de estudiantes vagos de tercero de secundaria que abusaban de todos a escondidas de profesores y autoridades.

 Exigían dinero y si no les daba te esperaban a la salida para golpearte. Se juntaban en la jardinera en el centro de secundaria para seleccionar a quien le exigirían dinero y le esculcarían su mochila. A las chiquillas a la pasaba se burlaban de ellas. Nadie podía hacer nada ya que si te quejabas en la dirección el castigo sería peor. Pocos fuimos los que nos defendimos, aunque terminamos golpeados, pero con la dignidad intacta. – Uno de esos vagos, un día me saco el uniforme de deportes de la mochila y lo rompió con unas tijeras.

 En ese momento se salió con la suya por encontrarnos dentro de escuela y él estar respaldado por el grupo de vagos con los que se juntaba. Dias despues estando sentado en la plazuela frente a catedral lo vi cruzar la calle, iba solo. A mi juicio era el momento adecuado para arreglar cuentas pendientes. Lo alcance y todo termino en unos cuantos minutos. Un adulto se metió para quitármelo gritándome ¡Lo vas a matar! Por fin sus actos de abuso e impunidad dentro de la secundaria alcanzaban la sentencia y la justicia juvenil.

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